Tag Archives: adolescencia

De la edad

1 Jun

http://arrowni.podbean.com/mf/web/yvpdbr/Edades.mp3

Luego subo la traducción.

Anuncios

Entrando a la edad adulta

22 May

Las palabras, con sus problemáticas, pertenecen al universo de la literatura. Hay algo de filosófico sin embargo, algo que sin duda remite al pensamiento. Solo que heredamos las palabras muchas veces sin inventarlas, sin realmente asumir lo que sus implicaciones y sigificados pueden querer decir. Primero fue el verbo y luego pensar.

Voy a problematizar pues, dentro de un concepto, de una palabra. He elegido este término en particular porque concierne a una realidad que puedo decir mía, sin verdaderamente escaparse de la rígidez absurda que tiene nuestro aprentizaje social. Es un término con muchas transformaciones históricas, y que paradoxalmente, existe y no ha existido a la vez. Mi compromiso es hacer una serie de artículos válidos en el tema: Hablo de la edad adulta.

Efectuaremos pues, una pequeña desconstrucción de este concepto, ¿por qué la adultez? ¿a qué nos remite hoy día? Veremos cómo posee sus espectativas sociales y que dichas espectativas funcionan como un género, como un molde que dirige a las personas. Nos remitiremos también a este concepto dentro de la literatura, hablaremos de literatura infantil, erótica y adolescente; entraremos en los conceptos de infancia y adolescencia dentro del arte, para entender cómo se conforma la espectativa del adulto. Habiendo caractérizado todos estos elementos, trataremos precisamente de encontrar la tercera opción, de problematizar cómo se escapa del modelo adulto y en qué se conforma su periferia. Detallaré estos pasos de la manera más tendida y razonable posible, empezando por definir algunas perspectivas históricas.

Desde los tiempos antiguos, el conocimiento humano remite a lo que se considera la persona adulta, opuesto a la niñez en la que aún no se expresa la importancia discursiva del pensamiento. El adulto es el lector providencial, aquel que en ausencia de otros específicos, recibe todas las palabras que dirigimos, históricamente tratamos con el “hombre”, en su nivel humano, en su capacidad e impetu físico singular. El adulto es pues, aquel que en nuestra sociedad se encuentra como pez en el agua, es el ciudadano, el que forma parte de las demcracias. Lo que nos debe indicar naturalmente que estamos fuera de un término del todo fijo, que en el tiempo no se conserve. En ciertas civilizaciones los hombres viejos eran respetados por su sabiduría, mas al montar la esperanza de vida, se ha comenzado a desterrar al viejo a un sitio precario. El viejo deja de ser adulto cuando inventamos una “tercera edad”, lo que nos puede llevar al engaño de imaginar que ha sido la tercera invención que puede compararse a la edad adulta.

Si nos remitimos a la sociedad española, por ejemplo, no se puede decir que la mujer siempre fue adulta. Los ciclos biológicos que corresponden a nuestra concepción de adultez, no eran análogos en la persona femenina, eternamente borrada de los procesos históricos. Había mujeres adultas, pero no en el rol de ser propiamente adultos, eran una especie de adulto-adjunto; social, legalmente y discursivamente. Esta realidad que podemos remitir a la sociedad, caduca mucho más temprano en la literatura, donde sin duda las mujeres son pronto las destinatarias privilegiadas. La mujer lee más que el hombre en promedio, y la literatura ha debido adaptarse a esta preferencia. Debe entenderse que por dicho motivo, una noción adjunta de la literatura, era distraer y alienar a las mujeres de sus vidas seudo-adultas, y ayudarlas a asumir su sitio secundario en la sociedad. Esta libertad de alinearse al discurso, de ser destinatarias y no objeto del discurso, va volverlas igualmente actoras y compartiran este sitio que el adulto tiene, como receptor de cada concepto social.

Podemos encontrar ya en los textos religiosos, un par de conceptos que van a acompañar a la noción de adulto por los siglos: La libertad y el trabajo -cosas que se contradicen-. En el aspecto laboral, la invención del adulto puede considerarse reciente, puesto que un infante puede aún -en ciertos sitios- asumir el puesto de generador de bienes para su familia. La sociedad moderna quiere que el niño no trabaje, mas condena al adulto que no tiene el gusto por esta actividad. Vislumbramos pues, este motivo de diferencia: Al entrar el régimen capitalista al poder, el discurso que define al adulto se transforma, debemos hacer frente a una realidad productiva, a una donde el hombre no puede alienarse como fuerza de producción, un modelo de vida que contradice y a su vez presupone la idea de libertad.

Porque el adulto se supone libre, o mejor dicho, responsable. Se le puede castigar por sus actos como si se tratase de acciones en conocimiento de causa, se le considera graduado en una escuela de discurso social, que lo debe endoctrinar para vivir en sociedad o ser sancionado de no adaptarse. Ambos procesos, ya lo vemos, proceden de la adaptación, que a su vez es una visión del mundo que…

No me gusta la adolescencia

22 Abr

Porque en serio ¿de qué adolece? O sea, ya de por sí la idea de una etapa intermedia bien definida entre la edad adulta y la infancia es una novedad indeseable y rastrera, pero además estamos tratando con una palabra peyorativa desde el origen. Mis masoquistas, ¿cuándo adolecer se considera algo bueno? Según entiendo, sugerir que uno va a ser un adolescente por diez años -o piadoseamente morir-, me parece una grosería no muy sutil.

Tal vez es una analogía política. Vamos a referirnos a un grupo de seudo-ciudadanos que sufrirán prejuicios laborales y serán vistos como inferiores intelectuales por años a venir. Aunque en ese caso los obreros deberían llamarse también adolescentes. Mi opinion personal es que si por lo menos adolescente tuviera el sentido de “trabajador” estaríamos en la analogía directa y la palabra amortiguaría su miseria. No obstante, aún sin pensar en el desatino del concepto, también la palabra misma es una merma.

Adolescencia. Como adosar, pegar algo encima de otra cosa, como una sugerencia tardía en una carpeta, una olvido, algo de segunda mano.  No tiene la levedad de “dolencia”, sino que en esencia, se nos estira grosera. Tiene una s seguida de una c como si el tipografo no se hubiera decidido a poner una sola letra y hubiera rellenado. Sce paresce a las haches de Cortáar, pero sin chiste -algo de adolescente tenía Cortázar ¿no?-. La persona que la tiene se reduce a un adolorido, pues sea varón o hembra lo hacemos simplemente adolescente. Que nos valga la distancia infinita entre sexos esos años ¿no? Francamente, esta idea de la carne que duele se me figura una intervención dental, a lo mejor por la salida de las vestigiales -y también desatinadamente nombradas- muelas del juicio. No por desviarnos del triste tema, pero no veo cómo esos dientes remiten al juicio, porque parece ser que la edad esta, se define por el dolor. El adolescente parece que desciende, que es less, que está ausente. Que es pues, tan solo gente.

Mas corta es la pubertad, y atinadamente por recorrer solo hasta la parte púbica del organismo. Es la libertad del púbis, o por lo menos, del pelo que a este corresponde. La edad en que se abre la puerta del pub. Al puberto se le salen los ojos del pubis, quiere anclarse en algún puerto. Lo voyeurista le llega así que el puber va a poder ver. La pubescencia es básicamente con lo que se forman los pub, nos recuerda tal vez al pus, y francamente no es bella palabra, parece que obligamos a pub y a escencia a pegarse contra su voluntad -perdimos la libertad que nos daba pubertad-. Otros vocablos, como núbil, nos recuerdan que el gesto no es vil, o que generamos bilis nueva, o que como las nubes vamos a cambiar de forma y parecernos a las fantasías de la gente. La nubilidad sería la habilidad de nublarse pensando en otra cosa. No se confunda con la vileza ni la novedad, el tipo ya estuvo con nosotros unos buenos diez años.

Luego está la mocedad y ser un mozo. Contrario al adolescente, el mozo se parece al gozo, y jugando con esta edad de amores quiere encontrar una her que lo encuentre hermoso, y la chica reconocerse toda su femineidad y volverse hermosa. Ha ganado efectivamente, mas edad. La dulzura como da ceda, la generosidad de aquel “dad”, hallo a esta palabra más bien buena. Ayuda también que las mocedades -gracias música-, se puedan hacer objetos de “cosas juveniles”, mientras que las adolescencias son muchos auch, las nubilidades parecen catálogo y las pubertades, son peludas. Para colmo de dicha, si uno se porta bien, el buen mozo es guapo.

Otra opción se nos presenta en juventud. Sin duda venturosa, jubilosa y llena de rectitud. El joven es jovial, dice ven a la risa, con ese sonidito gutural del cambio de voz. No es tan feliz juvenil, que nos dice que de jubilo nil, y parece como redil de chicos, o una invitación de que vengas menos agraciada. Malo que insista en que el joven y la joven sean iguales, quieren mezclarse pero no se parecen. El jovencito invita a salir a la jovencita.

El inglés, que a veces posee inspiraciones en geniales onomatopeyas y monosílabos estrictos, procede con la nada inspirada palabra compuesta teenager. Supongo que cualquier truco funciona para evitar adolescent, que el francés al menos disimula con jeunes que suena vagamente a juego y se asemeja -aunque ya de lejos-, a jaune, amarillo que nos recuerda a pollo. En efecto, las lenguas no tratan con cariño a esta edad compuesta que parece haber sido inventada literalmente para adolecer, triste destino.

Recomiendo pues, mantenerse alejado lo más posible de este penoso término despectivo y que se incline por el trato con mozos y se hable de juventud, no tanto de dolores internos y juiciosas muelas.

A %d blogueros les gusta esto: