Tag Archives: latinoamerica

La parte de Fate

28 Feb

Hoy me puse a pensar en uno de los ánimos latinoamericanos que siempre me ha parecido un poco extraño, y que sin el recurso narrativo resulta incluso un poco difícil de describir. Ahora, al decir latinoamericano podemos bien incluir y extender esta noción a la personalidad del español, porque sin duda existen aspectos comunes, aunque no lo podamos extender a todo -entiendo, sin embargo, que este ánimo en particular puede fácilmente compartirse entre estas sociedades, como igualmente pasa con otras tan diversas como la paraguaya o nicaragüense-.

Bolaño emplea la narración para introducir la secuencia que sin duda todos los hispanos podrán rememorar, en su libro 2666, durante la parte de Fate. Voy a hacer el intento de describir este ánimo sin recurrir al cuento: se trata de una convicción farucha y desatinada sobre la cualidad intrínsica de un competidor que comparte la nacionalidad o el orígen de uno, exaltando sus valores hasta el descrédito antes de la competencia, para que, tras su eventual y evidente derrota, hallemos la pretensión de que el partidario que tomábamos como representante avatar del patriotismo/orígen/valor, no nos amerita la menor contrariedad, como si su destino funesto se tratase de un desenlace consabido e inevitable. Aquí el drama: la aventajada y veloz manera de inclinarse por un partidario de manera desproporcionada y abandonarlo desentendido en el momento de la catástrofe. Dos momentos críticos: la negación absoluta de la derrota -antecede a esta, evidente- y el desencanto natural y templado, que se asemeja a la indiferencia en contraste con la pasión vocal que la primera parte de esta actitud expresa. El ejemplo de Bolaño: Un boxeador mexicano va a enfrentarse con un gringo, el combate se lleva a cabo en México y quienes trabajan con el boxeador parecen seguros de la derrota, hasta hacer dudar a Fate del descenlace precognizado del combate en cuestión. El mexicano cae derrotado rápidamente, y esta evidencia aplastante deja a los personajes con indiferencia, Fate no parece comprender ni el sentir de la primera ni la segunda parte. Para Bolaño la explicación de esta desconexión es bastante clara: Fate es un gringo.

Pocas características tan notorias del latinoamericano alcanzan la dimensión de su post-modernismo*. Su constante desengaño, su fatiga ante la novedad y el clasicismo, su estoicismo mártir. Probablemente en ninguna forma de pensar el rechazo de lo establecido tenga tanto eco en las mentes, las sociedades latinoaméricanas han practicado constantemente el repudio hacia el ganador y la apología del miserable. Esto, creo que es gutural, un concepto de sociedad perdedora que subyace debajo de cualquier ideología predicada, triunfadora ante el progresismo antes de que este mismo sembrara su raíz en el corazón de las tierras latinas. El derrotismo que ensalza al perdedor a través de su derrota, pero borrando su derrota: aquí el fenómeno ilustrado en lo anterior.

*- Otra notoria es el recurso al humor como efecto en sí mismo, fabricado sin una agenda o voluntad, el humor parece un elemento inequívoco de la vida que si se asimila a lo terrible, es tan solo porque lo terrible resulta avasalladoramente abundante.

¿Las sociedades latinoaméricanas son post-modernas? Difícilmente. El pensamiento postmoderno es una manera argumental de enfrentar la realidad desde ángulos ideológicos diversos, y aunque las sociedades latinoamericanas tienen una inclinación hacia la visión precaria y desvalida de sus voluntades propias, siguen expresando un sentir en pos a la realidad y no una lógica enunciativa que ensalse lo cognitivo. Ahora, no es tan absurdo: Atacar a lo moderno por medio de las herramientas verbales que ayudaron a su fundamento no es tampoco una estrategia del todo creíble, pero coloca al postmodernismo en cierto espacio de permisión que lo vuelve casi impracticable y borroso, establecido como una suerte de panacea del pensamiento y a su vez como simple pérdida de tiempo. Son los dos momentos de este diálogo, cuando el pensamiento parece acompasar todo cuanto existe, y cuando caemos en cuenta de su soez realidad: simplemente se trata de palabras. No hay contradicción. Se trata de una manera genuina de existir que se practica desde hace siglos. Más valdría interrogarse sobre la lógica que busca descalificar esta pretensiosa maraña de apariencias, el orgullo de pertenecer a un grupo victorioso secreto, que sea tan secreto que probablemente nunca haya existido.

