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La niña pintada

5 Jul

…dilema, este es un problema que tienen todas las definiciones. Es algo futil tratar de discutir un objeto usando distintas definiciones, ahora que acabo de ilustrar alguna característica de lo que a mi parecer es lo femenino, no puedo pretender reductoramente que daré cuenta concreta del objeto real y experimentado al que la palabra refiere. Trataré sinembargo, de mostrar como lo discutivo se aproxima intuitivamente a la feminidad que encontraremos en nuestra vida.

Mi visión de lo femenino, siguiendo el molde de la edad adulta, presupone un propósito formal, un devenir que se ancla en la cultura.La importancia de ser adulto se encuentra en la practicidad, en el mundo cultural y visible. Más que nada lo adulto debe lograr un efecto de ilusión. En este tratamiento que se requiere para lograr una apariencia encontramos la esencia femenina.

Trataré un ejemplo convencional, el de la niña que se maquilla. El empleo del maquillaje, altamente femenino, parece transponerse a la niña como una especie de deber futuro, como asumir de antemano la transformación de la feminidad. Pero el maquillaje no es propio del infante, más de un padre lo deplora. Aquí podemos ilustrar como se acompaña la analogía entre lo femenino y la edad adulta, la niña está excluída del circuito de lo que se define femenino mas en su empeño ayuda a encontrar las características de la esencia mujer. Lo que no quiere decir que el rol infante no posea también una dimensión que remita al sexo, un niño y una niña son entes básicamente independientes. Si vemos el objeto desde nuestra sociedad actual -capitalista/consumista-,vamos a hallar que los bienes de consumo que se producen para la niña tienen alguna estética. Tenemos pues, una diferencia fundamental entre lo femenino y lo adulto, y es que se admite la parcialidad de lo primero en lo que remite al discurso, mientras que el adulto se pretende universal. Existen productos femeninos porque la categoría feminitendiente existe. Se admite que la mujer no es propiamente un adulto.

Esta absurdidad puede encontrarse en un fenómeno masivo del siglo pasado: La inclusión de la mujer a la esfera laboral. La práctica de que la mujer se “masculinice” para formar parte del circuito del trabajo enfatiza la competencia entre el mundo femenino y la sociedad moderna. En el universo del trabajo, el adulto es un individuo privilegiado que debe borrar sus funciones para volverse esencialmente nada más que un adulto. Se nos sugiere con fuerza que la feminidad también debe perderse. Las actividades que se quieren “propias a la mujer” se han constituído como partes centrales de la lucha por la igualdad de los sexos, en una paradoxal actividad que busca contrarrestar la homogeneidad del trabajo -un tipo de igualdad-, por la puntualidad del discurso de derecho. Solo que el adulto es una ilusión, una materia que se empeña simplemente en detener los problemas a la puerta del trabajo, no de solucionarlos. No se puede alterar fundamentalmente la relación de los sexos sin desartícular la identidad del individuo adulto en la sociedad. El adulto afrenta las otras prácticas humanas.

Entonces decimos que lo femenino remite a algo similar a lo adulto pero carente de verdadera universalidad. Aquí uso la palabra universal como una pretensión que pretende valía al interior de una cultura, contrario a aquella que busca valer en todas las culturas*. Al tratarse de algo que supera la simple vida orgánica y que se define por la impresión, sabemos que su distancia con la niña no puede venir de la edad. Voy a sugerir, como suena bastante intuitivo, que lo femenino tiene cierta relación con la sexualidad personal, y que existiendo en una sociedad donde el sexo infantil es suprimido con fanática devoción, la noción no puede emplearse en una niña. Sin embargo insisto en que la noción no es biológica, no se trata verdaderamente de la edad que una niña pueda poseer, la persona física en su feminidad depende más bien de la aparienica. Una niña puede admitirse femenina si parece más bien adulta y se ignora su edad, una adulta puede luchar por ser femenina si aparenta situaciones distintas al canon estético fijo -sea por vejez o complexión, por ejemplo-.

Pero como la feminidad es un perpetuo devenir y además no se presenta como normal en contraste con el canon adulto, siempre existe la feminidad en potencia. No se requiere ser femenino, basta con tomar medidas para poder aproximarse a ello. Entonces, el lado femenino existe en cierto modo, solo que la noción de lado no es personal, sino más bien geométrica. Uno se encuentra de lado, en una periferia de la verdadera feminidad. Es imposible tener un lado femenino, pues lo femenino no se tiene, sino que se busca. Lo que, si uno se pone a pensarlo, no nos ha dejado un pelo más cerca de entender qué es femenino finalmente.

 

Femme

5 Jul

Es interesante notar a veces las implicaciones que algunas frases que usamos. El ejercicio*, efectuado de un modo correcto, es una guía del pensamiento, pues incluso el lenguaje, tan dado a limitar nuestras ideas, puede saber multiplicarlas.

