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Debout

26 Mar

El ateísmo es un concepto radical. No tratamos pues, con la permisiva sensación de vacío frente a la muerte, la desesperanza o el filosófico deslate, sino una fuente intelectuar por la que fluye la convicción, una suerte de enunciaciones abstractas que tienen más sentido para un creyente que las palabras que las constituyen. Todo aparato de destrucción metódica pertenece a la categoría de lo iconoclasta, de reconocer una figura virtual como un objeto trascendente para proceder a destruirlo.

¿Podría haber ateísmo sin religión? Creo que sí, del mismo modo en que el budismo no requiere la religión Shinto para ser concebida, la noción ideológica detrás del verdadero ateísmo no es una simple negación de cualesquier y todas las divinidades, sino una problemática relación con el universo. No se es ateo ante ninguna divinidad, ni ante la sociedad, ni siquiera ante sí mismo, pero se abstrae un agente impersonal al que se le dedica un espacio en blanco de suma significación: es significativa la ausencia de dios, la revalorización de la consecuencia y las fuerzas naturales como motores del universo viviente y muerto. Se necesita el pensamiento y la razón para concebir el ateísmo, pues no se trata simplemente de un abandono o una ausencia, sino de una construcción formal de las ideas. Es y será siempre rádical, pues así sucede con la transformación de las ideas en hechos trágicos y reales.

Lo mismo puede decirse del pensamiento apolítico. No presupone la simple tibieza de los poco convencidos, o de la distracción, sino que propone una profunda hostilidad y un desacato de las leyes que la política propone. No consiste, como ya expliqué, de la simple desvalorización metódica de toda idea política -las ideologías radicales suelen tratar de falsas otras ideologías-, sino que integra un cuerpo formal de ideas consistentes y rebuscadas que pretenden explicar un funcionamiento social. Finalmente hay pocos hombres más interesados en la política que el apolítico, pues este se ha dado a la tarea de examinar y descartar todas las corrientes políticas para justificar el orden de sus ideas. En este sentido, no hay nadie más enamorado de su gobierno que un anarquista, no porque requiera del gobierno para existir, sino porque su proposición de superación de un ente gubernamental presupone el empleo de un gobierno preexistente. Pues, justifica y desarrolla la expande las ideas políticas, pero las posiciona en otra dirección. No es muy diferente a la destrucción del catolicismo por las primeras esferas protestantes, como en el caso del ateísmo parecemos entrar en un círculo que presupone la causa y consecuencia como elementos motores principales de la idea.

¿Quiénes son pues los verdaderos desertores de la política y la religión? ¿las legiones de abtensionistas y musulmanes no practicantes? ¿los políticos profesionales que cambian de partido como de calcetines? Diría primero que nada, los incapaces de hablar y de hacer política. He explicado antes que la periferia se encuentra en un estado privilegiado donde no solo se está privado del discurso, sino que se haya enfrente de la muy real circunstancia de que esa imposibilidad de hablar sea parte de su propia definición. Uno no aprende de los indígenas saqueando sus tumbas y metiendo momias en los museos, el gesto mismo ha destruído todo valor indígena que la tumba podía representar. Del mismo modo, no se invita o no se puede invitar a los niños a escribir cuentos y dictar lecciones en la universidad, pues tan solo al dar formato a la palabra de un niño para introducirlo al circuito universitario ya se ha despreciado la validez de su infancia y devaluado todo discurso suyo. Aquellos que no tienen política o religión, pueden entablar actos que podemos catalogar de rituales o de partisanos sin que esto tenga efecto en su comportamiento o en su forma de pensar. El obrero es un ejemplo magnífico. No se deja de ser un trabajador al momento de participar en una marcha, de discutir con un sidicalista o de dormir al lado de su mujer. No se deja de ser un obrero ni siquiera al ser despedido. Pero si uno integra el sindicato y se inclina por la palabra pública deja inmediatamente de ser obrero y se vuelve sindicalista. Porque por excelencia el trabajador sisintelea en la fábrica, es un ente cuya acción precede a cualquier instrumentalización y producción de discurso en su pos.