La confusión de este sentir tan desarraigado e inconexo ha creado un par de atroces interpretaciones abortivas, que no son parte de la ideosincracia “del pueblo”, sino que forman parte del aparato bienpensante que supone crear ciudadanos ejemplares. Una de estas interpretaciones es el nacionalismo, la idea de que la euforia previa al encuentro está fundada en una competencia real, en una capacidad y ambición gigantes que pueden, por ellas mismas, devorar el universo. La segunda es el pesimismo nacional, aquel que admite y reconoce este fenómeno, suponiendo que el constante error que se presenta ante el resultado es solo un ejemplo de laxismo del pueblo, que es incapaz de prestar su verdadero respeto a un representante competente. La parte verdadera es que no sabríamos tratar a nuestros ganadores, pues resulta inconcebible que existan. Se han alejado de la experiencia que hace vivir como latamericano, ya son de los otros.

Pasar inventando

27 Dic

Todas las literaturas son invenciones. Mas si la escritura no contuviera al menos una realidad no sería vista con tanta religiosa devoción por tantas personas toda la historia. La invención sucede -lo sabemos- en un mundo donde todo está inventado, o mejor dicho, uno donde las impresiones parecen siempre nuevas pese a sufrir de un agotamiento atemporal. Una literatura es legítima no por cómo es recordada sino olvidada. Por esto mismo, incluso antes de abordar la primer página la obra ya comienza a ejercer sobre nosotros su frágil hechizo, el que nos permite admitir en ella una verdad o descartarla de antemano y por completo. Si antes de la lectura esta disposición nos abandona o nos fatiga, la literatura es un artificio menos cierto. Mucho antes de que nos importe cómo fue escrita, la literatura latinoamericana ya actúa en nosotros.

Se debe, necesariamente, admitir que quiere decir algo. Ser latinoamericana, la literatura. Por ejemplo, para encontrar la literatura femenina encantadora necesitamos la convicción de que una mujer y un hombre escriben y existen como entidades diferentes, por lo tanto, la idea de abordar a una mujer que escribe como hombre, o uno que escribe como fémina, no deja de sentirse aberrante. Sin estas condiciones, la literatura femenina no podría tenerse por algo cierto, aunque incluso en los convencidos no deje de calificarse esta observación como una conjetura o una convicción.

Pues finalmente, ¿no hay tantas mujeres como maneras de escribir? ¿entenderemos que la literatura femenina es el punto común entre todo lo que ellas enuncian o la esencia debe superar esa torpe división? Parece que mientras más escapa a las imitaciones más amplia y más cierta se vuelve esta cualidad de ser una literatura genuina. La literatura latinoamericana comparte todas estas condiciones de legitimidad, con el fin de no ser simplemente el espectro dejado por la-literatura-que-no-es-latinoamericana.

Entonces la literatura en quechua, en inglés o por twitter no es menos latinoamericana. Aquella de los agresores y los dictadores no es tampoco distinta en esencia a la de los oprimidos y los santos. El fenómeno no puede suprimirse para contemplarlo en una agenda política con bandos claramente definidos, y por lo mismo, no puede simplemente responder a una necesidad geográfica de territorio. Lo que no quiere decir que el cuerpo no existe, simplemente la nación no se encuentra ahí. Doy un ejemplo: América no existía antes de la llegada de los españoles, pues nadie podía dar cuentas del continente en términos de una unidad. No por eso el territorio existía de manera menos real. Por lo mismo debe admitirse que la literatura regional es poderosamente latinoamericana, sin que remita a simples alcances nacionalistas. Tampoco la agenda historicista del autor puede tomarse en cuenta: el más fantástico y menos político de los autores puede ser más latinoamericano que el más aguerrido denunciador. Y no me parece tampoco que decir “más latinoamericano” lleve consigo un sinsentido.

Es bastante seguro que sin un idioma como en español, en el centro de nuestros textos, no pudiésemos clamar unidad alguna entre este mundo vario. Hay muchas literaturas latinoamericanas que no tocan ni de lejos el español, las lenguas indígenas, el inglés o el portugués pueden ser sus vehículos. Entiendo que esto las vuelve acaso más profundamente latinoamericanas pues tienen que ganarse a pulso algo que muchos damos por sentado. Y es que el idioma es un gran favor ante la espectativa de encontrarse. El idioma es un lugar, pero no es en sí mismo el sitio en el que nos regocijaremos, tan solo es un punto de entrada, como la lectura misma es un aspecto que permite abordar esta dimensión. Ser latinoamericano se puede presentar como una feliz -o triste- fatalidad, pero uno puede perderla muy voluntariamente. Se puede abandonar igualmente, el uso verdadero del idioma -muchos indígenas lo han logrado-. Físicamente podemos desplazarnos a sitios cuyos aspectos recónditos y poblaciones enigmáticas oculten la peculiaridad que cualquier herencia pueda tener. Pero cada una de esas operaciones puede llegar en la óptica inversa: latinoamericano uno puede volverse. Es cuestión de ensayo, de voluntad y sobre todo, de convicción.

¿Tiene la literatura latinoamericana la convicción de volverse tal o es víctima de un destino que le ha sido impuesto? No pienso que una sola de estas respuestas sea satisfactoria. Muchos elementos me parecen aún problemáticos: la juventud, los afro-descendientes, los árabes, la Colonia, los inmigrantes, la infinitamente rica cultura popular actual… ¿no son todas estas cosas que pertenecen en lo más profundo al dicho continente? Aquellos que velan por la continuidad de este lugar que es la literatura no pueden sino escribir con atención en ello, con los mejores términos.

Solo desde que se cree que esta literatura vasta -acaso infinita- merece un lugar, y debe prescidir al menos la lectura de nuestros textos, la historia de la literatura empieza a existir. En esa periferia, en esa diferencia.

Tres breves historias de la literatura latinoamericana

20 Dic

Esta entrada es una introducción a las tres composiciones siguientes, que pueden ser interpretadas como un mismo texto o usadas para fines individuales a como le parezca mejor al lector. Trata, como el título lo dicta, de la literatura latinoamericana pero principalmente de tres nociones de historia que refieren a esta, cada una central en las ventilaciones subsecuentes. Naturalmente, esta introducción explica -no justifica- las opiniones expresadas a continuación, a suerte de prólogo o de prólogo de prólogos.

El tema: la literatura. El adjetivo: latinoamericano. El problema: la(s) historia(s). Y el disgusto que representa el discurso historiquero del académico, de antemano descartado como una genealogía ficticia entre elementos azarosos que no explican por sí mismos cosa alguna. Queremos tratar historias narradas, de las cuales podamos tirar una lección consistente. No queremos adornar la historia o empuñarla con un objetivo concreto, aunque este fuere la obsesión por la verdad. Por lo mismo, no pretendo la totalidad, sino todo lo contrario: acepto y espero que la parcialidad resulte más sugiriente. No hay pues Historia con mayúscula. Ese tipo de solemnidad no nos interesa.

