El conflicto no es malo

11 Jun

Esta semana salgo a Paris para una acción administrativa, si algún lector curioso se halla por ahí en estas fechas, puede mandarme un mensaje mañana para poder vernos y discutir ¿no? ¿Qué tiene de malo? Pero si ustedes son de los distraídos y se dicen algo como “pero usted de todos modos apenas postea en este blog”… Pues, supongo que es ahora que pierdo la sutilidad y les explico qué está pasando ultimamente.

Recordemos uno de los problemas del artificio: la inteligibilidad. Podemos doblar los códigos de lectura pero luego se rompen, la secuencia, el lenguaje, los neologismos… El lector necesita ponerse al día con estas nuevas reglas que acaso suceden al momento mismo que leen. ¿Nunca han llegado a un texto y sentido que algo les falta? Bueno, eso es lo que busco aquí, en parte. Y que no les moleste, que sean mis lectores, los de sangre fría, que llegan a un texto no esperando nada y esperándolo todo. Si ustedes son así, y prestan atención al detalle habrán notado una reciente adición a la presentación de la página.

(Dejo que en este momento la busquen)

Cortazar empieza Rayuela con una propuesta, con el “manual de uso” del libro. La entrada que están leyendo también es una suerte de manual de uso. Explicaré el por qué y el cómo, de lo que hace que el concepto que empleo funcione y al mismo tiempo falle miserablemente, y que sencillamente vuelven el acceso a este blog practicamente imposible.

Como dirían mis amigos de la facultad, I’m a jerk.

Entonces, les recuerdo que hace unas entradas dije que empezaría a borrar mi blog, porque el sistema que busco tiene que ver con la temporalidad y la caducidad del discurso escrito. Esto lo descubrí buscando en Yahoo -en una época pre-Google-, cuando buscando determinado poema o frase, llegaba a una página que el triste servidor de Geocities había evacuado. Entendemos que conforme los servidores se vuelven progresivamente más baratos se vuelve menos fastidioso mantenerlos funcionando. Pero la verdad es que todos desaparecerán, lo que se escribe en internet no se queda, tiene fecha de caducidad escrita. Esta lección la expandí hacia mi blog, aceptando que su final estaba escrito en su principio aunque la voluntad de WordPress fuera conservarlo. Mi paso poco sutil y a veces exagerado fue sencillamente borrar.

Por supuesto, borrar por borrar es una práctica extraña, no una cuya estética pueda interesarnos. Opté entonces por el reemplazo, en escribir sobre viejas entradas. ¿Elegante? ¿triste? Ni idea, a ustedes de juzgar. Supongo que el efecto es sencillamente desafiar un poco el sistema cronístico que de todas maneras nos parece evidente al usar internet, que el pasado ha permanecido y no puede cambiar activamente. Y si acepto que usted puede llegar a mi blog sin leer las entradas en orden, espero también que pueda por accidente describir una novedad que para usted no tenga nada de nuevo. Una construcción temporal del todo extraña.

Esta es la primera de las Eras de este blog, las que pueden seguir de manera más o menos fiel, en la categoría de “Era”. Hallarán ahí los que han leído todo el archivo, sus respectivas novedades, como una segunda línea de nuevas entradas que se van añadiendo a esas que ya se consideran nuevas y aparecen en la página de entrada. Puedo considerarlos por este medio advertidos: Las Eras cambian la manera en que este blog debe leerse. Tenemos una sola Era -por lo pronto-.

No se enfurezca si el juego le parece ridículo, recuerde que también Arguedas expresó su disgusto a la entrada de Cortázar. Considero que este blog es innecesario, y por lo tanto puede e incluso debe transformarse. Luego añado una página para que futuros lectores tengan la oportunidad de verificarla y entiendan como leer esta era, tan solo para que el movimiento no sea alienante para los recién llegados. No espero que haya un orden en este blog: ni índice, ni instrucciones. Ya he planeado esto también en otras medidas que luego comentaré, cosas que digo y ya presupongo sin que crea que requieran explicación. Porque el tiempo, aquí, no existe.

Espero que la nueva convención les convenga.

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2 comentarios to “El conflicto no es malo”

  1. davidgrg 11 junio, 2012 a 10:31 #

    Dos cosas me parecen interesante aquí y así, a vuela pluma. La primera es la noción de borrado, muy derrideana. El borrado, el “eraser”, trataría de ser o opuesto a la huella. Toda la mística y la teología negativa andan por los lares del borrado. Pero como todo usuario de lápiz y borrador sabe, el borrado deja huella (a veces hasta rompe el papel). De modo que huella siempre la huella aun borrada. La prueba está en lo que tú mismo dices: buscas en google cosas que ya no están pero que google te dice que están. Y existe copia en caché que google almacena. En este sentido las instituciones o empresas que impiden el borrado, que hacen que persista la huella, la tradición, el secreto del secreto, nos impiden olvidarnos de todo.
    Por eso me parece acertada tu opción por la reescritura. Una reescritura invisible, si no te he entendido mal, de modo que el lector no sabe lo nuevo respecto a lo anterior.
    Esto me lleva a la segunda cuestión que quería comentar: la Era, el tiempo. Mediante tu propuesta (que sí que es estética) pretendes un último borrado, el del tiempo. Lo conviertes en símbolo ( dices “Era”) y sanseacabó. Todo tiempo es simbólico dirás. Y tendrás razón. Pero la anulación consciente del tiempo, via símbolo si quieres, pero anulación, borrado, trata de no dejar huella. Un tiempo, el de la escritura, en el que desaparecen las sucesiones de escrituras y tachados y añadidos y reescrituras, y se convierte todo en simultaneidad e inmediatez en el acto lector. Leer es atrapar el tiempo, dicen los cursis, y someterlo. Y no les falta razón. Escribir es someterse al tiempo queriendo anularlo. Envejecer sobre el papel. Con arrugas de tinta. (Por cierto, metáforas ya inválidas en esta era ¿digital?).
    Queda una última cuestión: en la entrada colocas la palabra conflicto. Pero luego no he creído leer demasiado sobre ello. ¿Te refieres al conflicto ficticio que generará tu estética del borrado? Eso solo certificaría que toda estética busca o tiene su origen en el conflicto. Cuidado que estoy de acuerdo con eso. La provocación no deja de suponer la búsqueda de nuevos procesos de violencia estética. El conflicto, vaya tema…