Como resulta evidente, se trata de la mayor parte del mundo. Podría catalogarse en la ignorancia de una masa de personas mudas y sin opinion, los tibios de este mundo. ¿No son también por fuerza los excluídos y menos comprendidos? ¿aquellos que la política y la religión -o si uno permite humanismos, los hombres– más debieran intentar salvar?

¿Sí? ¿no? Tiene razón, no.

Felices los que creen sin haber visto

8 Feb

He tenido una semana especialmente productiva en cuanto lecturas, lo cual es relativamente extraño ¿no? Al menos lo ha sido para mí y la indisposición arbirtaria de estas lecturas me toma un poco desprevenido. ¿Cambiaría mis aficiones si tuviera la oportunidad por arte de magia? No lo creo, el cerebro tiene demasiadas relaciones para imponerse radicalmente una simple actividad, ya es suficientemente problemático tener un trabajo…

Mis lecturas han sido variadas, algo de Tezuka, de (Terry) Moore, Quiriny, Monterroso y Sepulveda. Además del ritmo de lectura tan prodigioso también ha sido mucho de mi gusto, a sabiendas además, pues aunque no he leído extensivamente a ninguno, me sospechaba todas estas afinidades de antemano. Lo que toca el tema incansable de la prelectura: saber que una obra te gustará antes de leerla.

Esto me pasa razonablemente seguido, por ejemplo, con Strangers in Paradise sabía que me embarcaba en una lectura partisana. Solo conocía superficialmente el estilo de Terry Moore, y de una distancia razonable sus temas, pero sabía que garantizaban mi interés. Y esto, no sabiendo nada, ni nombres de personajes, ni historia, ni habiendo leyendo fatigosos análisis, simplemente una hojeada o un comentario al pasar. Requiere la confianza en los comentarios de los otros, determinados lectores son tan leales a nuestras afinidades como podemos llegar a serlo nosotros mismos.

No puedo poner más énfasis en cuan importante es conocer la literatura sin haberla leído, poder hablar e intercambiar sobre textos que uno no ha experimentado de primera mano.  Porque nunca leerá alguien todo, pero sin conocimientos se halla en un espacio ciego. Además, gracias a que el lenguaje es un objeto estructurado podemos abstraer fácilmente una obra, no es del todo arduo. No toda manera es legítima para leer un texto, por consecuencia, tampoco cualquier tipo de “lectura ajena” es convincente. Haga confianza a los demás, confirme que no buscan sabotearlo e intercambie con ellos. Me gusta que me recomenden libros aunque nunca los vaya a leer, es enriquecedor y enseña mucho de la literatura.

Del mismo modo que no debe alterarnos el creer sin conocer, no debemos temer a que preferamos algo que no conocemos. Somos animales capaces de predecir, sabemos lo que nos agrada con más facilidad de lo desconocido, unos simples trazos bastan para abstraer nuestro gusto. En Strangers, sabía que la óptica femenina era algo de lo mío, de esas cosas que precio bastante en un modo personal, me gustaba el arte como lo había visto y tenía mucho de lo que yo mismo había intentado avanzar en mis propuestas -nunca publicadas- de historieta. Son cosas muy sencillas y muy naturales en realidad, pero por eso mismo soy parcial para con ellas. El niño tiene este tipo de genialidad, de saber qué cosas le pueden gustar de inmediato y rechazar tajantemente las que no. Por supuesto, él no se espera la transformación, pues aún no se ha resignado, pero la descubre con frecuencia y se reinventa. La invención requiere la proyección, por eso también somos capaces de ver una obra que apenas hemos rozado: es lo mismo que hacemos nosotros cuando escribimos, un texto se nos vuelve la proyección que ideamos de inicio. Como el niño, también cambia.

