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Sedice

24 Oct

La seducción no tiene por vocación el pensamiento, casi diremos lo contrario. Hace poco hice un gorjeo en esa dirección precisa: Hacer pensar, paradoxalmente, se opone a pensar. Quedan las aclaraciones pero también las intuiciones que en esta dirección se sigan.

Establecer el sentido sería tener la seducción por un hacer pensar. Entendamos que en la vida real, conceptos como pensar, creer o resentir son verdaderas transformaciones de la realidad y no simplemente vagas ideas. Creer es el más alto experimento que le aplicamos a la realidad. Decimos pues, que hacer pensar es una inclinación a exponer un cierto mundo, viene por la parte de la experiencia y la deducción inmediata de la realidad, y no de lo que sería el pensamiento crítico convencional: la digestión de algo inmediato.

Tomemos algo prosaico: la publicidad. Yo no compro autos, pero la publicidad me mantiene informado de las marcas y modelos de autos recientes. Por consecuencia los autos existen, no necesito deducir su existencia ni justificarlos, menos digamos juzgarlos o experimentarlos. Me han hecho pensar que Volvo, Renault y Audi se justifican, que son consecuencias naturales de mi experiencia y no productos de mi sensibilidad crítica. Lo evidente no puede buscarse, y mi relación con estas empresas multinacionales se pretende de antemano resuelta: sabiendo lo que sé de los autos (nada en absoluto), pretendo saber “suficiente”. Porque el pensamiento inmediato, prestado, suele satisfacer sus propios límites y se prentende resuelto. Vence, aunque en realidad (diría Unamuno), no convence.

¿Por qué hacer pensar sería prohibir el pensamiento? Al menos verbalmente parece una absurdidad. Si mi cerebro en efecto hace el trabajo de reconocer el logo de Volvo, por ejemplo, estoy en cierto nivel subconsiente, expresando un verdadero pensamiento. No podemos decir que el cerebro exprese o recibe activamente, sus relaciones con los objetos son más completos que eso: los cerebros no hablan. O sea, cuando yo concibo Volvo en realidad hay un universo de esta marca que se forma en mi ser, que es un modo de creación -probablemente ficticio, pero este es un blog de literatura, lo ficticio nos atañe-. ¿Por qué censurar este pensamiento? Me parece sencillamente que es una economía, pero como suele ser el caso con los procesos utilitarios: un riesgo se presenta en ellos, obvian voluntariamente el análisis.

El internet es otra economía, ¿por qué conocer los autores del modernismo si puedo conectarme a internet y buscar sus nombres? La pregunta no tiene mucho sentido, si uno se pone a razonarla, y sin embargo, nuestro cerebro hace la economía de estas consecuencias. Es importante ahorrar trabajo, ¿qué tanto? lo suficiente para volvernos absolutos ignorantes y máquinas de referenciar, pero no de saber. El arte de los retóricos sugiere un método tranquilo para convencer, acompañar al lector/espectador a través de un razonamiento para que este asimile la idea por sus orígenes y consecuencias, ¿será posible convencer por pensamiento crítico a personas que son incapaces de sostener la atención por un periodo de tiempo significativo? ¿no queremos tener de antemano todas las respuestas quizás en 140 caracteres o en una búsqueda de un par de palabras? ¿no es esto finalmente el objetivo del lenguaje?

Regresamos a un viejo método: el extrañamieto, descubrir el pensamiento como si nunca hubiera estado así, escribir Ovidio como si no estuviera escrito. En fin, hacer la tarea que nos corresponde como si no fuera una repetición. Anhelar la repetición, como los niños, que son finalmente los que tienen la mayor capacidad de aprendizaje. Que uno sea viejo no lo hace incapaz de pensar, pero pensar no es la tarea de los que se seducen o que ya están convencidos. Si uno busca simplemente la emoción en el arte… ¿no?

¿Y si todos quieren hacer arte pero ya no pueden? La creación en un mundo sin pensamiento podría bien volverse el desafío del siglo que viene. A lo mejor el chiste es no querer crear, hacer que crear sea una actividad repugnante e indigna, o mejor: aburrida, notoriamente aburrida, tardada, infinita, pero incapaz de empujarnos a la enajenación.

Serie de preguntas

10 Jul

El cuestionario o test es un género sumamente popular que supone el uso rudimentario de la estadística para cierto fin, que regularmente resulta imposible calificar con estadística. Su dimensión es lúdica y colorida, debemos pensarlo como un valor estético antes de preguntarse si tiene resultado, o si los resultados que tiene son pertinentes. Ya por ésto debería bastar para llamarlo literatura.

Es interesante notar que el cuestionario es un género basado en la crónica, entiéndase, que se liga al tiempo en el que es efectuado. Lo que no impide por supuesto tratar ciertos valores existenciales por medio de esto, y estos pueden ser siempre alterados por otro test aplicado a futuro. En esto si se parece a la estadística, existe un márgen de error o rectificación que depende de la información. Gracias a esta característica temporal el cuestionario habita las revistas mensuales y semi mensuales, además del medio escrito temporal por excelencia: internet.

Además ayuda la dimensión lírica que muchos de estos textos sugieren. Recordemos que a la suerte de las novelas interactivas un cuestionario siempre exige la respuesta directa del lector en parámetros controlados, y se vuelve practicamente una entrevista auto aplicada. Un placebo para los hipocondriacos de la intimidad. Lo que es genial cuando la práctica del internet tiene mucho que ver con mirar detenidamente el propio ombligo, aunque admito que las capacidades estéticas del género superan por mucho esta práctica casual. Muchos cuentistas experimentados se han adentrado en este género, casi siempre recurriendo al humor. La narrativa parece haber absorbido toda esta dimensión popular del cuestionario para volverlo casi un género de humor, incluso los comediantes hacen uso de este.

Sin duda la poesía se ha apropiado de esta forma con objetivos menos bromistas. Un mínimo de lucidez revela hasta que punto el propósito lírico del cuestionario es una tragedia: por medio de preguntas consecutivas se va revelando una faceta presuntamente oculta de uno mismo, con una suerte de narrativa propia que hace que conforme uno se aproxima al final la cuestión se establece de una manera sólida y que el lector ya puede preveer. Pero también tiene algo de verdad dialógica, porque si bien los interrogatorios regulares suponen al menos dos personas el cuestionario sucede en un momento, y solo uno lo ejecuta. Encontramos en este interrogarse una búsqueda de la verdad, una consecuente formación de las condiciones propicias para lo cierto. Muy filosóficamente hemos deshebrado un universo y lo hemos reconstituído en un grupo de formulas mágicas que lo definen y que el joven alquimista debe sortear por sí mismo persiguiendo acaso finales diversos.

Y hablando del final del cuestionario, muchas veces parece la moral de un fabulista. Se ha establecido una circunstancia, se ha narrado su proceso fundador que atina en ser una suerte de mitología ficticia de su propia cuestión, y finalmente llega un veredicto totalizante que intenta responder a lo que el aventurero busca al emprender su viaje. No todos los cuestionarios buscan ser igual de aleccionadores, mas proponer un resultado presupone determinada comparación, y finalmente se deriva entre la condenación y la distribución metódica de premios para cada persona. Varios tests tienen este modo, como aquellos que asemejan al lector a determinado arquetipo, personaje u oficio; simplemente se expresa por ellos la idea de la variedad, definida de antemano y necesaria para que el cuestionario mismo pueda ser compuesto. Es una suerte de engaño: diríamos que las preguntas forman el resultado final del cuestionario, mas la mayoría del tiempo estos resultados existen a priori y hay que llegar hasta ellos por algún camino. Son finalmente métodos de escritura, todo cuestionario presupone no solo determinada narrativa sino cierta dinámica de la creación literaria que es la producción de principios parciales y de finales. Todo cuestionario es en realidad antología de cuentos.

Seguramente la compulsión inmediata de algunos lectores será: quiero un cuestionario literario. Mi intención inicial era en efecto, armar un cuestionario directo sobre la escritura, solo que ya ven que me extendí de lo que debía ser un párrafo introductorio a toda una explicación genérica. Me disculpo por esta reacción, suelo tener este ánimo de completud de vez en cuando y me dejo ir en este blog. El punto de cuestión siendo: ¿qué podríamos esperar de un cuestionario literario? ¿no sería una explicitación del tipo de preguntas que cualquier libro nos postula cuando volteamos sus páginas? De hecho ha de poderse emplear de manera ejemplar y lograr un efecto propio muy directo, creo que la interacción con el lector es una variable siempre interesante, tal vez demasiado simplificada en el concepto lírico del test. Pero a su vez, si leemos un cuestionario como si se tratase simplemente de otro cuestionario, ¿no vence esto el propósito de la revolución de sus formas? ¿deberíamos leerlo como a una novela o un poema? ¿no se requiere de antemano una estrategia y una capacidad para abordarlo y hacerlo una experiencia única?

Por algún motivo presiento que es el lector y no el escritor que se encuentra en ese texto. Entonces la ausencia de género definido me desarma, la idea de una pregunta que no presuponga su respuesta supera un poco, me parece, al lenguaje convencional.

Suena árduo, mas lo pensaré, ¿por qué no? Hacer cosas imposibles es parte del trabajo.

Errata

1 May

Nadie respondió a la entrada de ayer, pero no soy tan inocente como para creer que iba suceder lo contrario después de casi un año de desarreglos en mi presencia virtual… Y sin embargo hoy estamos en medio de la agencia del cambio, primero declarado por el metatexto de hoy, que me tomaré la molestia de explicar no tanto porque me parezca ingenioso, sino porque en su naturaleza no debe resultar evidente.

