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La niña pintada

5 Jul

…dilema, este es un problema que tienen todas las definiciones. Es algo futil tratar de discutir un objeto usando distintas definiciones, ahora que acabo de ilustrar alguna característica de lo que a mi parecer es lo femenino, no puedo pretender reductoramente que daré cuenta concreta del objeto real y experimentado al que la palabra refiere. Trataré sinembargo, de mostrar como lo discutivo se aproxima intuitivamente a la feminidad que encontraremos en nuestra vida.

Mi visión de lo femenino, siguiendo el molde de la edad adulta, presupone un propósito formal, un devenir que se ancla en la cultura.La importancia de ser adulto se encuentra en la practicidad, en el mundo cultural y visible. Más que nada lo adulto debe lograr un efecto de ilusión. En este tratamiento que se requiere para lograr una apariencia encontramos la esencia femenina.

Trataré un ejemplo convencional, el de la niña que se maquilla. El empleo del maquillaje, altamente femenino, parece transponerse a la niña como una especie de deber futuro, como asumir de antemano la transformación de la feminidad. Pero el maquillaje no es propio del infante, más de un padre lo deplora. Aquí podemos ilustrar como se acompaña la analogía entre lo femenino y la edad adulta, la niña está excluída del circuito de lo que se define femenino mas en su empeño ayuda a encontrar las características de la esencia mujer. Lo que no quiere decir que el rol infante no posea también una dimensión que remita al sexo, un niño y una niña son entes básicamente independientes. Si vemos el objeto desde nuestra sociedad actual -capitalista/consumista-,vamos a hallar que los bienes de consumo que se producen para la niña tienen alguna estética. Tenemos pues, una diferencia fundamental entre lo femenino y lo adulto, y es que se admite la parcialidad de lo primero en lo que remite al discurso, mientras que el adulto se pretende universal. Existen productos femeninos porque la categoría feminitendiente existe. Se admite que la mujer no es propiamente un adulto.

Esta absurdidad puede encontrarse en un fenómeno masivo del siglo pasado: La inclusión de la mujer a la esfera laboral. La práctica de que la mujer se “masculinice” para formar parte del circuito del trabajo enfatiza la competencia entre el mundo femenino y la sociedad moderna. En el universo del trabajo, el adulto es un individuo privilegiado que debe borrar sus funciones para volverse esencialmente nada más que un adulto. Se nos sugiere con fuerza que la feminidad también debe perderse. Las actividades que se quieren “propias a la mujer” se han constituído como partes centrales de la lucha por la igualdad de los sexos, en una paradoxal actividad que busca contrarrestar la homogeneidad del trabajo -un tipo de igualdad-, por la puntualidad del discurso de derecho. Solo que el adulto es una ilusión, una materia que se empeña simplemente en detener los problemas a la puerta del trabajo, no de solucionarlos. No se puede alterar fundamentalmente la relación de los sexos sin desartícular la identidad del individuo adulto en la sociedad. El adulto afrenta las otras prácticas humanas.

Entonces decimos que lo femenino remite a algo similar a lo adulto pero carente de verdadera universalidad. Aquí uso la palabra universal como una pretensión que pretende valía al interior de una cultura, contrario a aquella que busca valer en todas las culturas*. Al tratarse de algo que supera la simple vida orgánica y que se define por la impresión, sabemos que su distancia con la niña no puede venir de la edad. Voy a sugerir, como suena bastante intuitivo, que lo femenino tiene cierta relación con la sexualidad personal, y que existiendo en una sociedad donde el sexo infantil es suprimido con fanática devoción, la noción no puede emplearse en una niña. Sin embargo insisto en que la noción no es biológica, no se trata verdaderamente de la edad que una niña pueda poseer, la persona física en su feminidad depende más bien de la aparienica. Una niña puede admitirse femenina si parece más bien adulta y se ignora su edad, una adulta puede luchar por ser femenina si aparenta situaciones distintas al canon estético fijo -sea por vejez o complexión, por ejemplo-.

Pero como la feminidad es un perpetuo devenir y además no se presenta como normal en contraste con el canon adulto, siempre existe la feminidad en potencia. No se requiere ser femenino, basta con tomar medidas para poder aproximarse a ello. Entonces, el lado femenino existe en cierto modo, solo que la noción de lado no es personal, sino más bien geométrica. Uno se encuentra de lado, en una periferia de la verdadera feminidad. Es imposible tener un lado femenino, pues lo femenino no se tiene, sino que se busca. Lo que, si uno se pone a pensarlo, no nos ha dejado un pelo más cerca de entender qué es femenino finalmente.

