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Errata

1 May

Nadie respondió a la entrada de ayer, pero no soy tan inocente como para creer que iba suceder lo contrario después de casi un año de desarreglos en mi presencia virtual… Y sin embargo hoy estamos en medio de la agencia del cambio, primero declarado por el metatexto de hoy, que me tomaré la molestia de explicar no tanto porque me parezca ingenioso, sino porque en su naturaleza no debe resultar evidente.

El juego del tiempo es el primero de este blog, lo inmediato, la ventilación, un objeto que toma su odor cuando uno se pone en su presencia, como el cadaver de un gato dentro de una caja, entonces se verifica su putridez, aquella que puede haber disimulado la ausencia, la esencia. Encerrado en su tiempo, el texto es otro, responde a sus innecesarias reglas, al complejo arte de completarse por lo no dicho. Este blog se quiere improvisado, hasta ahora, para ser más del tiempo e imitar su materia. En este sentido se parece al discurso hablado.

Cuando se trata de la voz, de las palabras en el viento, entramos a un espacio en el cual la escritura no existe. Si la escritura es algo real, y existe, lo simplemente enunciado no. Esto no quiere decir que no sea real, los desertores de la ficción han exagerado las dimensiones de la irrealidad, la han denigrado pero sobre todo la han olvidado. No existe el discurso en directo porque solo es recuerdo de si mismo -ninguna idea se enuncia de momento, de golpe-, o se tiene en el espacio de la intención, antes de que el torpe ejercicio de la acción lo proyecte hacia lo real. Lo dicho no se dice, solo es dicho. Pero ser es momentaneo, no hay una homogeneidad que quede, toda identidad cambia.

Ahora si la palabra al viento es una cosa y la escrita otra -no se discute ni se permuta, no se busca la polémica entre las dos-, admitimos que su enfrentamiento es de perseverancia. Entre lo que existe y lo que no logrará jamás existir. Esta es la metatextualidad, un juego de existencias, la pretensión de una existencia en sí misma, del discurso que se da cuenta de que es discurso, pero en un estado absoluto de impotencia, de dicho, de irreactivo.

El metatexto aquí es la fatalidad de la desaparición, estamos ante una entrada que dejó de existir en el sentido propio, que gracias a la caducidad infinita de nuestras mejores máquinas, se funde con la nada en los archivos de memoria de algo que no puede estar muerto porque vivo nunca estuvo. Es una necesidad que el texto recobre esta capacidad de morir, porque en ella se juega su valor genuino. Tenemos pues la espontaneidad y luego tenemos el olvido. Vamos directo a la segunda fase de nuestro blog, y forzosamente a la que más tememos: la muerte.

Excepto que no podemos probablemente tener a la muerte porque es una ficción, quiero decir, es también un dicho. No hay muertes, solo hay lo muerto, y lo muerto es por definición lo que no está, lo olvidado, lo finito. Decimos que un verbo es perfectivo cuando se ha logrado todo, ninguna palabra y ninguna vida es perfectiva. No somos verbos, nunca, jamás, somos historias.

Yo juego con la mano abierta, como los encantadores frente al truco o la magia verdadera, que es de todas formas engaño -creer que no hay magia-, estamos en esta incógnita y la declaración. Voy a borrar metódicamente las entradas de este blog. En el método de esta tarea está la clave, no para producir ni reproducir -esta es la vida-, sino para olvidar, para cambiar -esto es lo dicho-. No guardaré, declaro como prueba de fidelidad -que a final de cuentas es finita-, recuerdo de aquello, ni archivo. Si otro lo hace por mí. Que Dios se apiade de su alma ¿no?

Recuperamos así la palabra, para siempre, o por un rato, apenas, indecisos. No es sino el segundo paso de la serie infinita que hace de la palabra lo que es, del metatexto texto, de los muertos vivos, y de las decisiones actos. Y el error. Siempre, primero, el errar.

Asueto

11 Abr

Vamos a ponernos metatextuales, desgraciadamente.

Ahora, no sé ustedes, a mi no me gusta ponerme a discutir de cosas que estoy haciendo, es como si estuviera explicando cómo debo de teclear, y luego ponerme a recitar el desórden del teclado que Anton acertadamente propuso antes de abandonar su tésis de licenciatura. Demasiada introspección, poca frescura. Me siento decepcionado de mí mismo cada vez que comienzo una de estas, pues son fáciles y secas, tan poco originales. Helas, hoy me dirijo exactamente en esa dirección. (Mis disculpas)

Porque me parece que de cierta manera las estrellas se alínean un poco en mi contra. Lo peor que tengo que decir me lo guardo para más tarde, creo que eso permite precisamente que el lector se haga sus propias ideas, que conciba sus ensayos ficticios y deje las opciones claras. No hay nada más claro que las opciones, aunque no se conozcan. Pero no hoy, porque después de estos últimos días de ausencia, no solo tiene sentido algún tipo de explicación, sino que se presenta como una evidencia. Valgan las evidencias.