Yo pensaba en esta frase hecha que utilizamos, la que refiere al “lado femenino”, que ya de por sí se nos vuelve turbia lanzando la noción de feminidad. Soy un abogado de las frases que causan problemas, de la noción de que la limpieza en el lenguaje es una afrenta para el lenguaje, y que nuestro peor error ha sido pensar que se puede decir algo objetivamente. Estoy, naturalmente, mintiendo, pero es parte del funcionamiento de este blog. Por otro lado hay palabras que llevan su dominio más allá del mero sentido y que llegan a construir en ellas sistemas complejos de significado que actualmente atemorizan a quien las menciona. A mi parecer, también estas palabras intimidadoras, las que no deben ser dicha, son mas parte del problema que de la solución. No requerimos vacas sagradas**.

Y si menciono esto, es que lo femenino forma parte de estas palabras terribles.

Porque en una cultura del humanismo se desea que lo femenino remita a lo humano, he de pensar que el vocablo remitirá a la mujer, en vez de la hembra animal o a un género de discurso. Ser femenino es asimilar la figura cultural y arquetípica de la mujer, lo cual poner problemas en tantos términos que ni siquiera da risa. Ahora, hablamos antes del racismo***,explicando cómo las palabras dogma pretenden darse por entendidas, cuando en realidad solo se trata de un método para evitar la interrogación. La experiencia de un lenguaje que no entendemos, o que entendemos sin poder argumentarlo razonablemente, nos desequilibra. Entonces, tenemos este objeto abstracto que todos saben que es pero nadie puede decir qué, ¿en tal caso podemos decir que es real?

**-Soy de la opinion de que lo sagrado hace más falta en la vida del hombre de lo que la modernidad le da crédito, mas no doy la espalda a los múltiples problema que proceden del dogma. Hay una parte de lo sacro que proviene de la voluntad de inspiración y explicitación de los objetos del mundo, en ello logramos entender las cosas como más que palabras o experiencias olvidables, este volver a poner en juego un determinado número de lugares e instantes es sumamente valioso. La parte del dogma en lo sacro es en realidad algo que nunca hemos abandonado y que más o menos convive con nuestras constumbres diariamente. No es el dogma que quiero ganar en el argumento lanzado.

De entrada se sabe que la feminidad no es universal. Ser una mujer parece ser un estado que se expresa por mucho más que tan solo abordar el estado de “ser hembra”, ser femenina precisa exactamente enriquecer el animal mujer con una cama de decoraciones o ausencias que la transformen en el “ente social-humano mujer” -siguiendo la detestable tradición que separa el estado humano y el animal. Ahora, si la feminidad consiste no en la dimensión de distinción alcanzada, sino en la constatación de dicha búsqueda, entonces estamos más cerca de la universalidad, mas nos alejamos de lo estrictamente femenino. No es arduo notar que el varón, dominante en la mayoría de las sociedades que aún hoy sobreviven, también ha gozado de un montón de ritos que lo vuelven varonil. Ha oposición entre lo femenino y lo masculino, solo que no es una anulación de facto como si se tratase de la negación matemática, es tan solo un modelo cultural.

Hago un escalón para lograr entender la feminidad en su contexto social, refiriendo al objeto ya largamente desarrollado que definimos como la edad adulta. La adultez escapa a la definición biológica, es una función cultural. Se entiende que el adulto es el varón ampliamente adaptado a su ambiente social, en el mismo sentido, la entidad asimilada y femenina cumple la misma función. Podríamos decir, pues, que lo femenino es aquella hembra plenamente aceptada por el canon social que busca representar -como el adulto trabajador busca ser representante de la modernidad-, de esta manera permitimos igualmente que la burka y el vestido de noche convivan en ese espacio que podemos proponer femenino.

*-Se trata de un ejemplo de lo subjetivo actuando, encontrarse con la palabra y buscar en ella algo que no exude de su literalidad se extiende hacia su literaturidad. El ejercicio es una lectura.

Aunque este trato utilitario no va a resolver nuestro…

Los últimos años

29 May

de una serie que vamos a presumir, constituye la edad adulta -no tengo la voluntad de ser exhaustivo, mi propósito ha resultado largo ya como es-: El adulto como actor. Asumí tranquilamente dos ideas que van a problematizar esta noción del adulto como centro movilizador del universo social, y sobre las que vale discutir: 1) El discurso es una acción, 2) el adulto es mudo (enajenado, limitado a responder ante la sociedad). Dijimos también que el adulto no produce sino reproduce discursos, y además que reproduce discursos por medio del ejemplo.

La sociedad también quiere que el adulto, mudo e irracional, haga todas las cosas posibles.

