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Del goce de leer

25 Ene

http://arrowni.podbean.com/mf/web/4dyhk/Elgocedeleer.mp3

Todavía no he decidido la duración estándar que voy a usar en mis podcasts, pero supongo que vale la mención de que pueden comentar para sugerir cambios. Y sí, mi gato estaba haciendo destrozos mientras grabé esto y puse el micrófono muy cerca de mi respiración. Pero como no tengo guión para estas entradas me temo que vamos a ser tolerantes con un mínimo de ruido ambiental, c’est la vie mes amis, c’est la vie.

La próxima, acaso seré más flojo al prepararla y tendré ambientación músical y toda la cosa, nunca se sabe…

Sin título

15 Jun

Chiste local: Mientras tenga más visitas que etiquetas en este blog, vamos bien.

Aprovecho el anuncio metatextual para decir que probablemente en el curso de este mes, reduzca la frecuencia de mis aportes a raíz de otras exigencias personales que se me van presentando. Seguiré, no obstante, fiel a mi criterio de aglutinamiento feróz de información, reflexión irreflexiva y ventilación de misceláneas ideas framento.

Esto de la aglutinación, de la que he hablado, de algún modo siempre me lleva a internet, porque puede considerarse que la web se ha ido volviendo un aglutinamiento constante de palabras. Para eso tenemos el buscador, pues hay textos donde sin el buscador no osaríamos saltar. Me pregunto si esto se debe a una cuestión de formato, o si hay un órden implantable que baste para economizar el miedo de dichas cantidades de información.

Elaboro: Si yo tengo un montón de tomos y libros, casualmente puedo hojearlos o remitirme a un índice para encontrar un tema en particular. Sondando títulos e índices estoy hablando de un asunto de formato. En un bloque de texto uniforme al puro estilo Proust, no dan ganas de meterse ni a patadas. Mas tampoco me da gana ir dando click por click en las cientos de páginas que conformarían un foro web, por la inferioridad probable respecto al simple hojear un libro, cuya velocidad y eficacia tiene incluso algún encanto físico. Esta variable de formato ha sido mencionada por varios apologistas del libro en papel, como un motivo bastante a conservar el formato en cuestión.

El aglutinamiento solo puede manejarse, mas si además se emplea una variedad de temas enorme, se vuelve como un mar innavegable. Me temo mucho que es lo que estoy haciendo aquí, en mi blog; y que los órdenes probables que he empleado son magra defensa para sondar correctamente los textos que publico. Faltaba más, no me paso la vida corrigiendo mis propios apuntes y no espero tampoco seguirlos ordenando. Es incómodo para el lector, y aunque me encante incomodar me parece que en alguna falta me encuentro.

El índice es un formato taxonómico al puro estilo del resumen, y presupone una obscena definición de los elementos que contiene. Mi formato no es de ayuda, ignoro tanto lo ya escrito al punto de que puede sorprenderme repitiendo lo dicho antes. Y bueno, soy un apologista de la repetición, mas no ayuda para el orden. Veo pues, que mi gusto por lo gordo y desproporcionado es la pesadilla de cualquier editor, y dado que en este caso soy mi propio editor, me da algo de rabia.

Me gusta pensar que un método ingenioso para organizar todo me caerá del cielo, aunque esto fatalmente me recuerde mis listas irrealizables sobre temas literarios que no relevan sino poca cosa. No he querido ser artista inabordable, quisiera que a mi blog pudiera llegarse de improviso, sin mirar para atrás a mis penosas entradas tercas. Ya toda proporción guardada, me doy cuenta que no es bastante la información que ha acá, y que probablemente sea el formato opaco de la web lo que indispondrá a los que lleguen a futuro. Vislumbro una salida: Acomodar en .pdf mis primeras ventilaciones y poner en este blog un sitio donde se puedan bajar las colecciones completas. Esta idea es tan arbitraria que corre el éxito de funcionar, si algún día me presto a la tarea que requiere.

No quiero ser como los tipos del roman precieux  y sus textos estirados de 30,000 páginas, hay que hacer del potencial infinito de este blog -en su duración y el tiempo, al menos hasta mi muerte-, una suerte de texto legible. Y pienso también, ya que estamos en el asunto, que serviría como forma de conservar el contenido, aunque la conservación no me importe gran cosa, pues de aquí no espero posteridad.

Ahora me figuro que dicha sugerencia no dista del teatro para ser leído en vez de visto. Mi blog cotidiano es como la puesta en escena, mientras que guardo el resto a suerte de posteridad y obra de arte separada, como una experiencia menos vivencial, más letra muerta. Si fuese un purista del teatro clásico, hallaría le idea horrorosa. A como estamos, hoy por hoy, solo me provoca una inmensa pereza. ¿Los blogs que sí son famosos tienen gente que construya los índices por uno?

Ahora me pregunto si el tener más etiquetas me haría tener más lectores, conservando la relación entre ambos elementos una constante dentro del blog. En ese caso las cosas se conservarían perpetuamente bien por el axioma enunciado al principio. Viento en popa, pues.

Comentarios por favor

7 Jun

Un bloguero, que no sé si puede considerarse como tal por lo que vamos a discutir a continuación, escribe un comentario sobre los comentarios. Una propuesta estética, si se quiere evitar la palabra justificación. Pensar que la gente vive justificándose me parece exagerado, las frases se justifican -con una funcioncita de Word-, las personas tan solo piensan que lo hacen. No leo la mente, así que retiro mi argumento: No es una justificación.

La reflexión consistía en extraer la opción de recibir comentarios en un blog, en una entrada cualquiera. No cito su razonamiento -alcanzará usted uno propio, concuerde o no con la opinión-, mas me veo estimulado a pensar (acaso ya por esto el comentario es válido) y compartir con ustedes mis pensamientos.

Somos escritores de la época digital. Admito ser arcaizante en mis lecturas y que mi cotidiano se comparte con los siglos pasados. Convivo con pensadores medievales y otros románticos. No condono, sin embargo, evitar el innegable compromiso de escribir para la era en la que existo, en la cual internet es una penosa realidad. Yo sé, no es lo más romántico que puedo tirar de la vida, este intercambio de bytes en servidores, no se justifica para centrar mi interés en un solo objeto, artificial o dado. No me limitaré ahí, de la misma manera en que no puedo limitarme al pasado.

*- O algo más realista, el no tener que decir. El no manifestarse por planear en un desinterés acaso temporal que no amerite ni como respuesta el bostezo.

Nos ha pasado a todos los que clamamos el estigma de escritores, querer medirnos y actuar como los grandes de la historia. Quisiera ser Stendhal o Asturias, quisiera ser Arguedas o Chejov. Tan solo no lo somos, y estas pretenciones deben quedarse en ese nivel fantástico, como suelen ser las lujuriosas fantasías o los deseos asesinos, uno se reprime, no lo puede todo. Por esto mismo creo que es inevitable pensar en los comentarios, en aceptar que la esfera pública de la literatura siempre ha sido una donde se intercambian opiniones, y nuestro interés productor es multiplicarlas y darles fruto, hacer de nuestro lugar público -porque un sitio internet es más lugar, acaso, que un libro- un sitio de encuentro y reflexión. Un válido intercambio.

Ya he dicho antes que quiero comentarios, tal vez en mi inocente visión del lector que lo vuelve un agente de creación y reflexión superior a cualquier otro, tal vez en mi fe de que leer antecede y funda el pensamiento. Por supuesto, además del estigma silencioso del voyeurista, el miedo al error y la timidez casual de la web*, está la realidad de que no mucha gente se cita en mi blog. Francamente, rozamos en lo precario ¿qué importancia? No pienso que ser menos nos prohiba un intercambio animado, ni mucho menos. Hablo mucho tal vez, suprimo implicitamente al que me escucha por el volúmen total de material hablado que produzco, acaso estoy en un erro -no obstante, esperar un intercambio que puede no llegar, tampoco se me figura la solución inmediata-.

**- Y la reflexión.

El comentario es, pues, darle al lector su lugar. Internet tiene esto de que le permite al que no se cree un ermitaño que tan solo ha de velar por sí mismo, abrirse al mundo. En mis ventilaciones está comprendida esa imagen, estamos al aire libre, las portadas del libro no nos encierran. Acaso el pudor del estereotipo antisocial del escritor nos quiere aprisionar en nuestros propios textos concluyentes.

En todo caso, no me ha gustado. Sabrán que por mi formato y mis costumbres, este blog se permite sujetarse de la fuerza de la palabra** como principal atractivo. Predico cierta austeridad en imagen, texto y vínculos, en este sentido no me expreso “como se debería” en la era digital. Y es que no hay sino propuestas fundadoras de cómo debemos usar estos espacios virtuales, no hay una lógica que sea válida, cada arte debe encontrar en internet como servirse. Sin regresar claro, a fórmulas que extraigan los elementos escenciales de nuestro poderoso internet: La información masiva, la interacción instantánea, la comunicación y el cómo se siguen los sitios. Y el desorden.

En mi tiempo libre, yo también me paseo poniendo comentarios en otros blogs, me gusta interactuar y discutir, acercar propuestas a aquellos que están suficientemente abiertos a recibirlas. Por lo mismo, no repliqué al bloguero sobre su observación y sus comentarios, sobre su manera de cerrarse implícitamente a los demás. No puede forzarse a la gente a abrirse ni cambiar de opinión ¿verdad? Aunque les hicieras un favor. ¿Pero le haría un favor? No hay una solución para todo, y mis relativos pensamientos siguen siendo eso: Pensamientos, relativos.

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