El juego del tiempo es el primero de este blog, lo inmediato, la ventilación, un objeto que toma su odor cuando uno se pone en su presencia, como el cadaver de un gato dentro de una caja, entonces se verifica su putridez, aquella que puede haber disimulado la ausencia, la esencia. Encerrado en su tiempo, el texto es otro, responde a sus innecesarias reglas, al complejo arte de completarse por lo no dicho. Este blog se quiere improvisado, hasta ahora, para ser más del tiempo e imitar su materia. En este sentido se parece al discurso hablado.

Cuando se trata de la voz, de las palabras en el viento, entramos a un espacio en el cual la escritura no existe. Si la escritura es algo real, y existe, lo simplemente enunciado no. Esto no quiere decir que no sea real, los desertores de la ficción han exagerado las dimensiones de la irrealidad, la han denigrado pero sobre todo la han olvidado. No existe el discurso en directo porque solo es recuerdo de si mismo -ninguna idea se enuncia de momento, de golpe-, o se tiene en el espacio de la intención, antes de que el torpe ejercicio de la acción lo proyecte hacia lo real. Lo dicho no se dice, solo es dicho. Pero ser es momentaneo, no hay una homogeneidad que quede, toda identidad cambia.

Ahora si la palabra al viento es una cosa y la escrita otra -no se discute ni se permuta, no se busca la polémica entre las dos-, admitimos que su enfrentamiento es de perseverancia. Entre lo que existe y lo que no logrará jamás existir. Esta es la metatextualidad, un juego de existencias, la pretensión de una existencia en sí misma, del discurso que se da cuenta de que es discurso, pero en un estado absoluto de impotencia, de dicho, de irreactivo.

El metatexto aquí es la fatalidad de la desaparición, estamos ante una entrada que dejó de existir en el sentido propio, que gracias a la caducidad infinita de nuestras mejores máquinas, se funde con la nada en los archivos de memoria de algo que no puede estar muerto porque vivo nunca estuvo. Es una necesidad que el texto recobre esta capacidad de morir, porque en ella se juega su valor genuino. Tenemos pues la espontaneidad y luego tenemos el olvido. Vamos directo a la segunda fase de nuestro blog, y forzosamente a la que más tememos: la muerte.

Excepto que no podemos probablemente tener a la muerte porque es una ficción, quiero decir, es también un dicho. No hay muertes, solo hay lo muerto, y lo muerto es por definición lo que no está, lo olvidado, lo finito. Decimos que un verbo es perfectivo cuando se ha logrado todo, ninguna palabra y ninguna vida es perfectiva. No somos verbos, nunca, jamás, somos historias.

Yo juego con la mano abierta, como los encantadores frente al truco o la magia verdadera, que es de todas formas engaño -creer que no hay magia-, estamos en esta incógnita y la declaración. Voy a borrar metódicamente las entradas de este blog. En el método de esta tarea está la clave, no para producir ni reproducir -esta es la vida-, sino para olvidar, para cambiar -esto es lo dicho-. No guardaré, declaro como prueba de fidelidad -que a final de cuentas es finita-, recuerdo de aquello, ni archivo. Si otro lo hace por mí. Que Dios se apiade de su alma ¿no?

Recuperamos así la palabra, para siempre, o por un rato, apenas, indecisos. No es sino el segundo paso de la serie infinita que hace de la palabra lo que es, del metatexto texto, de los muertos vivos, y de las decisiones actos. Y el error. Siempre, primero, el errar.

Porno gratuito

16 Mar

Por primera vez en no se cuanto tiempo me hilé varios días consecutivos sin siquiera mirar el blog. ¿Podría decir que se me olvidó? Más o menos, estuve pensando en que publicaría hoy, pero ya para entonces un buen momento de silencio había pasado. Supongo que he estado distraído.

En fin hoy vamos a hablar de la pornografía. Más o menos en todo caso, porque como muchos otros géneros artísticos es difícil precisar si hay una o muchísimas pornografías. Aclaro, en caso de que alguno de los lectores sea pudorosamente menor de edad, que no habrá elocuentes imágenes ni censurables videos en la entrada presente, simplemente vamos a discutir del/los porno. ¿Por qué? Pues estamos en internet, uno debería sorprenderse cuando la pornografía está ausente del todo en internet, vaya vaya.

Una buena introducción quizás sería recordar la paradoja de la invención del deporte, la idea de que Montherlant inventa el deporte, y que este dejó de existir como tal. Es difícil para mí -que he llegado tan tarde en la repartición de dones y ascendencias-, hablar de una primera línea de pornografía, pero ya lo decía algún personaje de Bolaño, hace tiempo que las perversiones están todas inventadas, la gran novedad fue grabarlas. Aunque si orígenes vamos, dibujar/fotografiar sería anterior.

No es sorpresa para nadie que internet sea una herramienta perfecta para difundir la pornografía, tal vez la sorpresa mayor sería confirmar que la está destruyendo. Como suele suceder con los objetos masivos, la unificación y la limitación genérica está desafiando constantemente al género pornográfico a superarse a sí mismo, al pudor y a la sexualidad puesta en escena con cada vez más extravagantes novedades. La omnipresencia de la sexualidad solo hace que el efecto de la desnudez y la obscenidad se vuelvan cotidianas y pierdan su impacto. Cada día se requiere menos la pornografía, o diciéndolo de otro modo, cada día lo pornográfico se escapa de estos géneros en particular al mundo cotidiano. La vida imita al arte. El sexo toma sus lecciones del porno.

Volviendo al internet: la comunicación que hemos desarrollado por medio de la tecnología responde a las primeras inclinaciones sensoriales que son propias al hombre. Busque por internet y encontrará privilegiadas imágenes y palabras, luche bastante más y tal vez encuentre un catálogo decente de sonidos, mientras que pedir sabor, olor o tacto resulta absurdo como método de archivar y ordenar la información. Del mismo modo, es ridículo sopesar la pornografía en la medida que los usuarios y practicantes de esta pueden gozar la relación sexual puesta en escena y promovida, porque la sensación física del placer y la sicológica del erotismo son mucho menos sencillas de encontrar en nuestro arcoiris sensorial. Caemos en cuenta de la evidencia de que el porno está para ser visto, que es algo que busca un impacto visual y tergiversa la práctica sexual en sí misma. Recuerdo haber escuchado que la eyaculación extravaginal se ha vuelto más utilizada, siendo la razón evidente una identificación visual y un impacto estético por medio del ojo y no aquel de la sensación.

Ahora, erraría si pretendiera que el porno está de un lado y el erotismo del otro, supongo que dependerá de la definición de pornografía que uno emplee, pero en general se pretende parte del desarrollo sicológico que permite el erotismo, fuera por supuesto del género gonzo. Como mencioné antes, la presión pública en un mundo lleno de sexo-vuelto-barato ha entablado una dificultad exasperante respecto a cómo se pretende construir el erotismo, creo que esta difícultad es compartida con el género de terror, que también tiene que buscar fórmulas esenciales para tener éxito en asustar, ante un público que es más y más incrédulo. No pienso que en este sentido el porno requiera una medida de realidad, sino todo lo contrario, se halla no tanto en la búsqueda de una sensorialidad estética inmediata que comunique la sexualidad exudante de los cuerpos que se entrecogen, sino busca la ficcionalidad absoluta de la puesta en escena que propone. Como detalle genérico habría de decirse que un porno sin cortes de escenas, no es porno. Curiosamente, en esto la pornografía se parece mucho a la historieta.

Bueno, he visto que abordé muchas características del tema en cuestión muy someramente, supongo que ameritará alguna mención más detallada en otro instante, pues si no se pone a hablar uno sobre el canon estético de artificialidad, los pechos gigantes, los miembros inverosímiles o un fontanero que llega a una casa cualesquiera, no ha tratado uno el porno en sus dimensiones adecuadas. Pero como expliqué desde el inicio, el tema es enorme y desgraciadamente es fácil agotar las palabras para tratarlo, cuando todas las realidades populares y formulaicas entran en nuestra periferia porque les negamos la más mínima validez analítica y no admitimos su formulación.

Medir y estetizar el porno pareciera más obsceno que la pornografía misma.

Ver vida

11 Feb

(Con cariño a los actores de carrera, vivos o muertos)

Alguna vez dije que el cine nos ha cambiado la manera de mirar, pues distintivamente ha generado planos que el simple ojo humano no puede reproducir. Decimos que las herramientas extienden nuestros sentidos y que la memoria misma es una manera de interactuar con el universo. Toda extensión de los sentidos modificaría sin duda nuestro imaginario, de ahí que muchas sensaciones que se nos han reservado fueran ajenas o raras para una persona de otras épocas.

Un ejemplo bastante sencillo que sucedió entre la conversación de una cena: el testimonio. Tenemos que entre todo lo comunicado a través de una obra cualesquiera se filtra una cantidad involuntaria de información que va ilustrando ciertos cambios en la historia de una vida. El ejemplo literario es sin duda la obra de un autor cuya secuencia vital e intelectual puede perseguirse a través de sus lecturas, un ejemplo claro es Tolstoi -otro que me parece digno de mención y que es latinoamericano sería José María Arguedas-. Además de los volúmenes que tienen un contenido eminentemente autobiográfico, podemos notar la sensibilidad y el interés detrás de cada texto, no pocas veces identificaremos también la fatiga. Borges la cita en alguna de sus obras, arguye que la vejez inclina a los autores consumados a recurrir a las formas breves, limitación que del mismo modo puede atribuirse a un escritor ciego. En sí las carencias espirituales y las físicas suelen acompañarse, más acaso en el caso de las artes cuya aplicación es física más que en cualquier otro.

La figura del autor tiene algo de privilegiado en este universo de envejecimientos, pues no solo se trata de la figura identificable y corporal que solemos atribuir a la obra fílmica, sino que además presenta en un sentido muy literal la transformación personal de un hombre a través del tiempo. Sean o no la mayoría, un gran número de autores de profesión han enunciado carreras que nos permiten presenciarlos en distintas edades, con la extraña transformación y decadencia que los años suelen achacar en el cuerpo humano. Por supuesto, los discretos saltos entre cada película y la facilidad con la que podemos hallar una edad u otra intercambiando el órden de las ficciones pueden ser lugares comunes hoy día. Pero entre más intrincado volvemos la fantasía de esta extrañeza con más facilidad ponemos una pantalla de imaginario que no nos permite hallar una virtud innegable dentro de estos viajes temporales. Tal vez el impacto llegaría a nosotros solo si viésemos cada película el año de su salida y tratásemos de recordar la impresión que el protagonista nos causó en su momento determinado, o emplear una distancia análoga a la sugerida con una cantidad amplia de años de diferencia, podría intentar seguir la trayectoria de Charles Chaplin con la misma distancia temporal entre cada una de sus obras e intentar redescubrir en esa novedad mi propia impresión, un ritmo vital que entienda.

Es excepcional esta posición en que podemos presenciar la vida biológica de una persona en frente de la pantalla, conforme los años actúan con ellos y aprendemos a no reconocerlos. Si uno conjuga además a ciertos actores que han comenzado sus carreras desde sus años más pequeños, entramos en una dimensión de familiaridad visual que acaso sería posible ver tan solo para con nuestros hijos o nuestros hermanos. Y un fenómeno que podría tan solo ser tratado de detalle ilustra que nuestra manera de digerir el universo ya ha cambiado, que la noción de la distancia y la reproductibilidad no se asemeja a lo que generaciones anteriores a la nuestra pudieron concebir en los mismos objetos.

Puede ser también una cuestión de detalle, pero el internet ya ha obrado ciertas magias similares en nuestra memoria, nuestra mirada e incluso nuestra intimidad. Vale la pena interrogar de vez en cuando lo que uno sabe, y no lo que cree que sabe.

Del goce de leer

25 Ene

http://arrowni.podbean.com/mf/web/4dyhk/Elgocedeleer.mp3

Todavía no he decidido la duración estándar que voy a usar en mis podcasts, pero supongo que vale la mención de que pueden comentar para sugerir cambios. Y sí, mi gato estaba haciendo destrozos mientras grabé esto y puse el micrófono muy cerca de mi respiración. Pero como no tengo guión para estas entradas me temo que vamos a ser tolerantes con un mínimo de ruido ambiental, c’est la vie mes amis, c’est la vie.

La próxima, acaso seré más flojo al prepararla y tendré ambientación músical y toda la cosa, nunca se sabe…

Caragenda

6 Dic

Hemos hablado de Twitter, pero, ¿por qué no Facebook?

Creo que incluso ya expliqué por qué Twitter, la parte de la palabra, del género, de su popularidad inmediata. Facebook es más como el internet y menos como el discurso, entiéndase, la extraña información irrelevante que entretiene en lugar que la expresión torpe de uno mismo, por torpe que sea.

Discutiendo con Henri me sorprendí sosteniendo un propósito que me pareció sensato, casi reflexionado y tal vez vivido. Que el internet nunca tendría éxito fuera de un sistema unificado que lo haga estúpido para que sea accesible a cualquiera, y que Facebook se prestaba a ese fin: mostrando noticias, videos o fotos en una misma plataforma, que más que nada era única entre todo aunque no particularmente buena para nada.

La existencia web en un solo lugar solo parece sencillo, aunque sabemos y hemos discutido ya que la experiencia de la web -y de la vida-, es por fueza variada. Que usted y yo no usamos la misma internet, porque usted no escribe este blog y yo no lo leo perezosamente en su lugar. Pero cuando decimos experiencia decimos por mucho apariencia y me parece que en esta lógica puedo inscribir mucho del éxito de la plataforma virtual. Al hallarnos en una imagen repetida como la página principal de Facebook nada nos distrae, entendemos su platitud, y la información recobra su existencia abstracta. No caemos en la violencia que implicaría enfrentar lo desconocido o lo colorido. Comodidad pues, un esfuerzo del cerebro que presuponemos innecesario.

Encontraremos tal vez que en Facebook ciertas cosas se fácilitan. No me refiero a ninguna actividad en particular, pero mucho de lo referente a la comunicación es evidente. Ya no hablaríamos por teléfono a los amigos sino que les dejaríamos comentarios en Facebook, no haríamos esfuerzos de imaginación tienendo fotografías de nuestras queridas al alcance, y perderíamos el tiempo en lo mismo que nuestros compañeros antes incluso de que compartan el vicio con nosotros. La rapidez solo es tan increíble como lo gratuito de nuestro esfuerzo, empezamos pues a obviar muchas actividades y por fuerza a dejar de poner el empeño en expresiones distintas. Este es el riesgo general de Facebook, que nos olvidemos de lo que no hace por considerar todo lo que hace.