En realidad esta volición del adulto por el movimiento está presupuesto en lo que ya hemos discutido: Trabajar presupone una acción, responder por sus propios actos presupone una acción, la permanencia del discurso social es una imitación. Quiero que tengan en mente las nociones de anonimato y enajenación que igualmente hemos mencionado. La sociedad exige al adulto -y solo al adulto-, una responsabilidad sobre todo el universo, un deber realizar que arregle todas las cosas que “están mal”. Por supuesto, no está en la competencia de un adulto anónimo arreglar todo. Se le presentan dos caminos para sugerir esta salvación* implicita del medio social: La ejemplaridad y la novedad. La novedad es un elemento puramente moderno que se asume en el adulto, y es un resultado de varias acciones tomadas más o menos al azar por el total de los individuos, como una suerte de selección natural de las ideas. Al igual que la adaptación del adulto particular, la acción novedosa sobrevive en la medida que está ambientada en su medio, y precisamente en este género debe de tratarse una idea que corresponda a un discurso adulto -recordemos que lo adulto es un género literario-. Adulto aquí funcionaría en el sentido de “convencional”, o “aceptable”, si bien no se trata del único atributo de la novedad.

Ahora bien, todo nivel de exigencia sobre actuar, funciona en un nivel puramente sensorial. No tiene sentido para el hombre enajenado y anónimo cargar sobre su espalda el destino del universo, y es que no tiene por qué ser razonable, ya que el discurso social no es un verdadero discurso, es una intuición. Incluso el estado imperfecto de la sociedad, *- este paraíso perdido que trata de recuperarse, no responde a un estado de verdad, sino a una suposición de un estado posible y mejor. El hombre adulto no siente verdaderas necesidades ante su estado, sino que responde a un modelo de ficciones discursivas implícitas en el discurso social que se presenta ante él. Una suerte de moral del bien y el mal que asume, y lo moviliza -o no-, a generar acciones de cambio. Digo bien acciones pues nos encontramos fuera de un modelo discursivo, el adulto se sabe mudo y entiende que no puede sino generar acciones concretas para enfrentarse a la sociedad -o no lo entiende y lo hace de todos modos-. Las acciones, digeridas por adultos medio-cocidos que no tienen capacidad de discurso crítico, responden a nociones de beneficio arbitrarias, y se reproducen como si se tratase de entidades orgánicas, ¿por qué no? una suerte de pequeño leviathan que brilla dentro de las acciones de uno, y se supone prótesis de las acciones “buenas”.

El adulto actúa sin pensar, o por lo menos, su pensamiento es vano. Por la acción trata de perder la anonimidad y en esta ilusión se enajena. Las acciones individualizantes de cada adulto, borran su concretud social, y lo ponen a distancia de las puras convenciones. Solo su anonimidad lo salva de ser agredido por el discurso social que quiere hacer de él un individuo “adaptado”, léase, inerte ante el movimiento de los tiempos. Porque en estos términos, la acción entra en conflicto directo con la reproducción del discurso, con la resignación social a ser adulto. El adulto siempre supone una autodestrucción voluntaria: Borrar la existencia anterior a la etapa adulta -negando la experiencia pasada, devaluándola ante la propuesta por el discurso social-, o destruir la visión misma que se tiene del adulto para entrar a una etapa de individuación. Excepto que a individuación por la acción esta comprendida dentro del modelo adulto, se requiere aparte de esta una individuación desde el discurso, lo que Hobbes consideraría volverse un criminal por querer “un contrato con Dios” -“a covenant with God”-, o sea, criticar discursivamente.

Por definición el discurso crítico no es considerado útil, pues los adultos no lo poseen. Sin embargo, es el paso necesario para superar el proceso “animalizador” que se impone por la adaptación del adulto. Esto es apenas el primer paso. Para cambiar el objeto real por medio del discurso, se debe utilizar la palabra como manera distinta de abordar los objetos y luego forzosamente pasar a la acción. Al menos por mi parte solo pienso proponer un paso que apela a nuestra razón para contemplar una liberación posible del fenómeno que presento.

Deducimos finalmente, que ser adulto es un modelo ideal, irreal, que no permite la satisfacción individual, pues reprime dimensiones humanas que inclinan al hombre a la felicidad (lo espiritual, lo creador, lo comunitario). Se entiende que desde ahí se tienda a una auto-de(con)strucción.

El hombre loro

28 May

, la que diría: el adulto no puede comunicar con su sociedad, que el adulto, dentro de la definición social que le corresponde, no posee, como exigencia, la capacidad de efectuar un discurso. Frente a la sociedad, está obligado a prestar respuestas, solo que no se le puede forzar a que sean coherentes -entonces su capacidad de efectuar discursos en sí queda entredicha-, y en cuanto a dar una herencia a sus congéneres, la acción tampoco es del todo libre.

(Por motivos que prefiero ni siquiera saber se me borró la entrada como la había escrito, así que retomaré como pueda esperando no sacrificar demasiado contenido)

Lo compararé con un fenómeno natural, que es el loro. Si un loro aprende un poema de Neruda, se sobre entiende que al enunciarlo no estará tomando en cuenta su sentido, pues no lo comprende. El ave reproducirá el discurso, lo imitará, y lo reducirá fundamentalmente a una acción. Por su naturaleza orgánica -y tal vez, si se quiere, por la ignorancia que tiene del mensaje total que reproduce-, mezclará, variará, segmentará y deformará el mensaje en cuestión, dado que no es una máquina para repetir de forma exacta. Podría, en teoría, enunciar el poema mejor que nadie, por suerte de estas variaciones.

El adulto, ya deducirá usted, se asemeja al loro del ejemplo. Su relación con el discurso formal de la sociedad se reduce a una imitación, y si se quiere -elevar muchísimo su categoría, confiando bastante en su suerte de imitador y observador- ejemplaridad. El adulto es una herramienta para confirmar y reproducir el discurso social, por lo cual no es extraño que lo asimilemos al caracter del padre, que pese a la tradición que se carga tras él, se supone una figura pedagógica por excelencia. No se le exige al padre -o al profesor-, una comprensión precisa del fenómeno enseñado, sino una manera clara de expresarlo/reproducirlo.

Tal como el loro, el hombre es una especie que economiza sus fuerzas y no se permite invertir demasiada energía en fondo mientras puede tratar las apariencias. Expliqué antes que la complicación del adulto se ejerce hacia el exterior, hacia aquellos que potencialmente pueden juzgar al individuo en el medio social -que el adulto en cuestión se manifieste dentro de la sociedad ya corresponde en cierta medida, un juicio-.  Decimos pues que el adulto es por fuerza de su discurso, un ente anónimo, pues actúa como sí mismo solo dentro de una esfera interior -por excelencia la familia-, donde cierto grado de complicidad le permite ocultar su falta de madurez ante los semejantes, logrando una cierta simbiósis comunitaria que viene de concebir al adulto como un ser más numeroso que el individuo*.

Se sabe que la institución familiar sufrió bastante desgaste a los ojos de la sociedad durante el siglo anterior, vamos a decir que la familia se “socializó”, ahora el adulto no puede bajar la guardia dentro de este círculo íntimo, por miedo a la represalia que puede ser el divorcio o el desdén. No hablamos de una socialización a todo nivel, mas existe en cierto sentido, una menor complicidad en lo que concierne a la creación de la ilusión “adulta” de tal o cual persona. Lo que es importante de esta devaluación familiar es que ha obligado a crear una nueva barrera entre la vida personal y la vida social, quiero decir, el juicio ya no sucederá entre grupos comunitarios ligados espacialmente por la interacción, sino que responderá a otro sitio de intercambio por excelencia: El ambiente profesional.

*- No digo mayor al individuo, pues no son elementos comparables. El adulto, por fuerza es un objeto del discurso, se trata de una generalización, de un género que se emplea sobre una cosa. Ser adulto es concebirse dentro de una acción probable, mientras que una persona concreta se presupone capaz de la acción y sustantivo.

Decimos pues, que la actitud profesional en el adulto -lo describimos como un trabajador-, se ha vuelto su nuevo círculo de prueba, donde debe emplear las mentiras y apariencias más radicales para verse adaptado. Es un sitio de opresión de cualquier impulso libertario, juvenil o creativo. Aquí el hombre se vuelve por excelencia reproductor de discursos y actitudes, es un hombre sin rostro. A cambio de esto, se permite mayor flexibilidad en la vida “particular”, aunque esta susodicha libertad tan solo nos revele una característica más del adulto moderno: La enajenación.

Existiendo sobre todo en un ambiente laboral hostil, el adulto se considera un ente aisaldo, cuyo trabajo es facilitar la convención/convivencia, sin necesidad de comprenderlas. Digo bien pues a nivel social, el rol adulto consiste en una reducción del hombre en términos prácticos para el discurso social. Debe ser sumiso y debe estar “adaptado”, entendamos adaptado como “sufriente” -dijimos que la adaptación es pasiva, que el hombre se presume objeto- ante todos los cambios impuestos para la sociedad.

