Tag Archives: metatexto

La ruina de Woody

7 Ago

Vengo saliendo de la proyección de una película de Woody Allen y me burbujean algunos comentarios. No sé exactamente que tipo de novedad o mérito puede tener su servidor para discutir no solo de cine, sino también de un director que tengo tan abandonado como este señor, lo más cierto es que por este lado o por otro, mi opinión no le interesa, lector. Me obligo siempre a añadir alguna reflexión que puede ser de valor para los distraídos o los solitarios, como les vaya conveniendo.

Primeramente, señalar que este comentario es algo metatextual, Woody Allen se ha prestado a varios escenarios, aparentemente con cierta afición a las ciudades europeas más eminentes de la cultura popular. Tenemos una en Barcelona, otra en Paris y recientemente, también en Roma. Me avocaré a esta última que es la que de cierto modo me ha gustado, aunque haré un par de paralelos con Midnight in Paris, en parte para señalar aciertos y desencuentros entre ambas obras. Chútense de perdido la romana si quieren entender un pelo de lo que estoy por argumentar.

No he agotado el catálogo de películas de Allen, pero lo poco que he visto no me ha gustado. Vamos aclarando esto. Las he disfrutado y convengo que son piezas mayoritariamente de entretenimiento, en esto ya variando la calidad de cómo están logradas. Triunfan un poco por el lado irreverente y caen más bien cierta simpleza narrativa. Si uno ve suficientes películas, al principio de cada escena sabe exactamente que va a pasar al final. Woody es popular hasta la médula, en este sentido. Me parece sin embargo que en la mayoría de los casos la irreverencia no convence al ingenio, y siendo francos si hay un atractivo en ver a este director en lugar de a muchos otros de los que dirigen comedias románticas, es para alcanzar ciertos momentos de ilusión cinematográfica. En esos donde la película se reconoce como una pieza fundamental, cuando descubrimos una historia que hemos conocido siempre. The Bop Decameron me ha parecido atinada en este sentido, por respetar vagamente el sentido del decameron.

Gracias a que modula varias historias simultáneas, la narrativa sencilla y conocida del cine popular clásico gana cierto dinamismo. No es vano que mucho del cine moderno se dedique a contar “varias historias”, este tipo de narración ha probado ser entretenida desde que los cuentistas la comenzaron a prodigar en la prehistoria. La calidad de las partes es diversa, y la que nos concierne es la actuada por Alec Baldwin que concierne a un hombre que recuerda un amor de juventud.

Bueno, no, esto comienza de un modo muchísimo más literario. El hombre comienza a vagar por Roma, o la ciudad eterna, como apropiadamente le dicen en el film mismo, llena de ruinas, y nos va a contar la historia pues, de un amor ruina. Esto es el asunto y la columna vertebral de la película aunque el tiempo de film se pase en las otras. Se encuentra en la esquina de un cruce donde vivió hace tiempo con un joven, que lo reconoce y lo interpela. Intuímos en este momento que se trata de él mismo en su juventud -aunque la escena lo borra y progresivamente esto se hace más evidente, en realidad desde que se encuentran los personajes salta a evidencia algún parentezco-. Como envueltos en un destino que ambos quisieran evitarse, terminan por compartir juntos lo que en apariencia serán los días consiguientes. El viejo más sabio presencia y comienza la fatídica relación. Hasta aquí lo que nos importa del contexto.

Esta idea de una coincidencia temporal me recordó un poco a la escena de viaje en el tiempo de Midnight in Paris (el plano es diagonal, como un cruce), probablemente es una referencia fílmica que ignoro, aunque a mí me recordó a Borges y yo, un poco por la insegura interacción de los personajes al principio. Digno de la referencia borgiana, todo se vuelve un juego metatextual, donde el viejo mayor presencia, predice y explica la forma en que el joven se va enamorando. Pero para el espectador, está describiendo la “puesta en escena”, del enamoramiento, refiriendo a diálogos y apariencias, deshilando el recuerdo precisamente en su ficcionalidad. Entonces vemos a Woody Allen burlándose de los clichés, de que un personaje para lucir erudito solo tiene que hacer una frase en referencia a tal o cual poeta, que una breve mención pasa por un intelectualismo trunco, un juego de seducción del intelecto genuino. Recuerdo al mismo Woody Allen mostrado a Paris lleno de escritores famosos de Estados Unidos, tirados generosamente como referencias sin gran profundidad -la obra de los autores se mantiene ausente de estos encuentros, como si se tratase de superficiales referencias cuales las tratadas en Bop-. Es verdaderamente el maestro analizando su método, un momento de sinceridad que me parece, consigue hacer que el filme esté mejor logrado.

¿Habría que decir que Woody es una ruina del que fue? No concibo comentar esto sin algún pensamiento de fondo, así que lo dejaré en el aire. Disfruté sin duda la visita.

 

A %d blogueros les gusta esto: