Gala

25 Feb

Tengo una lógica que ya explicaré -aunque para el atento resultará muy claro- por la cual no adscribo a escribir sobre eventos de actualidad en el presente diario. Hoy de cierto modo hago una excepción pues para responder a una voluntad de ventilar lo que tengo en la cabeza, lo inmediato, me hallo frente a la estimulación de un evento más o menos público, más o menos ligado a una fecha. Tampoco se vería muy natural evitar y circundar el evento en particular al que refiero para universalizar, evitaré pues las torpezas: se trata de una premiación de cine francesa, los césares.

He hablado previamente de los premios literarios, pero trataré la materia de modo diferente. Se pretende una evaluación y una adjetivación cuando se encadenan premios académicos, se exigen categorías y reglas formales, divisiones en forma y fondo. La pretensión de universalidad debe resultarnos inexplicable, pero supongo que en un principio de sinceridad, los respectivos jueces hacen un esfuerzo de objetividad para expresar lo mejor que les parece, sus propios gustos. A veces piensan representar los gustos de los otros, que es lo mismo, en ambos casos, la voluntad es lo aplaudible, pues el esfuerzo casi siempre resulta futil.

Las premiaciones cinematográficas son a su vez, un espectáculo. El caracter popular del cine es ineludible, las analogías con la realeza y el glamur no pueden ser más tangibles. La denominada farándula es también una ficción, lo que es solo adecuado desde un punto de vista metatextual. Por tal motivo vemos como ciertos géneros de discurso se sangran inevitables a estos espectáculos, el más prominente es el de la lista, pero podríamos también entregarle un valor de enciclopedia.

Se puede jugar bingo con las premiaciones de cine, se tiene en la horizontal a los nominados y en la vertical a las nominaciones, uno acomoda sus favoritos y trata de hacer líneas, formas, o simplemente de acumular puntos. Sería más gracioso si hubiera medallas de oro, plata y bronze, pero estos elitismos en una empresa tan subjetiva solo parecerían engendrar desacuerdos. Además parece que se engendran muchas envidias en estos eventos millonarios, y las enemistades aunque tratadas con gracia, a veces salen a relucir en su valor grotesco. Pero en fin, no expliquemos tanto esta ficción, regresemos al género de la lista. Se anotan adicionalmente en esta secuencia, los ganadores y nominados de ocasiones anteriores, así como los múltiples ganadores, y las competencias numéricas entre los más nomidados y los más ganados. Al ver esta especificación numérica nuestro ejercicio ya revela sus cuarteaduras desde el punto de vista crítico. Estar nominado a muchos premios se presenta como un galardón dudoso, en efecto, se puede proseguir a perder todos, pero adicionalmente el número de los galardones en sí presenta lo incomparable. Dejando de lado los premios incompatibles -mejor guion adaptado/original-, cualitativamente los elementos no tienen comparación: tener mejor músico o mejores actores son complementos al mismo fin, pero uno no se define por lo otro en lo más mínimo, y ambos se consideran por razones enteramente distintas. Se admite incluso enfrentamientos entre los actores por sus géneros -actriz, comediante, etc.-, siendo permisivos en lo que consiste primeramente la calidad en cada uno de ellos. ¿Por qué no un premio del mejor actor en general en competencia directa de hombres y mujeres? Nada, que yo sepa, lo prohibe conceptualmente. Pero por supuesto, se opondría a la noción de la premiación cinematográfico como evento consumible: mientras más películas y actores formen parte del evento, más promoción y fomento del arte será efectuado por su medio. Entiéndase, necesitamos estas relaciones dispares por fines de promoción, queremos admitir tantas películas como nos sea posible, tratando de mantener un mínimo de seriedad en nuestro propósito estético. Y en esta admisión liberal de particularidades, lo numeral de esta lista pierde todo su sentido. Ganar 10 premios entre 12 es mucho más impactante que ganar 14 entre 20, simple matemática.

Independientemente del estado de la promoción o del valor crítico que un galardón así pueda tener, lo más interesante que nos propone este espectáculo tan curioso es el reconocimiento de los premios “menores”. El trabajo que representa crear consiencia de que un film es un trabajo de un equipo que requiere toda una gama de talentos distintos, no es poco. Basta ver los créditos de cualquier film rodar, las letras impersonales y prácticamente formulaicas responden a esta dimensión invisible de la creación, algo que necesariamente tiene que relucir en la entrega de premios a pesar de que carezca de un efecto espectacular. Sin trabajadores del cine las películas serían todas otras, como todo tipo de trabajador, su presencia es una importante periferia.

Es muy difícil a mi parecer, relacionar este tipo de premios con los estrictamente literarios, me parece que las voluntades y los temas apenas logran emparentarse en lo más intangible, mientras quel a materia estética y moral que contienen se define por sus diferencias. En todo caso, por ellos es más ardua evaluar lo que es “distinto” en la literatura. Distinto, aunque a algunos pueda aburrir.

 

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