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Felices los que creen sin haber visto

8 Feb

He tenido una semana especialmente productiva en cuanto lecturas, lo cual es relativamente extraño ¿no? Al menos lo ha sido para mí y la indisposición arbirtaria de estas lecturas me toma un poco desprevenido. ¿Cambiaría mis aficiones si tuviera la oportunidad por arte de magia? No lo creo, el cerebro tiene demasiadas relaciones para imponerse radicalmente una simple actividad, ya es suficientemente problemático tener un trabajo…

Mis lecturas han sido variadas, algo de Tezuka, de (Terry) Moore, Quiriny, Monterroso y Sepulveda. Además del ritmo de lectura tan prodigioso también ha sido mucho de mi gusto, a sabiendas además, pues aunque no he leído extensivamente a ninguno, me sospechaba todas estas afinidades de antemano. Lo que toca el tema incansable de la prelectura: saber que una obra te gustará antes de leerla.

Esto me pasa razonablemente seguido, por ejemplo, con Strangers in Paradise sabía que me embarcaba en una lectura partisana. Solo conocía superficialmente el estilo de Terry Moore, y de una distancia razonable sus temas, pero sabía que garantizaban mi interés. Y esto, no sabiendo nada, ni nombres de personajes, ni historia, ni habiendo leyendo fatigosos análisis, simplemente una hojeada o un comentario al pasar. Requiere la confianza en los comentarios de los otros, determinados lectores son tan leales a nuestras afinidades como podemos llegar a serlo nosotros mismos.

No puedo poner más énfasis en cuan importante es conocer la literatura sin haberla leído, poder hablar e intercambiar sobre textos que uno no ha experimentado de primera mano.  Porque nunca leerá alguien todo, pero sin conocimientos se halla en un espacio ciego. Además, gracias a que el lenguaje es un objeto estructurado podemos abstraer fácilmente una obra, no es del todo arduo. No toda manera es legítima para leer un texto, por consecuencia, tampoco cualquier tipo de “lectura ajena” es convincente. Haga confianza a los demás, confirme que no buscan sabotearlo e intercambie con ellos. Me gusta que me recomenden libros aunque nunca los vaya a leer, es enriquecedor y enseña mucho de la literatura.

Del mismo modo que no debe alterarnos el creer sin conocer, no debemos temer a que preferamos algo que no conocemos. Somos animales capaces de predecir, sabemos lo que nos agrada con más facilidad de lo desconocido, unos simples trazos bastan para abstraer nuestro gusto. En Strangers, sabía que la óptica femenina era algo de lo mío, de esas cosas que precio bastante en un modo personal, me gustaba el arte como lo había visto y tenía mucho de lo que yo mismo había intentado avanzar en mis propuestas -nunca publicadas- de historieta. Son cosas muy sencillas y muy naturales en realidad, pero por eso mismo soy parcial para con ellas. El niño tiene este tipo de genialidad, de saber qué cosas le pueden gustar de inmediato y rechazar tajantemente las que no. Por supuesto, él no se espera la transformación, pues aún no se ha resignado, pero la descubre con frecuencia y se reinventa. La invención requiere la proyección, por eso también somos capaces de ver una obra que apenas hemos rozado: es lo mismo que hacemos nosotros cuando escribimos, un texto se nos vuelve la proyección que ideamos de inicio. Como el niño, también cambia.

Cambiando de tema (para terminar), oí que un cineasta mexicano -Carlos Reygadas- dijo que el cine no es para narrar, y que esperar que le cuenten a uno historias al ver películas “no es el cine”. Naturalmente estoy de acuerdo. Por otro lado luego dice que para el que quiera historias, están los libros,  lo tomo como una ofensa: ¿por qué? La literatura tampoco es para contar historias, ni hacer poemas, si uno quiere que le cuenten un cuento, se va con un cuentista, no comete el mismo error de juzgar otro arte como el propio es mal juzgado. Supongo que es un argumento lanzado en el calor de la discusión, o que la gente no lee mucho en México, pero me dan ganas de corregirlo, ¿por qué? Pues porque puedo.

Sin ver la película de este muchacho, me digo que tiene todo el potencial de agradarme.

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Mención de un thriller

30 Ene

La entrada anterior explica mi disgusto generalizado al género policial, ahora atenuaré ese propósito.

Antes que nada, decir que mi entrada actual no va a referir a la adaptación animada de la obra que voy a presentar en un momento. No he visto tal obra y por lo general tengo problemas digiriendo el ritmo de las obras cinematográficas, razón que justifica sobradamente mi afición por la letra muerta. Estéticamente una animación bien realizada es hermosa y tiene toda clase de méritos. Este no es el disgusto que pensaba discutir. El tema de hoy es Monster.

Para muchos el manga no es el medio referencial cuando discutimos el thriller, pero hay una larga historia y para fines útiles los códigos se mantienen intactos. Se requiere un misterio, una tensión constante y varias sorpresas. Otros géneros visuales nos han sugerido ya la enigmática imagen que busca sugerir al espectador una parte fragmentada del misterio, pues una visión aisalada e inexplicable funciona a la suerte de una profecía que puede interpretarse de varias maneras. Urasawa no titubea en servirse de esta herramienta, pero su empleo tiene algo de metódico y arbitrario. Tal como en Pluto la imagen enigmática forma parte de una memoria bloqueada en la mente de uno de los personajes principales, aunque los propósitos de estos recuerdos resulten radicalmente diferentes resulta notorio el préstamo que el autor se hace a sí mismo.

Al menos un tomo del manga parece suspender la acción y no elucidar funcionalmente nada del misterio. Cada tomo incluye nuevas peripecias y al menos un misterio subordonado, pero también avanza una parte del misterio mayor que consiste en descubrir la identidad y los motivos de un carismático asesino en serie, cuya vida ha sido salvado por el protagonista antes de conocer su carrera criminal. Hay cierto mérito en que durante 18 tomos el autor logre mantener su universo con vida, renovando constantemente su interés, a pesar de aflojar la tensión en momentos determinados. Detener al asesino no resulta inminente hasta el capítulo final, que siguiendo la línea presentada por los capítulos anteriores se resuelve en una interacción compleja de situaciones.

Aunque hasta cierto punto Monster encadena muchas historias que resultan predicibles, son efectuadas con maestría y de manera bastante limpia. El autor brilla en las historias secundarias que se resuelven en cada tomo: cada personaje contiene su propio misterio, y por ende retiene un interés que va más allá de un sencillo carácter sicológico o una función seminal en la narración. Los personajes que participan en el conflicto principal resultan los más débiles. En cierto modo, Urasawa no brilla por sus personajes, sino por las historias y los conflictos que desencadena con ellos. Cada individuo es un móbil, no tiene ni pretende una verdadera complejidad sicológica. Alguien me corregirá diciendo que los personajes actúan y presentan cada uno diversas características. Difícilmente se crean personalidades complejas por el total de sus reacciones, la función que representan es más bien narrativa: cada personaje es un episodio, e incluso aquellos que reaparecen en cada tomo tienen tan solo sus momentos de desarrollo, sus tópicos argumentales dentro de los cuales se ejercen. El resto del tiempo actúan como espectadores. Incluso dentro de la acción, uno diría que los actos se desencadenan fatalmente, como si de un film de Tarantino se tratase, la violencia y la muerte se desencadenan en una suerte de cáos total. Los sobrevivientes permanecen para dar testimonio del resultado.

Al hablar de personajes hablamos realmente de misterios. El gran acierto de Monster, lo que a mi parecer logra encantar al lector, es esta pequeña colección de misterios personales. Y la problemática principal del manga rodea esta concepción problemática de la identidad, somos espectadores del pasado y al serlo, descubrimos quién es el personaje que seguimos realmente, o en su defecto quién fue. Esta imagen del pasado es central y dentro de la obra es más importante que cualquier ilusión de desarrollo. Monster es sobre historias personales, pero definitivamente no sobre personajes.

La misma lógica de relato y memoria es utilizada para crear el personaje de un autor. Varios cuentos para niño son intercalados a la narración principal con un arte infantilizado, y son quizás el experimento más interesante que Urasawa incluye en este trabajo. Me hace pensar en la historia metatextual contenida en Watchmen, Tales of the Black Freighter, mas resulta más abordable y de cierto modo se encierra más en la temática.

Finalmente cabría señalar que esta noción de pasado enigmático y de policial son núcleos temáticos del género detectivesco desde que fue creado por Poe. La noción de que cualquier individuo puede ser el criminal, que en lo secreto se incluye lo potencialmente atróz, que los otros son un grupo anónimo y ajeno.

Mi veredicto es que Urasawa hace muestras de su oficio, logrando una narración cohesiva con una lógica que no responde a la espectativa sicológica de los lectores más realistas, sostiene un estado de irrealidad y prefiere que la historia sea fácil de digerir a entablar una enorme complejidad. Una adaptación de esta obra arriesgaría perder todo su atractivo al alejarse del ritmo narrativo empleado por el maestro: ahí está la salvación de este trabajo.

Otras nuevas inquisiciones

27 Jun

Podemos sentarnos aquí todo el día pretendiendo que mi blog no toma mucha de su inspiración en Borges, pero estaríamos haciéndonos -perdonarán la palabrota, pues sencillamente creo en la justeza de determinadas palabras en determinados momentos, sean estas tan antisonantes como sean, existen ya por la misma inercia para determinados casos, y la digo sin afán de herir sensibilidades:- pendejos. Por lo general evito mencionarlo porque determinados temas que me parecen tan groseros y evidentes tienden a causarme cierto desasosiego a la hora de hablar: cuando uno gira sobre una evidencia no puede evitar parecer un imbécil -y sin embargo muchos libros de detectives funcionan así ¿no? la evidencia está por lo general en el final-. Y no hablemos del asunto de los plagios y las inspiraciones con la que luego lo fastidian algunos por admitir,cualesquierinspiración.

Pour le reste, je m’en tape. Se me figura un momento propicio para abordar el tema. Seguídme que hay que decir.

Borges no es el escritor que más he disfrutado, y ni siquiera es el argentino que ha escrito en mi opinión, la obra más conmovedora. Supongo que hablar de Borges y de emoción puede parecer a muchos eruditos una injusticia, pero se quiera o no, la literatura de Borges es bella tanto más por sus momentos patéticos y sinceros que proceden de la lucidez del autor, que por cualquier barullo teóriquero que se quiera mostrar. Es una bella obra, y cualquiera que busque valorar su sentido sin su forma, es un reverendo imbécil que ofendería al mismo autor. Pero bueno, sobran y sobramos obtusos en esta vida, no le puedo dar gusto a todos. Valga decir que son acaso estas emociones proporcionadas por la obra del argentino que me permitieron descubrir cuanto aprovaba la sensibilidad del poeta, y cómo coincidía con los planteamientos de sus proposiciones como pensador. Borges escribió una carta de amor hacia la lectura con una sinceridad que acaso yo no podría reproducir. Mas el asunto en cuestión nos une: la lectura. La diferencia entre el hombre y Dios, si se quiere.

Los temas que usted habrá tenido la paciencia de leer en este blog, son una emulación o una reformulación de las muchas cosas que Borges dijo. Más turbias o más claras, no me parece que propongan mayor novedad. Dicen que ya todo está hecho. Mi primer enfrentamiento al discutir sobre los temas que Borges trató era de no ser un copión, un borgiano. Y no que me moleste el plagio, simplemente creo que no le haría un favor al maestro superándolo en todo nivel y haciendo redundante su obra. Además realmente yo no escribo como Borges, y la forma tiene tanto más de importancia que la reflexión. En un conjunto de ideas no creo que pueda disociarme del maestro, tan benéfico o perjudicial que esto sea, al tiempo presente. Abogado de la defensa del lector, desertor del valor del texto escrito por sí mismo, soy de los que trata de demístificar el “decir lo imposible”. Y si quiero hablar de esto, ¿debería hacerme el adolescente y pretender ser y decir todo lo contrario a mí (y a Borges por extensión) por el simple motivo de la novedad? Soluciones insatisfactorias. Si hay una vigencia en las ideas su resurrección presente no debe resultar atróz. De haber un órden en el universo, no hay que temer, y si no lo hay, un buen lector lo inventará.

Para los marginales que descartan de antemano una obra por el simple hecho que tome inspiración de otro hombre, les recomiendo la lectura de Alan Moore. Hay pocos autores de fama que tengan una inspiración tan borgiana dentro de sus deconstrucciones, y aunque se trate prominentemente de otro género -la historieta-, su impacto e influencia se mantienen hasta nuestros días, y definitivamente es un maestro de la narración a su propia manera. Moore tampoco me gusta tanto como Borges, aunque los artistas que colaboran con él han logrado hacer más de una obra maestra, ventaja que Jorgito no tuvo -qué sería mejor que un ciego evaluando dibujos de historietas ¿no?-. Pero el tema es el mismo y la sensibilidad es muy similar, aunque Moore y yo tengamos un gusto mayor por la violencia y a Jorge le gustara la limpieza. No creo que mi obra gane favores  metódicamente sobre algunos de ellos, pero acepto la inevitable comparación.

Si por algún motivo a usted le gusta lo que lee en mi blog, lea a Borges, lea a Macedonio, a Alan Moore; no puedo donar recomendaciones tan sinceras como mi práctica misma. Acaso un día yo mismo dejaré de gravitar en estos temas y me inclinaré por asimilarme a otros grupos y maneras. Pero son personas y textos completamente diferentes, creo que hasta su misma similitud, algunos le serán menos atractivos que los otros. No lo piense cronológicamente, invéntenos precursores. Es usted el lector, más poder a usted, genio.

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