Ahora, de las muchas historias parciales que podría tratar he decidido explicar y contraponer tres versiones. Mi estudio incluirá una suerte de enunciació de hechos y no ahondaré particularmente en cada uno, primeramente para terminar, luego porque si estoy mintiendo no importa. Esto es algo que quiero que tenga en mente: lo importante no es el estado de verdad de mi discurso, sino la posibilidad que a usted le preste de extraer alguna reflexión de valor. Acaso los textos parciales y contradictorios permiten una reflexió más profunda. Contradecir y reflejar, finalmente, guardan significados próximos. Las tres historias a las que remito tampoco se fundamentan en un concepto de historia literaria o historia a secas como uno puede encontrar en los libros de texto*, admitirán distintas relaciones que uno puede conferir al pasado y a su relación con futuro o presente, también admitirán de ser necesario, que el tiempo no existe.

Es necesario aclarar que antes de comenzar este blog, ya había concebido una de las reflexiones -la zocarronamente titulada “el fin de la literatura latinoamericana”-, pero no me había convencido a modo de ejemplo aislado, ni por el rigor que he empeñado en su reflexión. La segunda ha sido la que me convenció de avanzarme a este pequeño proyecto, pues se me ha figurado una lección urgente, una que pronto dejará de tener sentido si no la enuncio con la tonalidad correcta: remite a un universo cíclico donde el tiempo histórico tiende a repetirse, para ejemplificarlo no escatimo en emplear alguna experiencia personal. La tercera fase seguramente resultará cómoda para los que se han acostumbrado a mi modo de reflexión, no vale la pena anticiparla debido a esto: temo que resulte predicible.

*- Graciosa manera de llamar los libros escolares, pues finalmente un libro de texto puede estar constituído de esquemas y dibujos, como un libro de humor hecho de texto. La expresión “de texto” acaso sugiere un genitivo de orígen, como para hacernos pensar que es la capacidad de hacer textos la que nos ha condenado al aprendizaje textual. Degenerado el pensamiento por medio de la palabra.

Esta serie de ventilaciones persigue un objetivo muy sencillo pero también insensato: busca agotar todo lo que tengo que decir sobre la literatura latinoamericana como tal. No me parece que un tema de esta magnitud, tan falsificable y redundante pueda reducirse a poco más de dos mil palabras. Espero lograr por lo menos que las entradas que siguen expliquen mi reticencia a lanzarme de nuevo en este tema como si pudiera hacer sentido de él.

La pregunta que espero lograr evocar dentro del lector que se acerque a estos textos es ¿qué queda después de la literatura latinoamericana? De cierto modo, este es el eje de mi discusión y mi interés. ¿Por qué hablamos de un después? ¿se trata de una superación o simplemente de un fatídico movimiento histórico?

Son preguntas mal hechas, que contienen su respuesta. Intentemos el ejercicio inverso: voy a proponerles tres respuestas y veamos a qué pregunta podemos aludir.

Del año del pavo

12 Jun

La cultura latinoamericana es de viejas costumbres.

Esto no quiere realmente, decir nada. Podría aplicarlo a iberoamérica*, o extenderlo a un montón de naciones, que por error o por fortuna realmente desconozco. Vale decirlo, desconozco también la totalidad del continente, por más elegías totales que lea alrespecto o ideas de hermandad/filiación que cualquier sociedad quiera prestarme -o la mezcla, la extraña confusión que el europeo suele tener de las naciones, cual si fueran intercambiables o difusas, sin fronteras, geografía, espacio, gobierno**…

Determinantemente hablamos de un concepto conservador, no en el sentido que la política quiere prestar, sino en una especie de anhelo continuatorio que remite a nuestro mismo rostro. Típico del latino es fraguar una genealogía que le entregue el valioso cáliz del pasado, la copa cedrosa de dulce nectar. Una historia pues, queremos una historia (no con mayúscula, no la disciplina casi-científica -o cientificista- del discurso que involucra un pasado e ilustres nhombres, enfrentamientos y sangres derramadas cual si sacrificaramos al dios del pasado nuestras propias entrañas), una evidente mentira que nos justifique, un elaborado engaño.