 

Femme

5 Jul

Es interesante notar a veces las implicaciones que algunas frases que usamos. El ejercicio*, efectuado de un modo correcto, es una guía del pensamiento, pues incluso el lenguaje, tan dado a limitar nuestras ideas, puede saber multiplicarlas.

Yo pensaba en esta frase hecha que utilizamos, la que refiere al “lado femenino”, que ya de por sí se nos vuelve turbia lanzando la noción de feminidad. Soy un abogado de las frases que causan problemas, de la noción de que la limpieza en el lenguaje es una afrenta para el lenguaje, y que nuestro peor error ha sido pensar que se puede decir algo objetivamente. Estoy, naturalmente, mintiendo, pero es parte del funcionamiento de este blog. Por otro lado hay palabras que llevan su dominio más allá del mero sentido y que llegan a construir en ellas sistemas complejos de significado que actualmente atemorizan a quien las menciona. A mi parecer, también estas palabras intimidadoras, las que no deben ser dicha, son mas parte del problema que de la solución. No requerimos vacas sagradas**.

Y si menciono esto, es que lo femenino forma parte de estas palabras terribles.

Porque en una cultura del humanismo se desea que lo femenino remita a lo humano, he de pensar que el vocablo remitirá a la mujer, en vez de la hembra animal o a un género de discurso. Ser femenino es asimilar la figura cultural y arquetípica de la mujer, lo cual poner problemas en tantos términos que ni siquiera da risa. Ahora, hablamos antes del racismo***,explicando cómo las palabras dogma pretenden darse por entendidas, cuando en realidad solo se trata de un método para evitar la interrogación. La experiencia de un lenguaje que no entendemos, o que entendemos sin poder argumentarlo razonablemente, nos desequilibra. Entonces, tenemos este objeto abstracto que todos saben que es pero nadie puede decir qué, ¿en tal caso podemos decir que es real?

**-Soy de la opinion de que lo sagrado hace más falta en la vida del hombre de lo que la modernidad le da crédito, mas no doy la espalda a los múltiples problema que proceden del dogma. Hay una parte de lo sacro que proviene de la voluntad de inspiración y explicitación de los objetos del mundo, en ello logramos entender las cosas como más que palabras o experiencias olvidables, este volver a poner en juego un determinado número de lugares e instantes es sumamente valioso. La parte del dogma en lo sacro es en realidad algo que nunca hemos abandonado y que más o menos convive con nuestras constumbres diariamente. No es el dogma que quiero ganar en el argumento lanzado.

De entrada se sabe que la feminidad no es universal. Ser una mujer parece ser un estado que se expresa por mucho más que tan solo abordar el estado de “ser hembra”, ser femenina precisa exactamente enriquecer el animal mujer con una cama de decoraciones o ausencias que la transformen en el “ente social-humano mujer” -siguiendo la detestable tradición que separa el estado humano y el animal. Ahora, si la feminidad consiste no en la dimensión de distinción alcanzada, sino en la constatación de dicha búsqueda, entonces estamos más cerca de la universalidad, mas nos alejamos de lo estrictamente femenino. No es arduo notar que el varón, dominante en la mayoría de las sociedades que aún hoy sobreviven, también ha gozado de un montón de ritos que lo vuelven varonil. Ha oposición entre lo femenino y lo masculino, solo que no es una anulación de facto como si se tratase de la negación matemática, es tan solo un modelo cultural.

Hago un escalón para lograr entender la feminidad en su contexto social, refiriendo al objeto ya largamente desarrollado que definimos como la edad adulta. La adultez escapa a la definición biológica, es una función cultural. Se entiende que el adulto es el varón ampliamente adaptado a su ambiente social, en el mismo sentido, la entidad asimilada y femenina cumple la misma función. Podríamos decir, pues, que lo femenino es aquella hembra plenamente aceptada por el canon social que busca representar -como el adulto trabajador busca ser representante de la modernidad-, de esta manera permitimos igualmente que la burka y el vestido de noche convivan en ese espacio que podemos proponer femenino.

*-Se trata de un ejemplo de lo subjetivo actuando, encontrarse con la palabra y buscar en ella algo que no exude de su literalidad se extiende hacia su literaturidad. El ejercicio es una lectura.

Aunque este trato utilitario no va a resolver nuestro…

Los primeros años

23 May

hace del individuo social un ente que debe adaptarse a la circunstancia en que vive. Vale aclarar que la adaptación, como proceso biológico, puede considerarse “desmentida” en ciertos casos, por la teoría moderna de la evolución. Esto es un discurso científico en que no podemos adentrarnos profundamente, mas entender el concepto de adaptación puede ilustrar que queremos decir al hablar de un adulto.

Decimos que un individuo está adaptado cuando no muere, coloquialmente, se supone que el personaje en cuestión se ha adaptado a sus circunstancias, con ciertas ventajas que le permiten sobrevivir. Por sí misma, la adaptación no presupone la necesidad por parte del organismo de servirse del ambiente al que se ha adaptado para su continua existencia, en este caso, hablaríamos de una limitante que nos recuerda más a la domesticación, en el sentido de dependencia biológica desarrollada a un objeto. Tenemos pues, que en la teoría de la evolución, se enuncia con anterioridad la supervivencia de las especies como línea de continuidad: Una supervivencia del más apto*. Solo que la aptitud, como todo fenómeno físico, es relativa. Que las jirafas tengan cuellos largos, es una adaptación, un cambio biológico que obró y permitió la supervivencia de los antepasados de la jirafa actual. Solo que la jirafa no sobrevive por tener un cuello largo, sigue teniendo un largo cuello porque sobrevive. ¿Cómo es esto? Que una mutación termina por resultar benéfica -por un cambio exterior, una sequía, la aparición de un depredador nuevo-, y predominar en toda una especie, siendo desarrollada por herencia en generaciones futuras. O sea que la jirafa tenía el cuello largo antes de “adaptarse”, y fue por ese cuello largo que se adaptó. Entonces, el cambio biológico fue arbitrario, pero coincidió con un cambio de ambiente, logrando que la jirafa se adapte. La adaptación sería pues, proactiva.

Por supuesto, hemos descubierto que el concepto de hombre adulto se ha redefinido a través del tiempo, y de cierta forma ha generado este cambio de ambiente que se presupone que halla adaptación. El hombre pues, se adapta a sí mismo -mejor dicho, a su propio discurso, como las abejas se subyugan ante su propia bioquímica-, y en la medida de su adaptación, se transformará en lo que conocemos como un adulto. El adulto es el individuo perfectamente domesticado por sí mismo, cuando el hombre se adapta a su propia sociedad y a su vez, pierde todo tipo de adaptaciones fuera de ella. Mas como las adaptaciones no son entidades puramente biológicas sino ambientales, el hombre no puede estar, en cualquier lugar o momento, perfectamente adaptado. La sociedad ha ido cerrado su discurso para tratar de contener simultáneamente, hombres adultos de diversos tiempos, que respondan a lo que ella considera adulto.

Se preguntará genuinamente usted, lector, por qué no simplemente delimitar la edad adulta por su criterio más básico, que se encuentra al discutir el término mismo diciendo “edad”. La primera noción que tenemos al hablar de un adulto es una persona de determinada edad, sea por criterios jurídicos o temporales; no nos inclinamos por la adaptación. Y sin embargo no nos extraña utilizar el adjetivo “infantil” cuando tratamos con un adulto cualquiera, ni tampoco, pensar en gente que se comporta “cómo adolescentes” a pesar de su edad. Se puede remitir a una edad adulta primariamente biológica, mas en nuestra sociedad en la que el cuerpo físico se menosprecia o se silencia, tenemos una referencia artificial que resulta dominante. El adulto es aquel que toma responsabilidad discursiva de sí mismo, permitiéndose la sobrevivencia social de sí mismo y de un número de personas que lo rodeen. Digo bien supervivencia social, porque modelado en un sistema casi del todo artificial, el adulto está más claramente domesticado que verdaderamente adaptado. Como ser social, el hombre está subordonado a los discursos, entiéndase, a las abstracciones que refieren a objetos poco concretos como el gobierno o las buenas costumbres. El adulto es pues, el más adaptado y más domesticado de los hombres.

*- Al hablar de la supervivencia del más apto, en lo referente al animal genealogía biológica, se reconoce hoy día la noción no de “fuerza” sino también de “capacidad sexual”, entonces tendríamos que las adaptaciones de pretender, mentir o adornarse a sí mismo -evoluciones estéticas-, figuran también en la noción de selección natural, en una versión que se extiende sobre la de Darwin.

Podemos decir entonces, a sabiendas que existen hombres de todas edades que no funcionan como adultos, que la adultez es un género de persona. El género funciona como una espectativa, como un molde o modelo en que colocamos la figura adulta actual. El adulto modelo es responsable de su discurso ante la ley, también es trabajador y autónomo. Volvemos pues a la idea de un hombre libre y trabajador, a saber que estas dos características no se conjugan necesariamente en el mismo individuo, porque el adulto puede ser más que una persona. Esto se debe a que el discurso social, se asume, pero se ignora -discutiré esto cuando abordemos los seminarios de Derrida-.

Al figurar una comunidad adulta…

Entrando a la edad adulta

22 May

Las palabras, con sus problemáticas, pertenecen al universo de la literatura. Hay algo de filosófico sin embargo, algo que sin duda remite al pensamiento. Solo que heredamos las palabras muchas veces sin inventarlas, sin realmente asumir lo que sus implicaciones y sigificados pueden querer decir. Primero fue el verbo y luego pensar.

Voy a problematizar pues, dentro de un concepto, de una palabra. He elegido este término en particular porque concierne a una realidad que puedo decir mía, sin verdaderamente escaparse de la rígidez absurda que tiene nuestro aprentizaje social. Es un término con muchas transformaciones históricas, y que paradoxalmente, existe y no ha existido a la vez. Mi compromiso es hacer una serie de artículos válidos en el tema: Hablo de la edad adulta.

Efectuaremos pues, una pequeña desconstrucción de este concepto, ¿por qué la adultez? ¿a qué nos remite hoy día? Veremos cómo posee sus espectativas sociales y que dichas espectativas funcionan como un género, como un molde que dirige a las personas. Nos remitiremos también a este concepto dentro de la literatura, hablaremos de literatura infantil, erótica y adolescente; entraremos en los conceptos de infancia y adolescencia dentro del arte, para entender cómo se conforma la espectativa del adulto. Habiendo caractérizado todos estos elementos, trataremos precisamente de encontrar la tercera opción, de problematizar cómo se escapa del modelo adulto y en qué se conforma su periferia. Detallaré estos pasos de la manera más tendida y razonable posible, empezando por definir algunas perspectivas históricas.

Desde los tiempos antiguos, el conocimiento humano remite a lo que se considera la persona adulta, opuesto a la niñez en la que aún no se expresa la importancia discursiva del pensamiento. El adulto es el lector providencial, aquel que en ausencia de otros específicos, recibe todas las palabras que dirigimos, históricamente tratamos con el “hombre”, en su nivel humano, en su capacidad e impetu físico singular. El adulto es pues, aquel que en nuestra sociedad se encuentra como pez en el agua, es el ciudadano, el que forma parte de las demcracias. Lo que nos debe indicar naturalmente que estamos fuera de un término del todo fijo, que en el tiempo no se conserve. En ciertas civilizaciones los hombres viejos eran respetados por su sabiduría, mas al montar la esperanza de vida, se ha comenzado a desterrar al viejo a un sitio precario. El viejo deja de ser adulto cuando inventamos una “tercera edad”, lo que nos puede llevar al engaño de imaginar que ha sido la tercera invención que puede compararse a la edad adulta.

Si nos remitimos a la sociedad española, por ejemplo, no se puede decir que la mujer siempre fue adulta. Los ciclos biológicos que corresponden a nuestra concepción de adultez, no eran análogos en la persona femenina, eternamente borrada de los procesos históricos. Había mujeres adultas, pero no en el rol de ser propiamente adultos, eran una especie de adulto-adjunto; social, legalmente y discursivamente. Esta realidad que podemos remitir a la sociedad, caduca mucho más temprano en la literatura, donde sin duda las mujeres son pronto las destinatarias privilegiadas. La mujer lee más que el hombre en promedio, y la literatura ha debido adaptarse a esta preferencia. Debe entenderse que por dicho motivo, una noción adjunta de la literatura, era distraer y alienar a las mujeres de sus vidas seudo-adultas, y ayudarlas a asumir su sitio secundario en la sociedad. Esta libertad de alinearse al discurso, de ser destinatarias y no objeto del discurso, va volverlas igualmente actoras y compartiran este sitio que el adulto tiene, como receptor de cada concepto social.

Podemos encontrar ya en los textos religiosos, un par de conceptos que van a acompañar a la noción de adulto por los siglos: La libertad y el trabajo -cosas que se contradicen-. En el aspecto laboral, la invención del adulto puede considerarse reciente, puesto que un infante puede aún -en ciertos sitios- asumir el puesto de generador de bienes para su familia. La sociedad moderna quiere que el niño no trabaje, mas condena al adulto que no tiene el gusto por esta actividad. Vislumbramos pues, este motivo de diferencia: Al entrar el régimen capitalista al poder, el discurso que define al adulto se transforma, debemos hacer frente a una realidad productiva, a una donde el hombre no puede alienarse como fuerza de producción, un modelo de vida que contradice y a su vez presupone la idea de libertad.

Porque el adulto se supone libre, o mejor dicho, responsable. Se le puede castigar por sus actos como si se tratase de acciones en conocimiento de causa, se le considera graduado en una escuela de discurso social, que lo debe endoctrinar para vivir en sociedad o ser sancionado de no adaptarse. Ambos procesos, ya lo vemos, proceden de la adaptación, que a su vez es una visión del mundo que…

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