No se le escapará a algún observador o a algún impetuoso que mi ausencia coincide con un superficial calendario de vacaciones. Aunque legítimamente me considero exento de abordar muchos temas personaleros, no tengo porque ocultar en función de su misterio que las vacaciones suelen ser momentos de ausencia pues es sencillo coincidir con otros individuos que, empleados en las tareas rutinarias que consisten sus obras, carecen de otra situación en las cuales compartir con sus allegados. Muchas palabras para decir que yo también tomo vacaciones, por practicidad.

Y es precisamente en tal evidencia que debo concretar lo que considero una confesión innecesaria e igualmente evidente, sobre tres temas que he evitado con silenciosa ferocidad desde ya hace casi un año: mi vida personal, el día a día que puede relacionarse con las noticias o los eventos mundiales y finalmente la presencia de las fechas del calendario. Tres reglas que todo purista de medio tiempo se puede contentar de respetar de rato en rato, y que discutiremos aunque sea para probar que no hay tabúes montados al respecto.

¿Por qué no hablar de las noticias cotidianas? No me refiero solo a los gustos politiqueros de mundialistas y nacionales, sino a las fuerzas mundanas como el clima, la menopausia o los accidentes y guerras de todos tipos. Nada de esto desaparece porque su servidor no lo discuta, lo tengo acaso tan presente como cualquier otro, simplemente recuerdo que trato de emplear algún principio de temporalidad alterada, en este género de ventilaciones que penosamente estamos entablando, y que espero que sean leíbles posteriormente como si no fuese hoy el día que es. Véase como un sentido de simetría o de (des)orden, de usa ecluión estética. Puedo tener gustos estéticos ¿no? Podemos afrontar la seriedad de dicho asunto y ponernos a moralizar sobre la estética, pero mi argumento no es principalmente genérico, ni tampoco de belleza. Si me puedo preciar de alguna inventiva, y a sabiendas de que los autores, tan burgueses que somos, salimos no pocas veces de donde mismo, la salida fácil del hoy -tanto más deprimente en un blog-, es casi un insulto. Le gustará al lector que se le interpele constantemente del mismo asunto, pues entonces yo no estoy escribiendo para ese lector. A veces siento que determinados temas nos vienen como bombareados y que otros tantos se guardan en un explícito silencio, y yo no los trato, reconozco sencillamente que no es materialmente posible dedicar tiempo a todo, y selecciono penosamente lo que considero tratable en lo inmediato. Me gustará romper cualquier regla con respecto al hoy y lo inmediato en el futuro, pero no he presentido un por qué, no hay algo tan fatal en lo vivenciado por estas fechas que me preste un juicio adverso a esta decisión.

El tiempo personal ya ha se adentrado un poco en nuestro blog, tanto decir que tampoco es algo que me sienta cómodo paseando por ahí. Tengo consiencia de que la relación lector/escritor es artificiosa, no hay de que apurarse en confesiones dichas íntimas que no tienen mayor trascendencia. Trato de ser lúcido, de mantenerme a la distancia en que me hallo finalmente. Seguramente fracaso, tal vez luego con más rigor que hoy.

Y en lo referente a la fecha, que es tal vez el tema más interesante que podía tratar al abordar estas reglas genéricas del hoy -y para que se entienda, me refiero a no escribir sobre la madre el día de las madres ni efectuar tráficos de este estilo-, no voy a decir nada. Lo dejo para otro día, que el tiempo seá más propicio.

Entre tanto queda dicho lo dicho.

(Mis disculpas otra vez)

Leve pausa

30 May

Estamos de vuelta en nuestra serie de ventilaciones, precisamente tras abandonar una serie casi-ensayística acerca de la adultez, que finalmente terminaremos en otra ocasión -si usted prestó atención (me permito dudarlo), notará que cubrí tan solo el principio de mi plan general en cuatro pasos-. Piense en esta entrada como un momento transitorio entre mi savantismo declarado y cualquier otro tema relevante para la escritura que podamos tratar. Levedad. Dígamos que mantengo la levedad.