Pienso a veces que comienza por estos medios una suerte de división que me dejará como un anticuado usuario de la web más burda, de esos que se acuerdan que es un directorio web y que de vez en cuando se inscribe en uno. El arte de darse cita en un lugar y respetar este encuentro se perdió con la llegada del celular, me consuela un poco saber que seguiré teniendo muchísimas habilidades trogloditas cuando mi vida termine pues no aprendiendo tampoco desaprendí.

Seguramente lo mejor de una plataforma virtual es usarla para algo que no sirve, y volverla eso. Por ejemplo, me pondré a revisar lo que dicen todos mis “amigos” y escribiré un poema. Le dedicaré a cada cosa superficial que encuentre en la plataforma algún halago. Intentaré que una sola cosa que vea conjugue todas mis reflexiones por varias horas. Me obsesionaré hasta que todo se vuelva banal, pues, trataré de hacer lo contrario al olvido sino enfrentarme al encuentro.

Francamente, cuando me veo cerca de Facebook no solo me llega la vejez que me desconecta de esta moda, y otras como el smartfón, sino además soy un hombre asocial y esta incomodidad virtual se me presenta. Porque sería fácil enfrentar las ridículas proposiciones de un sinúmero de likes o de invitaciones, infinitamente más sencillo que la incomodidad profunda de atravesar las conversaciones monolíticas, la plática filosófica y las compras dominicales, que hallamos en la verdadera amistad, la presencia, un cuerpo que está ahí y que te causa toda la pena de la ausencia cuando te sabes distinto al que está. Y la facilidad pareciera alejarme de mi mismo, invitarme a volverme otro y a payasear como el anonimato -aunque nada menos anónimo que eso ¿no?- que internet ya daba.

Y ahora que lo pienso ¿por québook? entiendo la idea de la cara, aunque máscara quede notoriamente mejor, yo sé que la máscara es un elemento que perturba y atemoriza a nuestra sociedad, admitamos que se requiere ser luchador o superhéroe para portarla. Por otro lado, la parte de libro me interpela y se me requiere casi como un insulto, debe seguramente referir a una agenda en vez de a nuestro amado libro, aunque aclaro que el insulto no se debe a que tenga al tomo en buen concepto sino todo lo contrario. Facebook es tan múltiple y desproporcionado que es superior a cualquier libro. Su experiencia es un desorden y no una narración, un cuadro y no un discurso. Claro, me dirán que si se trata de calidad… Yo responderé que he leído textos atroces, y que una obra nace de su manera de hilarse, y que la creación comunitaria de Facebook es una riqueza y una complejidad. Pero tal vez que nos endormece y lo olvidamos se nos figura a pobreza. El rigor nos exigiría leer mejor, incluso en estos extraños casos.

Inter(ludio)net

25 Nov

Como antecedentes puedo presentar mi discurso sobre el Manual de Internet y una de mis entradas de la legitimidad. Sencillamente si es cuestión de justificar mi decisión de cambiar al menos en apariencia, la función de esta plataforma internet.

Ahora pues, no es como si hubiera una idea rigurosa a la que me estuviera aferrando al construir estos escritos, simplemente he tratado de mantener una atmósfera estimulante para la discusión, la mía con ustedes, de realizarse, y en todo caso, la mía con mí mismo. Pero casi por fuerza entrar a un círculo intrínsicamente social -por contados que sean ustedes, mis generosos lectores- exige alguna responsabilidad hacia el exterior. No me gustan tampoco los ejercicios masturbatorios que se disfrazan de análisis para entrar en sí mismos, en fin, he considerado dar algo…

Esto es algo que puede mantenerse en un nivel estrictamente teórico pues mis preocupaciones en este blog no han sido precisamente utilitarias. Y no sé si deberían serlo, tomando en cuenta el alcance que tengo y mi propia renuencia a posicionarme en el nivel de autoridad o de poder, que… Bueno, prefiero que usted decida si sigue leyendo o no, pero la acción bien concreta que quiero seguir -que puede quedarse en buenas intenciones-, requiere una cierta exigencia. Todo para decir que pienso reseñar e-books.

Pero por supuesto, la idea es reseñar libros que llegan directamente al formato en línea, sin que sean antes que nada hechos de mercado. Esto puede ser una idea aparatosa pues descalifica un montón de sistemas de e-book que permiten alguna ganancia, sea esta marginal u oscura, así como presentar una manifesta oposición a cualesquier tipo de editorial. No busca antagonizar editoriales, pero ante todo no busco volverme una ni reemplazarlas. Creo que si algún día me lanzo en el territorio de la edición tengo que hacer algunos experimentos y ver las cosas en cara, por lo que son y no por el mercado que representan -o incluso que pueden representar-. Seguro no valgo mierdas como editor pero esta experiencia no necesariamente queda descartada, y la lectura de estos textos publicados en línea puede prestarse valiosa para encarar un cuerpo de textos menos “filtrado”, y abordar el problema que viene por ello.

El juego aquí es tratar de no efectuar todos los pasos evidentes de una reseña literaria. No se trata de hacer promoción a los trabajos que busco, y mucho menos de buscarlos para darles promoción. No persigo tampoco el descubrimiento de nuevos talentos y libros que puedan lograr alguna fama, si bien es lo que deseo con mayor sinceridad. Sería inocente de mi parte emprender este experimento de una manera absolutamente convencional y esperar ser sorprendido por los resultados. Para mí el mundo del e-book es desconocido, y me propongo descubrirlo en la práctica. Por medio de esta reseña, tal vez pueda reconstituir el camino y que usted después de mí ponga las experiencias a mejor uso, tenga un mejor juicio -uno más suyo- frente a lo desconocido.

No se tratará de un formato de bentilaciones necesariamente, aunque sería lo óptimo. Las lecturas requieren un mínimo de anticipación y no tengo garantía de que ningún libro que halle me inspirará algún comentario. Hay un balance muy sútil y desagradable entre hacer una reseña o un análisis y escribir activamente al lado del libro, en este caso no puedo garantizar que encontraré gemas, o que tendré ganas siquiera de mencionarlas. Mas no es mi intención quedar en la buena intención, eso es lo molesto de la declaración pública, que frecuentemente es politizada en una suerte de compromiso, o mejor dicho en una responsabilidad. Ni me interesa esa legitimidad ni pretendo dar respuestas a aquellos que se interrogan todo del e-book o que quieren aventarse ellos mismos a esa travesía. Solo confirmo el hecho de que hay continuidad entre mis propósitos y lo que sigue, es la consecuencia lógica de una posición intelectual, moral o como se diga. Es la práctica de algunas teorías que hemos hablado.

Espero por este medio, por lo menos probarlas falaciosas. Pero en el fondo de mí, espero leer versos buenos, interesantes relatos y sorprenderme aunque sea de manera superficial. Así podré pensar en los que vuelven la literatura un asunto de control de calidad, en el producto “bruto” que no existe y del que acaso el e-book es un mal representante. Y finalmente -tal vez de ahí parte toda mi iniciativa- tener el amor propio para darle un justo título a un texto sin necesidad de cotar su contenido en papel.

Incluído este blog o lo que sea que llegue a publicarse virtualmente.

 

Inevitable, ¿o qué?

18 Nov

Bueno, les cuento lo que tengo que contar cuando se encuentra uno en la penosa necesidad de no postear una entrada decente por razones forzadas. Normalmente me censuraría y la trataría de subir, digamos, mañana. Pero creo que le quita algo de genuino y voy a expresarlo acá, en fin, por una vez la excusa es válida…

Hice una entrada y la computadora se la tragó. Se perdió para siempre, vale decirlo, no la escribí en otro sitio y fallé en copiarla antes de postear. Me enfurece saber que la había hallado satisfactoria e incluso e inteligente, la verán dentro de poco tiempo en otra encarnación, cuando trate de replicarla. Se trata de esa del diálogo que se llama “Inteligencia o sabiduría, lo que caiga”, la verán, espero, proximamente.

En todo caso, el fin de semana va a vedarme de manera bastante definitiva una entrada buena para remplazar, así que admitan mis excusas de antemano. Este espacio, para un par de comentarios y que sirva de otra cosa -que mi pathos- la intervención.

En los días que no subo entradas y que estoy disponible en la computadora -que no es siempre, pese a mi modo de vida casi virtual-, estoy publicando en esta plataforma internet -twitter, ¿la ha oído?-, algunos breves comentarios que varían yo diría bastante del usual vocabulario y los temas de este blog, en ese sentido creo que es un complemento interesante, acaso porque me niego a usarlo para decir que fui al baño.

Además de mi blog he subido un par de vínculos más sobre temas de reflexión literaria u otros que me han parecido dignos de compartir, no son los únicos en la web ni constituyen el resultado de una búsqueda extensiva, pero me he dicho que se merecen mi reconocimiento, y que finalmente internet es un sitio de constante tránsito donde no vale la pena que mi blog sea un callejón sin salida. No tengo intercambios con los escritores de dichos sitios por lo general, ni espero retribución alguna de ellos, del mismo modo, puedo removerlos de ahí si recuerdo que existen, lo cual no debe ser leído como una crítica etc. etc. ya saben la cosa.

Y bueno, proximamente otros temas maravillosos como algún hobbie japonés, o los tests de cosmopólitan, la contradicción que es la pregunta y muchas otras variedades de esas que son más comunes en este sitio. Pasen un excelente fin de semana, y dicho sea de paso, no guardo rencor personal contra wordpress… Aún.