Tras este desastrozo panorama de la edad adulta quiero añadir el último elemento…

Lógica positiva

26 May

…tanto en el sentido material como en el espiritual; vamos a presuponer que la experiencia del hombre -aquella de su actividad, vital, laboral y discursiva, la cual asemejamos frecuentemente a la duración de la vida, mas no es tanto así- se figura como una riqueza que caracteriza al adulto. El adulto debe poseer experiencia para abordar sus responsabilidades sociales, suponiendo esta capacidad, la sociedad lo asumirá capaz de encarar los problemas individuales que su exigencia personal le exija. Este rol de ser capaz de dar herencia, es también una espectativa típica que se tiene del adulto y la asimilamos con la noción de padre. Si el adulto no tiene experiencia, es la falta de la-sociedad/los-padres, lo que ciertamnete sitúa la incapacidad de ser adulto, fuera de un valor individual. Entonces no se juzga a nadie personalmente por ser incapaz de desarrollarse como un adulto, pues se asume -desde la era de la sicología-, que el error fundamental viene de afuera. Por lo tanto, si una persona se arruina por consumir, no es su culpa.

¿Cómo puede coincidir esta idea de dejar herencia y proteger con la naturaleza fugaz del consumo*? Se deberá probablemente, a la relación que la sociedad tiene con los objetos materiales, la implicación seudo-lógica que al consumir, se obtiene un bien duradero, que la misma acción de gastar dinero sirve para enriquecerse. El consumismo va a partir de la ilusión de que el dinero es para intercambiarse por bienes, como el trabajo es para ganar plata. Desde la sociedad consumista, el trabajo es visto como una carga y el dinero en sí solo vale en la medida que pueda comprar lujos. Note que hablamos de un nivel de discurso que arteramente ignora las nociones económicas de inversión y acumulación en favor de los gestos exigidos a los “simples mortales”. El dinero es para hacer la vida fácil, el trabajo hace la vida difícil, luego el trabajo hace la vida fácil (con dinero). Nos encontramos en un sistema de paradigmas discursivos que responden a la sensación y no ha la razón, a principios del siglo pasado sería llamado la lógica de las masas.

Lo que hay que entender de estos sistemas discursivos es que trabajan con generalizaciones. Toda la teoría que he enunciado -al remitir a la explicación de qué es un adulto, de qué espera la sociedad de un adulto-, no consiste en una verdadera aplicación práctica en lo cotidiano, sino que se implica por unas reglas que nadie conoce y que se asumen. Ya expliqué alguna vez que el discurso social no es un verdadero discurso -nadie nos lo dice, literalmente-, sino la transformación de una sensación de experiencia a la forma de un discurso. Y entonces estas generalizaciones no puedes obtenerse directamente del individuo, ciudadano, adulto, pues se trata de un género de no-dicho. Esto quiere decir que el adulto no puede comunicar con su sociedad, que el adulto, dentro de la definición social que le corresponde, no posee, como exigencia, la capacidad de efectuar un discurso. El adulto sigue el ejemplo del plebeyo, y se asume sumiso.

*- Digo bien la palabra fugaz, refiriendo al orígen del fuego, pues consumir es precisamente la acción efectuada por las flamas. Entiéndase que consumir se adscribe a la imagen de “quemar dinero”, viniéndo implícita por ella la noción de pérdida.

Naturalmente, cabe interrogarse si la sumision por parte del adulto no es, por sí mismo, un problema de discurso. Expliqué previamente que la sociedad no comprueba sus sensaciones generales activamente, de cierta forma, tiene dos tolerancias hacia el error: 1) Cuando no lo ve, 2) cuando abiertamente lo niega. El funcionamiento de la sociedad es declarativo, necesita de cierta forma, comenzar una declaración hacia un individuo para verificar si su respuesta es en sí, una respuesta adulta. Recordemos que un adulto es un ente ideal, y que su respuesta se supone óptima, pienso por ejemplo en su existencia como “trabajador”, si la sociedad lo mira “desempleado”, porque la sociedad misma ha devaluado el trabajo local o ha sacrificado puestos de empleo u oficios en favor de otras variables económicas, seguirá teniendo al desempleado como “no adulto” aunque no considere inicialmente que es culpable. La sociedad solo puede reconocer al individuo no adulto como un culpable o una víctima -aunque fuese potencial-, pero si tan solo asume al individuo, siempre asumirá que es un adulto. Se trata de un discurso que debe afirmar, que debe calificar al individuo más de descalificarlo.

Luego, podemos nosotros efectuar una lectura desde la sociedad -calificadora, mas no crítica-, o una desde el individuo como productor de discurso -y entre estas, avanzo yo alguna para inspirarlos-. Los prejuicios, suelen responder al primer grupo de opiniones, con gusto las tendremos por precarias.

Quiero regresar brevemente a una noción que ya toqué…

La edad de consumir

25 May

…tenemos que enfrentarnos al problema de contener en varios individuos el orden representado en el género adulto. Esto se ha hecho siempre, de cierta forma. Aunque durante todas las épocas han existido los solitarios, esta característica marginal nunca les ha granjeado el favor de la sociedad, un adulto socialmente apto, es un padre de familia. Aquí la identidad se confunde, el adulto es el representante de una comunidad, aunque sus funciones se vean más bien delegadas a distintos miembros de dicha comunidad. Solo para hablar del modelo patriarcal típico del “machismo”, tenemos que el orden en el hogar es prestado por la mujer, y el adulto social se supone ordenado -pues es capaz de comunicar una visión positiva de sí mismo al exterior, porque ha evolucionado “sexualmente”, para seducir-.

Poco a poco, caemos en la evidencia de que la edad adulta no solo refiere a una aceptación del discurso -aquel que constituye nuestra noción social de adulto-, sino a su vez un discurso que el individuo produce. Efectivamente, una sociedad no puede exigir que alguien tenga esencia adulta, mas le exigirá que obre como tal. Entendemos entonces en que consiste la domesticación que hemos mencionado: Se incita al ser humano a pretender buscar y desarrollar una concepción adulta de sí mismo, que a su vez será expresada en todos los niveles de comunicación interpersonal que al individuo se le exija. La adultez no es pues, solo un modelo social, sino también un género de discurso en el primer sentido -no es pues, un fenómeno que decidimos representar como un discurso, sino es también el discurso que lo representa-. Naturalmente, no podemos decir que se trata tan solo de un discurso porque es imposible negar que la domesticación existe, el hombre ha desarrollado efectivamente herramientas concretas para expresar su edad adulta, y como ya hemos mencionado, una de estas tecnologías existe en la complicidad social.

Siempre que remitimos a un discurso y a una realidad, tenemos el problema de la representación, entiéndase, de dividir formalmente el objeto representado y el lenguaje que lo toma. En este caso, por ejemplo, es muy sencillo reproducir un discurso social que nos coloque como adultos a los ojos del resto del mundo, lo que no quiere decir que hayamos verdaderamente alcanzado las espectativas fijadas por el grupo social que nos rige. El punto de las espectativas es que, al no regirse activamente, quedan suspendidas y sin evaluación, lo que permite cierta flexibilidad para el que las adopta. Esto es un fenómeno sensorial. Yo no necesito literalmente ver lo que está detrás de la puerta para saber de qué se trata, tengo esta información ya grabada en una parte de mi cerebro, si lo he visto antes, y si ninguno de mis sentidos me sugiere que al interior de la puerta las cosas han cambiado sustancialmente. Así es como funciona también nuestra evaluación del discurso adulto, solo requiere surgir en momentos sociales determinados, y puede funcionar precariamente el resto de la existencia cotidiana de los individuose. Más y mas, nos encontramos en el caso donde la existencia general y la expectativa adulta no coinciden.

Vale diferenciar la naturaleza “real” de las situaciones sociales que la sociedad enuncia para que el individuo -o los individuos- evolucionen. Por lo general, un cambio en el ambiente no genera piedad hacia los animales desdichados que lo sufre, sin embargo el cambio humano siempre tendrá cierta tolerancia hacia algunos hombres, pues solo puede existir en una interacción artificial. La sociedad humana pues, imita a la adaptación, y es incluso capaz de aplastar y matar a los individuos no adaptados, pero a su vez trata de deformarse para incluir a ciertas ovejas descarriadas en su seno y protegerlas, pues el instinto de la raza es proteger a sus individuos y luchas contra su propia precariedad. Entonces aunque la sociedad nos trate de obligar en comportarnos como adultos -comportamiento que como dije, se centra en el trabajo y la responsabilidad frente al discurso social, sea de frente a la ley o a la comunidad-, tolerará pasivamente nuestra falta de esta convicción, y aceptará incluso, las migajas de voluntad que pongamos en tomar este aspecto adulto al menos temporalmente. Pues si bien entiendo, en determinado momento la sociedad buscará que este nuevo “falso adulto”, sea su individuo predilecto, y se vuelva el canon de adulto. Podemos buscar esta contradicción en un cambio de paradigma donde giramos en torno al eje del consumo.

¿Qué tiene que ver el consumo con la fase adulta de la vida? Bastante, en realidad. Si uno considera que la adultez se centra en un fenómeno de discurso y en una variable fundamentalmente económica -el trabajo-, no podemos sino clamar que la relación es evidente. La sociedad de consumo, quiere que un hombre responsable sea el que consume, y contradictoriamente, dicha actividad puede llevarlo a la ruina. Podemos aclarar que multiples paradigmas antiguos nos revelan al adulto como el protector, como el que sugiere una herencia…

Real

24 May

(Encontré durante uno de mis paseos al Jardin des plantes a uno de estos pavo reales que vagan por el lugar, con sus breves cuellos de ídilico color, y su extraño porte que uno diría humano*. Irrumpe con violencia en mi lectura de Canto General, pues casi por fuerza, el poema escrito está suspendido en el tiempo esperando, mientras el poema animal no espera ni emite pausas. Suele tener este efecto en mí, el jardín. Su sensorialidad se sobrepone a la ya rutinaria mirada que lanzo a los textos, que los persigue, como si nada hubiera más que ellos.

El ave demuestra lo contrario -iba decir el pájaro, cosa que un pavo real no es**-, impone su orgánica presencia sobre el orden de mi artificial costumbre, entiendo que el espectáculo de su vitalidad es más vigente y su acción me merece tanto afecto y atención como el tiempo me lo permita. Redundante reconocer cuán hermoso es un pavo real, especialmente ahora, extendiendo sus plumas

Estos pavo reales no son aquel que vi

majestuosamente. Como si se tratase de una interacción que tuviera conmigo, o con el necio animal anónimo que menea las hojas en un árbol cercano.

*- Cabría mejor decir, que el porte humano parece pavo real. No olvidemos que por genealogía las aves descienden de aquellos que patentaron el caminar en dos patas con el éxito mundial: Los dinosaurios. Nosotros, más o menos exitosos, tenemos el mismo don. Podría ser un eco de la historia o de la vida.

Su actitud debe responder a algún capricho fastuoso que soy incapaz de percibir, entiendo que se colocan así para impresionar a sus hembras y a sus rivales, que ganan dimensiones para transformarse en un multiforme ente de muchos ojos, cuyo volumen puede sorprendernos. He de pensar que para nosotros, animales exteriores, en efecto se nos figuró una especie de deidad avasalladora, con una soberanía que se figura incluso en su nombre español -pavo real-.

Pienso de nuevo en el capricho de la adaptación, en lo increíble que es el pavo real, y en la sonaja que suena al mover sus plumas. Me doy cuenta que ya estoy impresionado por sus dimensiones, pues semejante a un perro mediano, supera a aquella de los patos y gallos, a quienes tengo por estándar en el género de bípedos emplumados.

***- Si es una interacción, si está dominandome discursivamente. Se ha vuelto arte, me ha obligado a contemplarlo, me ha impuesto si dialecto animal en el que algunas posiciones -correr tras él, pretender que los dos no estamos ahí, fingir indiferencia-, son siempre naturales. Y yo le respondo sin resolverme a enunciar palabra, hasta que de nuevo comienzo con Neruda, pensando que le cuento a este bípedo el conflicto del comunismo cuyo final pienso saber, ahora con décadas de por medio.

He visto a otro, o a este muchacho, paséandose sin reverencia, comiendo botones de oro, como si el jardín le presentara una vida cómoda que a su raza le sentara tan bien. Entiendo que de cierta manera es como un eden, este sitio sin predación en cuyas cerradas puertas solo cruza el ocasional niño con su hostilidad. El diálogo del niño y el animal, más sincero que el que entablo yo con él*** -pese a mis esfuerzos, aunque yo también me pretenda niño para parecerme al pequeño, o al pavo real, para encontrarme en esa extraña naturaleza-, donde uno persigue al otro, o lo mira con extrañeza. Donde la vida, que es de todos los días, se les figura extraña y a la vez común.

**- Que a final de cuentas un pavo real no sea ninguna palabra, no hace mella en mi sensación. Si he querido decirle pájaro, es porque la palabra, estdrújula y gutural como es, extrañamente española en su estética y forma -al menos los franceses no la pronuncian-, se me figura una palabra hermosa, y este animal es hermoso. Pienso precisamente, que en todo es hermoso, incluso en su encarnizada búsqueda por comida, su hostilidad a la domesticación y a los turistas, su indiferencia total al recoger las migajas que le tiran. Veo que él, contrario a los gansos que viven un poco más lejos, no se cree domesticado, él tan solo aprovecha los dones que el universo le brindan, con esa pasividad aparente que tengo yo mismo al mirar al pavo real, y levantar la mirada de esa página confundido, donde Neruda trataba en vano de escribir la revolución, la que yo mismo enunciaba fingiendo voces que a mí me eran extranjeras.

Finalmente, absorbiendo todo lo que puedo del animal, me retiro a seguir con mis divagaciones intelectuales, he visto un gallo pasando, y me ha encantado también. Y lo que no dije, esa bella voz del pavo real, que a su vez me maravilla y…)

Los primeros años

23 May

hace del individuo social un ente que debe adaptarse a la circunstancia en que vive. Vale aclarar que la adaptación, como proceso biológico, puede considerarse “desmentida” en ciertos casos, por la teoría moderna de la evolución. Esto es un discurso científico en que no podemos adentrarnos profundamente, mas entender el concepto de adaptación puede ilustrar que queremos decir al hablar de un adulto.

Decimos que un individuo está adaptado cuando no muere, coloquialmente, se supone que el personaje en cuestión se ha adaptado a sus circunstancias, con ciertas ventajas que le permiten sobrevivir. Por sí misma, la adaptación no presupone la necesidad por parte del organismo de servirse del ambiente al que se ha adaptado para su continua existencia, en este caso, hablaríamos de una limitante que nos recuerda más a la domesticación, en el sentido de dependencia biológica desarrollada a un objeto. Tenemos pues, que en la teoría de la evolución, se enuncia con anterioridad la supervivencia de las especies como línea de continuidad: Una supervivencia del más apto*. Solo que la aptitud, como todo fenómeno físico, es relativa. Que las jirafas tengan cuellos largos, es una adaptación, un cambio biológico que obró y permitió la supervivencia de los antepasados de la jirafa actual. Solo que la jirafa no sobrevive por tener un cuello largo, sigue teniendo un largo cuello porque sobrevive. ¿Cómo es esto? Que una mutación termina por resultar benéfica -por un cambio exterior, una sequía, la aparición de un depredador nuevo-, y predominar en toda una especie, siendo desarrollada por herencia en generaciones futuras. O sea que la jirafa tenía el cuello largo antes de “adaptarse”, y fue por ese cuello largo que se adaptó. Entonces, el cambio biológico fue arbitrario, pero coincidió con un cambio de ambiente, logrando que la jirafa se adapte. La adaptación sería pues, proactiva.

Por supuesto, hemos descubierto que el concepto de hombre adulto se ha redefinido a través del tiempo, y de cierta forma ha generado este cambio de ambiente que se presupone que halla adaptación. El hombre pues, se adapta a sí mismo -mejor dicho, a su propio discurso, como las abejas se subyugan ante su propia bioquímica-, y en la medida de su adaptación, se transformará en lo que conocemos como un adulto. El adulto es el individuo perfectamente domesticado por sí mismo, cuando el hombre se adapta a su propia sociedad y a su vez, pierde todo tipo de adaptaciones fuera de ella. Mas como las adaptaciones no son entidades puramente biológicas sino ambientales, el hombre no puede estar, en cualquier lugar o momento, perfectamente adaptado. La sociedad ha ido cerrado su discurso para tratar de contener simultáneamente, hombres adultos de diversos tiempos, que respondan a lo que ella considera adulto.

Se preguntará genuinamente usted, lector, por qué no simplemente delimitar la edad adulta por su criterio más básico, que se encuentra al discutir el término mismo diciendo “edad”. La primera noción que tenemos al hablar de un adulto es una persona de determinada edad, sea por criterios jurídicos o temporales; no nos inclinamos por la adaptación. Y sin embargo no nos extraña utilizar el adjetivo “infantil” cuando tratamos con un adulto cualquiera, ni tampoco, pensar en gente que se comporta “cómo adolescentes” a pesar de su edad. Se puede remitir a una edad adulta primariamente biológica, mas en nuestra sociedad en la que el cuerpo físico se menosprecia o se silencia, tenemos una referencia artificial que resulta dominante. El adulto es aquel que toma responsabilidad discursiva de sí mismo, permitiéndose la sobrevivencia social de sí mismo y de un número de personas que lo rodeen. Digo bien supervivencia social, porque modelado en un sistema casi del todo artificial, el adulto está más claramente domesticado que verdaderamente adaptado. Como ser social, el hombre está subordonado a los discursos, entiéndase, a las abstracciones que refieren a objetos poco concretos como el gobierno o las buenas costumbres. El adulto es pues, el más adaptado y más domesticado de los hombres.

*- Al hablar de la supervivencia del más apto, en lo referente al animal genealogía biológica, se reconoce hoy día la noción no de “fuerza” sino también de “capacidad sexual”, entonces tendríamos que las adaptaciones de pretender, mentir o adornarse a sí mismo -evoluciones estéticas-, figuran también en la noción de selección natural, en una versión que se extiende sobre la de Darwin.

Podemos decir entonces, a sabiendas que existen hombres de todas edades que no funcionan como adultos, que la adultez es un género de persona. El género funciona como una espectativa, como un molde o modelo en que colocamos la figura adulta actual. El adulto modelo es responsable de su discurso ante la ley, también es trabajador y autónomo. Volvemos pues a la idea de un hombre libre y trabajador, a saber que estas dos características no se conjugan necesariamente en el mismo individuo, porque el adulto puede ser más que una persona. Esto se debe a que el discurso social, se asume, pero se ignora -discutiré esto cuando abordemos los seminarios de Derrida-.

Al figurar una comunidad adulta…