Cambiando de tema (para terminar), oí que un cineasta mexicano -Carlos Reygadas- dijo que el cine no es para narrar, y que esperar que le cuenten a uno historias al ver películas “no es el cine”. Naturalmente estoy de acuerdo. Por otro lado luego dice que para el que quiera historias, están los libros,  lo tomo como una ofensa: ¿por qué? La literatura tampoco es para contar historias, ni hacer poemas, si uno quiere que le cuenten un cuento, se va con un cuentista, no comete el mismo error de juzgar otro arte como el propio es mal juzgado. Supongo que es un argumento lanzado en el calor de la discusión, o que la gente no lee mucho en México, pero me dan ganas de corregirlo, ¿por qué? Pues porque puedo.

Sin ver la película de este muchacho, me digo que tiene todo el potencial de agradarme.

Desordorantes

15 Ene

No sé si la literatura sufre de tendencias puristas o esencialistas más que otras actividades humanas, aunque la presencia de argumentaciones de este estilo marcó bastante mi reflexión crítica durante varios años, fui comprendiendo al final que poner demasiada atención al purismo es también caer en su juego. Personalmente mi gusto por el arte viene mucho por su carga estética y por los elementos que encuentro estimulantes, no es tanto, por su valor como entretenimiento ni mucho menos por el respeto a un determinado canon que halle por demás encantador. Pero puedo razonar y entender que el gesto que los puristas intentan demostrar con sus observaciones es una suerte de amor al género, un amor que en términos cristianos podría pensarse pecador: desordenado o mal dirigido.

¿Pero esa caracterización de un afecto con determinada carga moral no es contradictorio con mi propio sentido de la estética? Básicamente me forzaría a defender una posición que no sería otra que “lo bueno es bello”, lo cual si bien se sostiene mucho el tiempo es bastante pobre como término general. En realidad mi comparación con el pecado no tiene un sentido moral, sino señala precisamente un orden-otro, que es finalmente inconveniente. Uno peca con la convicción de que determinada lógica se lo dicta, esto se puede concebir como un desorden o una falta de razón. Por supuesto, el argumento general podría presentarse como “contra qué se peca”, evidentemente no tenemos un elemento objetivo universal que nos sugiera el valor no-divino del pecado, del mismo modo que lo encontramos en la arena de lo defensible y de lo falso. El orden al que me refiero es una sencilla convicción, que se resume en la creencia de que ciertas secuencias debocan en la devaluación y la destrucción final de los valores, y si esta definición matemática se sostiene, podría identificarse fácilmente con el purismo. Lo que no reduce el arte producido por el purismo a una suerte de mecánica inferior, mas eso se abordará luego.

Primeramente cabe señalar que el purismo es una tendencia popular. Tómese el ejemplo de las películas culto y de sus secuelas, pienso en Halloween,  una serie de films slasher, con un órden estético simple y bien definido. Si desconocen el concepto se trata simplemente de un asesino que masacra secuencialmente a un grupo de personajes por medio de una suerte de persecusión o asedio constante, no pocas veces dicha caza pareciera sobrenatural -hallaremos su origen en otra expresión popular: el cuento folclórico-. En el caso de Halloween el tercer film de la serie se separa de la receta original postulando otra historia de terror que no responde al género slasher, la respuesta del público fue un rechazo brutal: el que seguía una serie de películas no esperaba una variación miscelánea de historias de terror, sino una continuación fiel al concepto ya enunciado. Se puede hacer un paralelo entre el éxito estrepitoso de series de novelas -tales como Harry Potter-, frente a la aceptación siempre tibia que tienen las antologías de cuentos en cualesquier mercado: la variedad y las disonancias son elementos indeseables en lo que respecta a la lectura de masas.

La ortodoxia genérica no es sino una variante de esta respuesta popular, en que la novedad es vista con desconfianza. Entendemos que una progresión de historias semejantes respetando un mismo canon genérico no producirá todos los tipos de arte, corre el riesgo casi seguro de fatigar incluso a los más grandes admiradores de esta expresión pura. Y esta secuencia tan literalmente ordenada, encontramos una afrenta contra un orden de expectativas, que responde tanto a la similitud como a la variedad. Su capacidad de reproducción es limitada, pero esto no resta un ápice a su capacidad de producir.

Ambos el purismo personal y el popular sugieren una misma posición intelectual -los niños responden de manera favorable a la repetición-: la validez de la relectura y el goce obtenido de una obra dentro de su unicidad. En el fondo deseamos releer el mismo libro, ver el mismo film, multiples ocasiones y que nos siga estimulando, pues en alguna ocasión ya lo ha hecho. Y queremos del mismo modo que la obra sea ella misma, y no pretenda robar ni tomar prestados elementos que la vuelvan demasiado “como las demás”. Solo que cualquier proposición de identidad, de unidad, no es sino una selección de elementos dispares que se hallan en todas partes y que solo suspenden nuestra capacidad de identificar. Todo es contínuo y está junto, sin duda Halloween es también los cuentos folclóricos que la contienen y los ascépticos goces intelectuales que pretenden devaluarla. Negar arbitrariamente el purismo también es una forma de purismo, una obsesión por la novedad que históricamente no ha hecho sino repetirse sin realmente entregarnos nunca la novedad. Creo que por lo menos, el lector puede asumir esta importancia de la relectura y la sabiduría que de otro modo restamos a los niños, a los ortodoxos y a los numerosos.

Encontrarse con el desorden tal como es, sin asombro y sin ira.

La niña pintada

5 Jul

…dilema, este es un problema que tienen todas las definiciones. Es algo futil tratar de discutir un objeto usando distintas definiciones, ahora que acabo de ilustrar alguna característica de lo que a mi parecer es lo femenino, no puedo pretender reductoramente que daré cuenta concreta del objeto real y experimentado al que la palabra refiere. Trataré sinembargo, de mostrar como lo discutivo se aproxima intuitivamente a la feminidad que encontraremos en nuestra vida.

Mi visión de lo femenino, siguiendo el molde de la edad adulta, presupone un propósito formal, un devenir que se ancla en la cultura.La importancia de ser adulto se encuentra en la practicidad, en el mundo cultural y visible. Más que nada lo adulto debe lograr un efecto de ilusión. En este tratamiento que se requiere para lograr una apariencia encontramos la esencia femenina.

Trataré un ejemplo convencional, el de la niña que se maquilla. El empleo del maquillaje, altamente femenino, parece transponerse a la niña como una especie de deber futuro, como asumir de antemano la transformación de la feminidad. Pero el maquillaje no es propio del infante, más de un padre lo deplora. Aquí podemos ilustrar como se acompaña la analogía entre lo femenino y la edad adulta, la niña está excluída del circuito de lo que se define femenino mas en su empeño ayuda a encontrar las características de la esencia mujer. Lo que no quiere decir que el rol infante no posea también una dimensión que remita al sexo, un niño y una niña son entes básicamente independientes. Si vemos el objeto desde nuestra sociedad actual -capitalista/consumista-,vamos a hallar que los bienes de consumo que se producen para la niña tienen alguna estética. Tenemos pues, una diferencia fundamental entre lo femenino y lo adulto, y es que se admite la parcialidad de lo primero en lo que remite al discurso, mientras que el adulto se pretende universal. Existen productos femeninos porque la categoría feminitendiente existe. Se admite que la mujer no es propiamente un adulto.

Esta absurdidad puede encontrarse en un fenómeno masivo del siglo pasado: La inclusión de la mujer a la esfera laboral. La práctica de que la mujer se “masculinice” para formar parte del circuito del trabajo enfatiza la competencia entre el mundo femenino y la sociedad moderna. En el universo del trabajo, el adulto es un individuo privilegiado que debe borrar sus funciones para volverse esencialmente nada más que un adulto. Se nos sugiere con fuerza que la feminidad también debe perderse. Las actividades que se quieren “propias a la mujer” se han constituído como partes centrales de la lucha por la igualdad de los sexos, en una paradoxal actividad que busca contrarrestar la homogeneidad del trabajo -un tipo de igualdad-, por la puntualidad del discurso de derecho. Solo que el adulto es una ilusión, una materia que se empeña simplemente en detener los problemas a la puerta del trabajo, no de solucionarlos. No se puede alterar fundamentalmente la relación de los sexos sin desartícular la identidad del individuo adulto en la sociedad. El adulto afrenta las otras prácticas humanas.