Vale aprovechar esta pausa para explorar metatextualmente el por qué he decidido interrumpir mi discurso sobre la adultez. No, no se debe a la futilidad y falta de interés en el tema, pero gracias por considerarlo. Hallé simplemente que la secuencia ordenada de ideas que mi construcción proponía estaba realizandose en contra de las motivaciones y el goce original que escribir este blog me da. Entonces corté -temporalmente, presumo- por la paz.

Ahora bien, parte del problema fue también la manera en que decidí abordar el tema en cuestión, quise ser fortuito como de costumbre, mas también estaba en mi mente sentar el precedente de discutir largamente un solo tema en vista de mi discursión a los seminarios de Derrida. El problema era que enfilar en dos largos temas estáticos solo empeoró la situación, parte del gusto de lo escrito aquí es el experimento, el ejercicio mental, la crónica.

Porque como tal vez no mencioné antes, algo relevante en este blog es la crónica, la actualidad y la inmediatez que supone internet. No estoy precisamente dando alardes de estar improvisando todo, sin embargo si garantiizo que no me avoco a la preparación. Siendo francos, esto casi deriva del disgusto personal que siento hacia un cierto academismo escolar  que busca construir un ensayo por medio de la acumulación aglutinante de citas y referencias a otros textos. Yo sé que se supone que discutimos sobre textos, pero esas maneras fatigantes no tienen lugar -a mi parecer-, en un sitio personal de un autor que respete la levedad del lenguaje.

Claro, los amantes de la precisión y el historicismo en los ensayos han de hallar mis vagas improvisaciones harto fatigante. Si se requiere acumular notas sobre mis comentarios, estoy seguro que algún incauto puede darse el lujo de buscar cada referencia y probablemente hacerse pagar por ello ¿no? Generoso de mi parte proveer de empleos a la futura economía, venga, me río con el muchacho de antemano. No estoy precisamente prestando servicio comunitario a los estudiosos, creo que si alguien prefiere muestras de erudición, puede buscarlas en sí mismo, yo no pretendo erudiciones -las tenga o no-.

Ahora bien, esto puede considerarse como una elección personal, sin embargo el caracter cronístico de mi tarea no lo es. Me han recomendado, ha modo accesorio, incluir en una tésis posible de maestría, los libros sin relacion a mi tema, que haya leído durante la confección de mi estudio. Partiendo de la idea de que la configuración mental y lectora de un individuo se construye y conserva dentro de un tiempo determinado, podemos concluir que esta documentación sirve para crear un “mapa” intelectual del conocimiento que el redactor ha tratado configurando su texto. O sea, supongo que si quisieran comparar el contenido de mi blog con los temas tratados en mis libros -los cuales están sin editar-, habría referencia válida. Claro, deben adivinar en qué textos estoy trabajando, pues francamente, no es como si les fuera a decir, ¿tengo cara de enciclopedia?

Por supuesto, para que las comparaciones y la calidad artística de la crónica tenga sentido, un elemento importante es la variedad. Creo en sí que, si tratamos este tipo de argumentación como algo distinto al ensayo -o por lo menos, como un tipo de ensayo que responda a reglas más precisas-, necesitamos considerar esta visión de varias cosas en un tiempo determinado. La variable del tiempo permite dar cierta relevancia a esta variedad de temas, pues se asemeja a un hombre tratando de malabarear un montón de ideas simultáneamente, sin un plan determinado, sin una red que lo proteja de la caída. La mente en riesgo, si se quiere. Lo que no tiene gracia sin la simultaniédad, entonces no hay equilibrio por guardar, solo juego de pelota.

Lo que no quiere decir que el ensayo sea monotemático, en realidad, si lo tomamos en el término empleado por Montaigne, el ensayo es la fórmula literaria más libre que uno pueda imaginar, se puede incluso decir -siendo un purista de hueso colorado-, que desde entonces el género solo se ha deteriorado. Yo diría que un ensayo debería siempre tratar de varias cosas, ahí yace parte de su ingenio. Por supuesto, algo del mérito sería también tratar dignamente los objetos enunciados, aunque fuese por gusto a la reflexión y a la estética. Si menciono esto es porque me parece, permite una distancia ante el género misceláneo de internet que antes hemos discutido.

Sin la comodidad de tecnologías tales como la imagen o el microdiscurso estilo twitter para causar un shock al espectador, remito a la fuerza pura del ejercicio de la palabra, de la palabra que ejercita. Esto me mantiene en sana condición intelectual, y la variedad, implica más músculos que se flexionan.

Y esa sería mi analogía.

 

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