Taza de té

22 Mar

Se habrán dado cuenta que desde que tengo una computadora para el trabajo estoy un poco menos consistente en subir entradas al blog, la cosa es apenas a medias voluntarias, dos de cada tres días pasa que se me olvida sencillamente subir entrada y otras veces juego a engañarme diciendo que he subido alguna recientemente. Es penoso pero así suelen ser los proyectos personales, uno hace conjeturas sobre el tiempo que va a tener y basa sus expectativas acorde a eso, juzgando por medio de esa ficción extraña la inmediata realidad. Digamos que en el caso del blog está medio mal realizada, pero al menos sirve de ejemplo a nuestros automatismos de organización.

Hay muchos juegos de tiempo que pertenecen a la palabra. Sé que hablo mucho del lenguaje y a veces poco de la literatura, ya corregiré el rumbo proximamente y groseramente, con ejemplos más bien concretos. Para las funciones literarias es mejor entender que antes de hablar se razona, que antes de razonar se piensa, antes de pensar se cree y antes de aquello se siente, antes de sentir se disiente, antes de disentir se espera, antes de esperar se exaspera y antes de exasperarse se sabe. En estas transformaciones entran una voluntad de tiempo y espacio que está implícita en lo dicho y que altera la percepción misma de la verdad. Y esto es parte del lenguaje, porque todo orden necesita forzosamente perspectivas de tiempo y espacio para construirse, y el lenguaje a fuerza de repetirse sugiere el órden.

Regresemos al ejemplo de la organización: se me permite procastinar gracias a que mi concepción de la realidad entra en tensión con una ficción que potencialmente puede suceder. Por algún motivo no hay urgencia y hay importancia relativa de mis actividades -el blog- con respecto a otras. Tenemos aquí todo un orden concebido, que incluso al momento de reconocerlo convierto en un enunciado que se conjuga en presente, futuro, condicional y con una secuencia definida. Sabemos también que la expectativa concreta de mi suposición nunca se realizará. El lenguaje produce ficciones constantemente, pues si uno toma por ejemplo una característica simple como los tiempos verbales se encuentra que producen una contradicción inmediata con el tiempo dicho real. O sea, al hablar del presente ya ha pasado dicho presente, y siempre una acción presente presupondría el discurso que está enunciado en dicha acción. Toda acción supondría representación, todo fenómeno físico sería respaldado por un modelo matemático que lo describe y luego terminaríamos por pensar que la matemática es una característica intrínsica del universo y que el modelo existe pues su descripción es algo legítimo. Suena a una manera muy humana de vivir ¿no?

Tal vez lo que no es evidente ante dichas expectativas es que no solo la palabra es una manera humana. Nosotros somos mucho más que lo que ponemos efectivamente en términos, la experiencia humana es mucho más que la verbalización, la cual se admite inútil hasta para hallarse a sí misma. Se omite al hablar lo que no es dicho, en el mismo sentido que se evita la libertad de otra manera de vivir por determinado tipo sedentario de planeación. Hay riesgos en la razón y la palabra, deben ser por lo menos lo suficientemente claros para que podamos asumirlos.

El determinismo sugiere que las cosas no pueden ser diferentes a lo que son, en el sentido de que todos los efectos y causas están definidos a un tiempo dado y la consecuencia será siempre la misma. No me parece terrorífico por dos razones: se trata de una manera rigurosamente racional y lenguajera de ver el asunto, por lo mismo reducirá y fallará en describir la esencia verdadera de tal; y por supuesto, incluso para causas idénticas se pueden leer interpretaciones y ficciones múltiples y sobre puestas. ¿No pensamos a veces que es el arte una especie de reflejo de la realidad? ¿o que su riqueza es la capacidad de ser interpretado de muchas maneras? Creo que las conjeturas no buscan describir el arte, cuya definición finalmente a nadie le importa, sino que necesitan decir algo del arte para tratar de palparlo con la palabra, que las frases mismas buscan describirse y hacer del arte otra voz que pueda pertenecerles. Ni el arte ni la ficción están limitadas a jugar con la palabra, a reproducir la palabra y a confirmar el redundante hecho de la comunicación: nuestra manera de concebir el universo ya reproduce la palabra lo suficiente, los juegos verbales tienen algo de fatigado, de redundante y de adictivo que los ha vuelto parte del arte, pero no son su fuente, sino un apartado que les otorgamos.

No confundamos el lenguaje con la acción de hablar, ni el planear con hacer. Suficientes errores gratuitos hacemos todos los días para imponérselos a expresiones otras que pueden tener resultados mucho más felices. Tener esperanza, no preocuparse por en qué se tiene la esperanza. Valgan los valores por lo que valen.

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