5 Dic

Si amas a Dios, amas el desórden fundamental de su obra

 

Del mismo modo, si gustan de mí (por imagen y semejanza) tolerarán o apreciarán en diversas medidas mi dispersión. Y entonces, estamos aquí, en el artículado desórden de mis expresiones, en este obligado preámbula al problema que ocasionalmente (aquí), nos atañe. Un trozo de letras.

El asunto en general, para mí es uno, y como están frente a mi texto para ustedes es doble. Ahora lo haremos triple. De aquí el interés de la introducción ¿no? Proponer la dimensión adecuada para resolver un problema. Ojo: es usted quien lo resuelve, nadie más, yo soy testigo.

La verdad, en el fondo, no deseo que usted piense, requiero que escriba. La concepción con la que las ventilaciones son propuestas se cimenta en un concepto de veracidad dialogal, solo es válida hasta que la réplica del lector se propone. Jugamos con la temporalidad porque de otra forma los conceptos serían lineales y las argumentaciones entre lector y escritor de cierto modo respondarían a la misma predictibilidad. Descreo bastante del valor de novedad, yo quiero recuperar algo consistente de todos estos propósitos, una realidad dispersa que responda por lo menos a lo que yo puedo nombrar como mis Conceptos. Y tienen que ser dispersos, casi no ser, porque tengo la convicción de que así son los mejores conceptos, los de verdad.

Piense al respecto, escriba al respecto. No tiene que ser hoy ni mañana, puedo estar muerto ya, hágase el favor a usted mismo de entrar en este triple esfuerzo que hace de su asunto, el que le atañe (¿nos atañe?) un objeto que sea más que papel. En fin, saque algo de aquí, y no lo saque para guardarlo en su cabeza, literalmente dele algún apartado en el mundo, confirme por lo menos su existencia (no la del Concepto, sino la suya, lector, demuestre que es)

Ahora a trabajar.

 

Si bien cualquier regla contiene su negación, he desechado de antemano dos actitudes en la reflexión: no puedo justificarme y no puedo dejar de justificarme. Lo primero es un pecado de la arrogancia y lo segundo es un gesto de honestidad para con ustedes. El escritor no es un mago que guarda sus secretos para sí, su discurso es evidente, superficial. Pregunte y yo le responderé con lo mejor de mi carácter, no estoy escribiendo en público para pretender que mi conocimiento está privatizado, esto me parece sería un error de tacto.

Y me doy cuenta entonces que la honestidad se busca, no puedo permitirme una arbitrariedad. Me las permito todas, mas dejar vivir una es inválido. Entonces debo decorticar esta sinceridad que me es propia, tratar de, si no desentrañar una razón de mi verdad, por lo menos inventarla, fabricarla, falsificarla. Yo quiero eso: verdades falsas. La mentira es una tarea de gran monta, siempre y cuando uno no se la permita para todo, sino para una sola cosa.

Por consecuencia ilustraré un disgusto y en esto formularé tres opiniones, tres realidades falsificadas que pueden dar cuenta de una verdad probablemente irracional. Voy a inventarme una personalidad específicamente para la novela, para juzgar, anular y distraer mi disgusto extremo hacia el género novelezco. Condensaré esta repugnancia visceral, este aburrimiento sincero, en tres ensayos, y se los propondré a continuación. Bueno, a continuación a sabiendas de las reglas establecidas. Igual me parece que todavía se las estoy dejando fácil.

Entonces, la novela, en tres capítulos, tres maneras de reprocharle a la novela ser lo que es, tres maneras que además podemos tachar parcial o totalmente de inválidas, que puedo o no compartir. Si tratara de ser transparente erraría en el lado de la falsa humildad, en realidad tampoco es un camino decente. Para ser visible -se sabe-, no basta ser visible, sino además hay que ser opaco, tiene que haber una materia que podamos agredir para verdaderamente confiar a nuestra vista. El escritor no es ilusionista.

En cierto modo, los amo, y necesito darles y que me den lo mejor de ustedes. Por eso, no una vez, ni dos, sino tres.

 

Propósito para el año que viene: que la mitad de mi obra sea la introducción al resto de mi obra. Toda proporción guardada.

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