    • arrowni 11 junio, 2012 a 11:20 #

      Primeramente gracias por el pronto comentario -otra prueba creo de lo digital, digital de dedo, de que ahora teclear a manos llenas, presumo-, francamente me ha puesto entusiasta y lo aplaudo no por el gusto que me causa -que no es poco-, sino porque me ha parecido tan acertado que callar fue mi primera impresión, y la respuesta tradicional a este silencio satisfactorio es paradójicamente el aplauso. En fin, quizás no debiera responder de tan logrado que me parece, pero sería dar el mal ejemplo y no osar. Hablar de la reescritura es hablar del riesgo, acaso la cosa que uno borra fue la correcta.

      En efecto, matar el tiempo sería la estructura preferente en este proyecto actual que tengo. Digo bien matar, porque después de toda nuestro heroico combate queda el cadáver del tiempo mirándote con una cara seria, como el cadaver de Dios con Nietzsche. La escritura es tanto con el tiempo, en las maneras que lo describes y en tantas otras, que incluso el asesinato siempre parece un cuento de detectives: no hay crimen perfecto. Restituyo el valor textual de esta noción de crimen perfecto, sería por supuesto, aquel asesinato en el que ni siquiera el lector se da cuenta de quién es el asesino o que ignora al final de todo que el crimen sucedió. El riesgo de este artificio es no escribir sobre el crimen en absoluto, que estemos enfrente de todo menos de un policial. Así que cualquier asesinato textual del tiempo es un gesto torpe, que necesariamente se salpica por todas partes, no solamente en los interlocutores del texto, pero incluso en la materia física (como dices, envejeciéndose el papel, arrugando la tinta*) como el servidor web, o la piedra pictórica. Somos cómplices la era digital y nosotros -los desventurosos asesinos- de un complotar por el olvido, recibir nuevas y mejores herramientas para deshechar las palabras como fuente de testimonio, de narración que ordene el tiempo. Vamos es una crisis para la palabra escrita -para toda la información en todo formato, pero bueno, uno se envicia con sus juguetes-, y en la crisis existe esta oportunidad: el acto final de desaparición. Algo que yo no quiero víncular con apocalipsis alguno porque suena muy dogmático, pero creo que es el acto del prestidigitador -en este caso de la prestidesdigitalización-, en cuyo objeto tenemos la ilusioria desaparición, que es a mi buen entender ilusoria. Si la mujer que uno corta en el cajoncito se parte de veras en dos es algo muy triste, la cuestión es lo que aparente. Y jugamos a ventaja porque la presencia -del viejo lector, del nuevo lector-, transforma la experiencia. Estamos en un espectáculo en vivo sin la comodidad de la presencia. O a mí me gusta pensar que hay algo de eso. Obvio habrá que buscar más Eras y más trabajo, porque eso tienen todas las Eras: nunca hay una sola.

      *Redistribuyendo acciones a los diversos sujetos.

      Ahora la pregunta del Conflicto que la considero más espinosa (porque como los chistes muchas veces los textos se pierden si uno los explica, de ahí que se quiera a veces hablar en términos muy vagos, y que la vaguedad parezca una joya en bruto para muchos), porque si me preguntan la razón presuponemos que tengo razón y si no la tengo pues estoy excluído del club de los razonantes que son/somos los buenos y etc. etc. Pero bueno, el juego es jugar. Lo que dices tiene que ver, y es parte de lo que escribo, la violencia estética y esta provocación incierta hacia el lector, la amenaza vigorosa de volverlo un excluído del texto es parte de lo que pensaba al hablar de conflicto. ¿Por qué no lo mencioné más? Hay algunas textos como las adivinanzas en que no se menciona la palabra de lo que es cuestión porque resulta del todo evidente, creo que caí en este tipo de redundancia. La lista es un género estéticamente bello así que me apegaré a ella para referir al conflicto: pasado-presente, caducidad-intemporalidad, texto viejo-texto nuevo, leer o no leer, el texto convencional contra el otro. Serían razones válidas, aunque creo que la verdadera materia para mí viene del Tiempo. Conflicto es de esas palabras de sufijo “con”, que sugiere simultáneidad. Además caía que fuera tiempo que yo enfrente y haga acto de presencia a los lectores que no coincidan acaso con la apuesta estética que tengo, es otro conflicto. Ya lo mencionaste con la reescritura, tenemos cuando rayamos papel o pixeles, ese privilegio de añadir, tachar, recomponer, desvanecer las expresiones de nuestros borradores; lo que presenta el escape perfecto para evitar el conflicto, la escritura convencional como arma final contra el descontento, el discutir como “personas civilizadas” porque con la comodidad del tiempo para discernir muchos conflictos son evitables. Creo o por lo menos espero, que jugar con el tiempo afecte este estado de impunidad que uno tiene al redactar. Para que el lector no sea impune, el lector debe ser punitivo ¿no? Helas, veo el bien en esta disposición más bien curiosa.

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