Diccionario judío

19 Oct

Nada menos que en una revista literaria, me encontré con la reciente publicación de un diccionario enciclopédico del judaísmo, con una reseña indicando sus incógnitas -¿cuándo se es judío?-, sus personalidades y sus controversias. El artículo, más o menos promocional, me pareció curioso, y por lo mismo lo hallé estimulante para el pensamiento -hacer algo con la curiosidad aparte de tenerla-. Me interrogué sobre la necesidad de dicha publicación, y tras unos minutos de reflexión la encontré sencillamente brillante. Y luego pensé en wikipedia.

Imagino que a estas alturas todo el mundo tiene suficiente pensamiento crítico para cuestionar el funcionamiento y la práctica que se han desencadenado con la enciclopedia de internet, en este caso echar fuego a la controversia no se me figura importante, mas he de admitir que los puntos son válidos. Se teme, por ejemplo, la homogeneización de las fuentes de información, particularmente la inválida reflexión de que el conocimiento es uno, y que la wikipedia representa una visión válida de algo –aunque fuese la cultura dicha, occidental-. Nosotros sabemos que cada cultura es excepción y por lo tanto las reglas puestas por wikipedia ni nos van ni nos vienen.

Una enciclopedia propone porypor definición una visión consolidada del catálogo de objetos que contiene. Se requiere un mínimo de legitimidad, de fuentes, de conocimiento dicho histórico. Ninguna enciclopedia, por lo mismo, busca ser exhaustiva; el saber probado y reprobado es de una suerte que escapa siempre al discurso y en cierto momento, lo legítimo deja de tener no solo validez sino sentido. El enciclopedista por extrapolación es una suerte de Adan moderno, que trata de reencontrarle nombres a las cosas que ya son, y por esos nombres contener la cosa misma en un fenómeno seudo-mágico. La enciclopedia es una suerte de posesión y de dominio, su discurso, cuando no riguroso porypor definición, tiene siempre tintes de poder.

La tecnología de esta enciclopedia/diccionario del judaísmo, no es ni nueva ni tampoco profundamente artística, pero con la vacuidad que sufre la información de hoy día por el fenómeno de internet, acaso su relevancia se ha incrementado por ende. Un dato cualquiera es nada en el abismo que es internet, su sentido está comprometido con su fuente y su lugar de enunciación. Con la cuestión del anonimato uno no sabe, simplemente, de dónde vienen las cosas, incluso este blog pudiera ser una sucesión de plagios, si no lo abordase con un género que expusiera por su gratuidad y abundancia, una continuidad evidente. Las enciclopedias clásicas, eran para bien o para mal, tarea de individuos bien definidos anclados para bien o para mal, en un modelo discursivo bien limitado. Nuestra obra judía no hace sino incrementar aún cuan particular es el contenido, cuan irreparablemente límitado es con respecto al tsunami de información que la actualidad nos presenta. Y ya lo decía Gide, de lo particular a lo general, solo dentro de un cuadro debidamente limitado, la información misma recobra su gravedad y su sentido. Solo en contexto el azar importa.

Todo ejercicio de poder tiene su lado arbitrario, así también las enciclopedias, la pretensión de universalidad solo las vuelve objetos extraños y nebulosos que no sirven bien a los proyectos inventivos. Borges regresa asiduamente a su Enciclopedia Britannica no buscando simplemente méritos y referencias, sino menoscabos y anécdotas. La enciclopedia -sugiere Borges-, es a la manera de la teología, una excelente fuente de ficción; un género del todo depurado por su seriedad y su temática, que no son menos arbitrarias que el tipo de discurso que emplean. Habría que producir enciclopedias marginales, pues solo aquellas reconocen y reproducen los objetos con la misma voluntad recreadora que lo hace la literatura. Admitiblemente, podrían perder parte de su absurda ficcionalidad, pero su capacidad referencial y contextual las volvería ejercicios interesantísimos del punto de vista estético y sensible.

Imagine por ejemplo que todas mis definiciones -o ausencia de estas- se aglomeraran en una suerte de enciclopedia del presente blog, llamémosle índice si uno requiere tales precisiones. Esto ya sería una ficción enorme, desde que partiría del principio de la contradicción, y podría ser una lectura entretenida. La búsqueda de totalidad o la retórica del embrollo que sufren las literaturas secundarias del estilo son encantadoras, como ya hemos notado -los ejemplos pueden verse en 2666 o en Rayuela. Vislumbre en esta práctica una válidez literaria de la enciclopedia y el diccionario, que acaso es la única que le queda a cualquier ejemplar de este género, hoy que la información no vale el bit donde se guarda.

El arte, si se quiere, está en las pequeñas controversias que el mediador trata de evitar, y que en nosotros son reconocidas como prueba del caos humano que representa la visión del mundo. No lo achaco a la pura subjetividad, sino a la voluntad primaria que tenemos de hacer de los discursos algo más increíble que las cosas que los producen. Existen también valores que exaltan la imaginación de tal objeto, como la fatiga y el error. La belleza del hombre mismo detrás de la palabra, que es finalmente, la belleza de la palabra.

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