Entonces decimos que lo femenino remite a algo similar a lo adulto pero carente de verdadera universalidad. Aquí uso la palabra universal como una pretensión que pretende valía al interior de una cultura, contrario a aquella que busca valer en todas las culturas*. Al tratarse de algo que supera la simple vida orgánica y que se define por la impresión, sabemos que su distancia con la niña no puede venir de la edad. Voy a sugerir, como suena bastante intuitivo, que lo femenino tiene cierta relación con la sexualidad personal, y que existiendo en una sociedad donde el sexo infantil es suprimido con fanática devoción, la noción no puede emplearse en una niña. Sin embargo insisto en que la noción no es biológica, no se trata verdaderamente de la edad que una niña pueda poseer, la persona física en su feminidad depende más bien de la aparienica. Una niña puede admitirse femenina si parece más bien adulta y se ignora su edad, una adulta puede luchar por ser femenina si aparenta situaciones distintas al canon estético fijo -sea por vejez o complexión, por ejemplo-.

Pero como la feminidad es un perpetuo devenir y además no se presenta como normal en contraste con el canon adulto, siempre existe la feminidad en potencia. No se requiere ser femenino, basta con tomar medidas para poder aproximarse a ello. Entonces, el lado femenino existe en cierto modo, solo que la noción de lado no es personal, sino más bien geométrica. Uno se encuentra de lado, en una periferia de la verdadera feminidad. Es imposible tener un lado femenino, pues lo femenino no se tiene, sino que se busca. Lo que, si uno se pone a pensarlo, no nos ha dejado un pelo más cerca de entender qué es femenino finalmente.

 

Pagina dibujada

28 Jun

Ahora que reflexiono sobre la ilustración es sospechoso que guste especialmente a los niños, o más bien, que deje de gustarnos envejecidos reconociendo el impacto visual que poseen. ¿Por qué no aceptar la imagen como una herramienta de entendimiento al nivel de la palabra? ¿por qué se reduce la ilustración a los libros infantiles?

Sobre esta cuestión de la edad, hay que recordar lo paradigmático de los libros infantiles, el hecho de que no son niños sino adultos que los conciben. Si uno mantuviera la mentalidad de un infante, los libros como los conocemos no existirían. Muchos empleos de la imagen se quieren como una variante pedagógica de la información, mas se quiere siempre que funcione como una introducción al texto. El arte, en sí, no pareciera tampoco responder al mismo afan que las ilustraciones tienen en los libros mencionados, pues las estéticas adultas son enteramente distintas a las ahí mostradas.

Mi deducción -bruta- es considerar que el niño emplea la imagen con una finalidad distinta y prácticamente opuesta a la que el arte de la pintura encarna. Por varias razones no vale la pena intentar concretar el argumento, mas la hipótesis sería que para el niño el objeto es una manera de enteder -supercede al lenguaje-, mientras que para el arte es un objeto-en-sí-mismo o una experiencia. Estoy bastante seguro de que aún entonces, la visión infantil no excluye las espectativas puestas por el arte, sino que sencillamente no las favorece. Mi conclusión sería, que la visión infantil por ser múltiple es más rica, y por esto permite al niño gustar de la ilustración.

Históricamente, el vínculo estrecho entre la imagen y la palabra han sido los conceptos de símbolo y ornamento. Una ilustración podía integrarse a un relato para aumentar su valor de objeto -libro- y embellecerlo de tal manera de que la posesión de este fuese más grata. Entendemos que conforme la producción en masa ha ido dominando los medios de producción menos visiones artesanales del libro y la imagen ha podido constituirse. En este sentido la ilustración no distaría de la caligrafía, que aún en nuestra visión parcial del libro, propone un cierto valor añadido y estético que podemos intuir.

La función símbolo es un tanto más problemática, sugiere en realidad, una sustitución analógica de un objeto por otro, mas no se trata de una función de lenguaje. Digo que no se constituye como un lenguaje pues carece de un poder de auto-referencia, el símbolo envía a un objeto pero el conjunto de ilustraciones no envían a la totalidad del libro, son un apartado, son símbolos adjuntos y no símbolos íntegros del texto en sí. Tal vez encontremos como excepción textos esencialmente antiguos como se puede tratar de la biblia, que si uno se lo permite, puede ser leída como una colección de imágenes que refieren a un objeto de fe, y a su vez constituyen juntas la totalidad del relato enunciado. La función simbólica de la imagen pues, no parece concretarse en los textos de ficción, pues su manera de conjugarse resulta incapaz de dar cuenta de dicho valor analógico que inclina al lenguaje.

Podría sin duda, tenerse alguna edición de tal o cual texto conocido -digamos la Comedia-, que recorriendo con ilustraciones toda la narración, imitara la forma simbólica que mencioné arriba, en la cual la totalidad de imágenes remite a todo el texto, como cada imagen es símbolo de un valor abstracto. Intuyo que aún en este caso valiente, nos quedaríamos en la parcialidad del valor visual. Esto tal vez se deba en que el artificio en cuestión consistiría en montar unos cuadros a partir de un texto ya existente, en el rigor de que siempre el texto será anterior a la ilustración. En esta subordinación, me parece, no puede hallarse el valor total de comunicación de la imagen, que ya en otra ocasión, mencionaremos dentro de su función vichiana.

Los libros para niños también contienen ese grado de artificialidad que mencioné en el ejemplo anterior, mas la lectura típicamente niña sobre pasa las espectativas de creación, y supone que la imagen antecede al texto, pues muestra al objeto real que el texto refiere, y dado que el texto se debió recopilar después de los eventos enunciados, la imagen es anterior a él. Este tipo de ficción es empleada por Antoine de Saint-Exupery en su Petit Prince, cuando cuenta la anecdota de los dibujos, entre ellos aquel del la boa que come al elefante. Esa imagen, dentro del contexto de la historia, antecede al relato mismo del encuentro con el principio y remite en la ilustración, la referencia primera al objeto real, superando la relevancia del texto.

Lo que no quiere decir que la imagen deba luchar tan solo por recuperar su calidad de discurso dentro de los libros, podríamos también querer, por ejemplo, que el texto recupere su calidad de imagen. En cierto sentido, los caligramas de Apollinaire persiguen estos efectos. Y se le ocurrirán a usted, otras transgresiones acaso más reales.

Real

24 May

(Encontré durante uno de mis paseos al Jardin des plantes a uno de estos pavo reales que vagan por el lugar, con sus breves cuellos de ídilico color, y su extraño porte que uno diría humano*. Irrumpe con violencia en mi lectura de Canto General, pues casi por fuerza, el poema escrito está suspendido en el tiempo esperando, mientras el poema animal no espera ni emite pausas. Suele tener este efecto en mí, el jardín. Su sensorialidad se sobrepone a la ya rutinaria mirada que lanzo a los textos, que los persigue, como si nada hubiera más que ellos.

El ave demuestra lo contrario -iba decir el pájaro, cosa que un pavo real no es**-, impone su orgánica presencia sobre el orden de mi artificial costumbre, entiendo que el espectáculo de su vitalidad es más vigente y su acción me merece tanto afecto y atención como el tiempo me lo permita. Redundante reconocer cuán hermoso es un pavo real, especialmente ahora, extendiendo sus plumas

Estos pavo reales no son aquel que vi

majestuosamente. Como si se tratase de una interacción que tuviera conmigo, o con el necio animal anónimo que menea las hojas en un árbol cercano.

*- Cabría mejor decir, que el porte humano parece pavo real. No olvidemos que por genealogía las aves descienden de aquellos que patentaron el caminar en dos patas con el éxito mundial: Los dinosaurios. Nosotros, más o menos exitosos, tenemos el mismo don. Podría ser un eco de la historia o de la vida.

Su actitud debe responder a algún capricho fastuoso que soy incapaz de percibir, entiendo que se colocan así para impresionar a sus hembras y a sus rivales, que ganan dimensiones para transformarse en un multiforme ente de muchos ojos, cuyo volumen puede sorprendernos. He de pensar que para nosotros, animales exteriores, en efecto se nos figuró una especie de deidad avasalladora, con una soberanía que se figura incluso en su nombre español -pavo real-.

Pienso de nuevo en el capricho de la adaptación, en lo increíble que es el pavo real, y en la sonaja que suena al mover sus plumas. Me doy cuenta que ya estoy impresionado por sus dimensiones, pues semejante a un perro mediano, supera a aquella de los patos y gallos, a quienes tengo por estándar en el género de bípedos emplumados.

***- Si es una interacción, si está dominandome discursivamente. Se ha vuelto arte, me ha obligado a contemplarlo, me ha impuesto si dialecto animal en el que algunas posiciones -correr tras él, pretender que los dos no estamos ahí, fingir indiferencia-, son siempre naturales. Y yo le respondo sin resolverme a enunciar palabra, hasta que de nuevo comienzo con Neruda, pensando que le cuento a este bípedo el conflicto del comunismo cuyo final pienso saber, ahora con décadas de por medio.

He visto a otro, o a este muchacho, paséandose sin reverencia, comiendo botones de oro, como si el jardín le presentara una vida cómoda que a su raza le sentara tan bien. Entiendo que de cierta manera es como un eden, este sitio sin predación en cuyas cerradas puertas solo cruza el ocasional niño con su hostilidad. El diálogo del niño y el animal, más sincero que el que entablo yo con él*** -pese a mis esfuerzos, aunque yo también me pretenda niño para parecerme al pequeño, o al pavo real, para encontrarme en esa extraña naturaleza-, donde uno persigue al otro, o lo mira con extrañeza. Donde la vida, que es de todos los días, se les figura extraña y a la vez común.

**- Que a final de cuentas un pavo real no sea ninguna palabra, no hace mella en mi sensación. Si he querido decirle pájaro, es porque la palabra, estdrújula y gutural como es, extrañamente española en su estética y forma -al menos los franceses no la pronuncian-, se me figura una palabra hermosa, y este animal es hermoso. Pienso precisamente, que en todo es hermoso, incluso en su encarnizada búsqueda por comida, su hostilidad a la domesticación y a los turistas, su indiferencia total al recoger las migajas que le tiran. Veo que él, contrario a los gansos que viven un poco más lejos, no se cree domesticado, él tan solo aprovecha los dones que el universo le brindan, con esa pasividad aparente que tengo yo mismo al mirar al pavo real, y levantar la mirada de esa página confundido, donde Neruda trataba en vano de escribir la revolución, la que yo mismo enunciaba fingiendo voces que a mí me eran extranjeras.

Finalmente, absorbiendo todo lo que puedo del animal, me retiro a seguir con mis divagaciones intelectuales, he visto un gallo pasando, y me ha encantado también. Y lo que no dije, esa bella voz del pavo real, que a su vez me maravilla y…)

Entrando a la edad adulta

22 May

Las palabras, con sus problemáticas, pertenecen al universo de la literatura. Hay algo de filosófico sin embargo, algo que sin duda remite al pensamiento. Solo que heredamos las palabras muchas veces sin inventarlas, sin realmente asumir lo que sus implicaciones y sigificados pueden querer decir. Primero fue el verbo y luego pensar.

Voy a problematizar pues, dentro de un concepto, de una palabra. He elegido este término en particular porque concierne a una realidad que puedo decir mía, sin verdaderamente escaparse de la rígidez absurda que tiene nuestro aprentizaje social. Es un término con muchas transformaciones históricas, y que paradoxalmente, existe y no ha existido a la vez. Mi compromiso es hacer una serie de artículos válidos en el tema: Hablo de la edad adulta.

Efectuaremos pues, una pequeña desconstrucción de este concepto, ¿por qué la adultez? ¿a qué nos remite hoy día? Veremos cómo posee sus espectativas sociales y que dichas espectativas funcionan como un género, como un molde que dirige a las personas. Nos remitiremos también a este concepto dentro de la literatura, hablaremos de literatura infantil, erótica y adolescente; entraremos en los conceptos de infancia y adolescencia dentro del arte, para entender cómo se conforma la espectativa del adulto. Habiendo caractérizado todos estos elementos, trataremos precisamente de encontrar la tercera opción, de problematizar cómo se escapa del modelo adulto y en qué se conforma su periferia. Detallaré estos pasos de la manera más tendida y razonable posible, empezando por definir algunas perspectivas históricas.

Desde los tiempos antiguos, el conocimiento humano remite a lo que se considera la persona adulta, opuesto a la niñez en la que aún no se expresa la importancia discursiva del pensamiento. El adulto es el lector providencial, aquel que en ausencia de otros específicos, recibe todas las palabras que dirigimos, históricamente tratamos con el “hombre”, en su nivel humano, en su capacidad e impetu físico singular. El adulto es pues, aquel que en nuestra sociedad se encuentra como pez en el agua, es el ciudadano, el que forma parte de las demcracias. Lo que nos debe indicar naturalmente que estamos fuera de un término del todo fijo, que en el tiempo no se conserve. En ciertas civilizaciones los hombres viejos eran respetados por su sabiduría, mas al montar la esperanza de vida, se ha comenzado a desterrar al viejo a un sitio precario. El viejo deja de ser adulto cuando inventamos una “tercera edad”, lo que nos puede llevar al engaño de imaginar que ha sido la tercera invención que puede compararse a la edad adulta.

Si nos remitimos a la sociedad española, por ejemplo, no se puede decir que la mujer siempre fue adulta. Los ciclos biológicos que corresponden a nuestra concepción de adultez, no eran análogos en la persona femenina, eternamente borrada de los procesos históricos. Había mujeres adultas, pero no en el rol de ser propiamente adultos, eran una especie de adulto-adjunto; social, legalmente y discursivamente. Esta realidad que podemos remitir a la sociedad, caduca mucho más temprano en la literatura, donde sin duda las mujeres son pronto las destinatarias privilegiadas. La mujer lee más que el hombre en promedio, y la literatura ha debido adaptarse a esta preferencia. Debe entenderse que por dicho motivo, una noción adjunta de la literatura, era distraer y alienar a las mujeres de sus vidas seudo-adultas, y ayudarlas a asumir su sitio secundario en la sociedad. Esta libertad de alinearse al discurso, de ser destinatarias y no objeto del discurso, va volverlas igualmente actoras y compartiran este sitio que el adulto tiene, como receptor de cada concepto social.

Podemos encontrar ya en los textos religiosos, un par de conceptos que van a acompañar a la noción de adulto por los siglos: La libertad y el trabajo -cosas que se contradicen-. En el aspecto laboral, la invención del adulto puede considerarse reciente, puesto que un infante puede aún -en ciertos sitios- asumir el puesto de generador de bienes para su familia. La sociedad moderna quiere que el niño no trabaje, mas condena al adulto que no tiene el gusto por esta actividad. Vislumbramos pues, este motivo de diferencia: Al entrar el régimen capitalista al poder, el discurso que define al adulto se transforma, debemos hacer frente a una realidad productiva, a una donde el hombre no puede alienarse como fuerza de producción, un modelo de vida que contradice y a su vez presupone la idea de libertad.

Porque el adulto se supone libre, o mejor dicho, responsable. Se le puede castigar por sus actos como si se tratase de acciones en conocimiento de causa, se le considera graduado en una escuela de discurso social, que lo debe endoctrinar para vivir en sociedad o ser sancionado de no adaptarse. Ambos procesos, ya lo vemos, proceden de la adaptación, que a su vez es una visión del mundo que…