Por eso, más que otra cosa, este grupo de naciones tan arbitrariamente formadas se presta a la ecuanimidad y a la ignorancia: Es como un grupo de estudiantes esperando calificación, quiere legitimarse como un mal texto enviado repetidamente a varios editores, quiere llegar a ser***. Y en ese frenético construirse, la sociedad olvida que ya es y que conforme a las reglas arbitrarias del tiempo humano, no puede evitar seguir siendo.

*- En detriment de Brasil, país que desconozco con humildad y posee características que se me figuran auténtica y peligrosamente originales -en esa extraña mezcla de culturas afroameuropeas, este enriquecimiento mutuo que no sugiere un “progreso”, sino precisamente, el florecimiento que viene de lo variado, de las diferencias que relacionan al hombre con otros hombres de maneras que el ciego moderno no puede imaginarse, confundiendo modernismo con su análogo post.

Nos queda, necesaria pero insuficiente, la ambición. Es uno de esos objetos que por si solos no logra nada, mas al momento de cambiar facilita todas las trasiciones y los pasos -érroneos, me presto a decir-. Y es que vemos con tanta maldad la ambición que nos resulta extraño ese que se avanza y se siente justificado por palabra u obra, ese que no teme afirmar -sería raro, en otras sociedades, no plantarse frente al resto, aunque fuese un teatro/mentira/ficción-. Si un niño se disfraza, entonces se le enrarece en vez de descubrírsele. La costumbre de la máscara tiene un proceso ritual, la mentira en un modo de vida más que un método. ¿De dónde tanta ficción? Tal vez de nuestra invención. Antes que nada hay que encontrar un orígen que sabemos ha de ser mentira, pues queremos ser vástagos de algo y bastardos de nada, aunque se nos vaya en esto la vida -y ser nosotros-. Et qui est en faute? Est-ce nous?

**- En esto podemos estar de acuerdo, no tenemos gobierno. O más bien, no tenemos gobierno humano, nuestra relación con el poder no es la que tienen seres humanos entre ellos, sino una especie de impersonal intercambio al que no puede medirse con los criterios usuales de la costumbre. El poder nos es tan distante o tan opresivo como un dios antiguo, nos disgusta y nos fascina como las malas fábulas.

En este repudio a la novedad y gusto por el artificio, nos aparece extraña la disyuntiva de vivir en un constante desprecio del arte. No un desprecio vaya, una incomprensión. La sociedad no se aleja del arte por simple gusto, no confía en él pues se le presenta como un escape de la ruda vida, como una alternativa peligrosa e inútil, o por lo menos improbable para sus propias soledades. Que el arte parezca ofrecer nada cuando se siente tener poco, nos aturde sin duda. Creer que construir la imagen de un arte sea válido cuando no se tiene el propio rostro…

***- Esta no es una elección de vida, sino un trabajo propio a la literatura, Deleuze considera que la escritura se juega en un constante  tratar de ser, una distancia transformadora sobre el propio ser hacia otro, donde el ser mismo es dado por el discurso dominante que aceptamos de antemano -y que sin reflexión a veces nos volvemos-.

Tal vez por eso se dio primero a la tarea -hablo del arte-, de concebir precisamente un espejo, no de crear la obra, no de buscar la construcción, sino de pintar el absoluto del rostro del latinoaméricano en esta típica novela americana del 19, este especie de mapa/panorama aún mal calibrado, que a mi parecer, atravesó todo un siglo de desajustes y transformaciones más o menos innecesarias, para llevarnos a lo que hoy podría considerarse *gasp* aún la post-modernidad.

Mapas

26 Abr

Un idioma es, como la distancia y la experiencia, una manera de abordar el arte. Hablamos, o por lo menos leemos, en español, esto sin duda nos fabrica una manera superficial de relacionarlos con los objetos en el mundo. Hay quien dice que los hispanohablantes tienen una especie de complejo de inferioridad cuando se trata de la razón, mas no quiero tratar estas falacias por el momento, hablemos realmente de la lengua.

En la actualidad creo que resalta antes que nada la presencia internacional del idioma. También existe esta noción de espacio físico y multiculturalidad que domina en América, igual que su interacción regional e isolación en la península ibérica. Aludiendo a estos valores, podemos pensar la importancia del español en la concepción, como algo que puede distinguirse por su realidad geográfica. No es extraño pues, que la literatura trate de designar de vez en cuando, una geografía.

La literatura latinoaméricana florece en la medida que el proceso de pensamiento revolucionario se libera, se trata de poner al americano frente al exotismo de su territorio, ante una de las cosas que el español de la península no puede disfrutar si no es en una colonia: La inmensidad de todo un continente. Tenemos pues un trasfondo profundo de literaturas que se dedicaron a construir una extensa cartografía del continente americano, al tiempo que enunciaban, no con neutralidad -no con un español ibérico, ni convencional entre los países, sino emulando formas nacionales acaso ajenas incluso al escritor-, sino en la potencia misma del regionalismo. Aqui tenemos el ascenso de una concepción de literatura fuertemente nacional, que finalmente no hace excepción en el concepto de nación que depara el pensamiento del siglo veinte.

La situación español es distinta y compleja, se trata de un sistema donde el español trató de tomar por fuerza a los demás idiomas, y falló. La constitución del estado que conocemos como España no es la historia de una lengua y una cultura, pero allá el idioma se usó como la bandera para crear aquella nación ficticia. Creo que tanto en el idioma como en el carácter español es sencillo encontrar la influencia árabe. El moro era español y también era conquistador del continente americano, la ignorancia de esto solo acompaña a una tendencia que busca borrar la influencia que Africa ha tenido en la historia del occidente desde hace más de 500 años. Esto tampoco es lenguaje, pero como si se tratase de una anatomía, el cuerpo del idioma ha sufrido las transformaciones de estas bases ideológicas, de estas genealogías a veces suprimidas.

Aún hoy, se nos presenta la situación excepcional de un lenguaje verdaderamente internacional, uno de los pocos que han existido en la historia de nuestro planeta. Y sí, por supuesto que el quechua, el inglés y el árabe han compartido estas características con nuestra lengua, mas de algún modo eso no borra el mérito que aquí subyace. Por mucho el español se ha vuelto una lengua vieja pero sin edad, una en la que la tradición literaria y popular se ha desvalijado por el año y los espacios. No tenemos la concepción de la historia que nos permite fanatizarnos por todas las transformaciones del idioma, ni tenemos por qué caer en esos juegor de arcaísmo. Solo hay que considerar que cuando uno escribe en español, cuando uno lee en ese idioma, se establecen por lo menos dos tipos de lectura: La regional (una lectura clásica de principios del siglo pasado) y la universalizante (que pretende un fondo común entre los hispanohablantes, un legado que aún hoy se construye). Tenemos pues un lenguaje al que el tiempo ha dado por virtud un par de inclinaciones, pero si seguimos inclinándonos por la historia, encontraremos que también es un idioma que puede considerarse impuesto, que ha tratado de suprimir a sus competidores por la fuerza. Un lenguaje que hasta cierto punto, fracasó.

La dimensión geográfica de la literatura en español, le permite una abundancia que puede considerarse envidiable, pues modos de vida distintos así como historias contradictorias le permiten extraer conocimiento de diversos fondos, le permiten variedad y cantidad en productores. Casi penoso es decir, que por años también ha sido una comunidad en la cual, el erudito y el iletrado han vivido codo a codo, afectando realmente nuestra capacidad crítica como lectores. La geografía se nos figura también como un defecto, no sabemos ni queremos saber de otros países, no podemos entender esas lecturas regionales, y voluntarios nos disuadimos de olvidarlas.

Entre los idiomas que hoy existen, hay pocos más propicios para el arte que el nuestro. Somos un lenguaje de periferia, situación especial que el inglés, por ejemplo, no puede presumir realmente. Somos también una extensa periferia que se encuentra en muchos sitios y es diversa, creo en la riqueza escondida detrás de este hecho.

A %d blogueros les gusta esto: