Literealidad

23 Ene

(Esto lo escribí a la carrera ayer y no sé por qué no su publicó, mala suerte)

*- Oximoron.

Hay que reconocer el estrepitoso ingenio de los productores de televisión que han permitido a sus emisiones transformar la manera de concebir nuestro universo. Y es que voluntariamente aceptaremos que los pensadores y los artesanos alteren nuestras percepciones, pero nos parece fortuito y barato que otro tipo de persona más entrada en nuestro sistema consumista pueda obrar los mismos milagros. Habría simplemente que reconocer que cualquier esfuerzo que dedica cantidades descomunales de dinero a un propósito, termina por tener mayor capacidad de transformación que otro del todo precario.

Yo pienso sin embargo que el productor de televisión es aún demasiado respetuoso, debe osar aquello que ningún intelectual que se respete presume desde la más tierna educación: la barrera insaldable entre lo popular, masivo y vendible, respecto al arte con ambiciones más elevadas. Y me parece simplemente que los intelectuales no lo han logrado también en parte por la falta de recursos mencionada. En fin, sugiero pues, que hagamos de los escritores los próximos protagonistas de la telerealidad.

Aunque la música y la danza se han instalado en el entretenimiento la literatura tiene malestar en inflamar a las multitudes. La danza ni siquiera tiene una convocatoria tan millonaria como música o cine, pero sabemos que se encuentra en toda persona y permite unir a la más grande variedad de celebridades o individuos dudosos que forman el arquetipo de la telerealidad. ¿No es la ciencia del reality show exhibir obscenamente montruos y vicios comunes? Hay dos tipos de personaje: el que nos hace reir y del que nos burlamos porque es completamente inadecuado y pomposo. Creo que es arduo hallar gente más ridícula e incómoda que los escritores, pues queremos suponer que son profundos e importantes pero como los hombres políticos o los actores son simplemente personas. ¿Los amaríamos y veneraríamos si no fueran irracionales e inconsistentes? Aquí la pretensión del academista o el intelectual trata de pretender que el mito del autor es algo justificable con la razón, pero en el corazón sabemos que meter a Coehlo y a Bellatín en una misma casa donde deben enfrentarse tiene un toque de ingenio.

¡Los escritores se antagonizan y se humillan sin que uno haga nada! ¿por qué no alimentar el morbo y al mismo tiempo vender más libros encerrándolos como hurones sexualmente frustrados en una pavada intelectual que los estimule? No sé si las editoriales se han dado cuenta de este potencial, que es mucho mejor que los anónimos y olvidables premios de novela que sacan cada año, trimestre o temporada, dependiendo de gustos o presupuestos. Además se encuentra en el acerbo cultural de la literatura, el enfrentamiento vano de personalidades, de antagonismos y estilos incomparables que se agreden los unos a los otros. Lope de Vega contra Góngora, José María Arguedas contra Julio Cortázar, César Aira y Carlos Fuentes contra Mario Bellatín y Ricardo Pigila. ¡Cuánto potencial desperdiciado! Pero en fin, seguramente las televisoras preferirían tener estrellas literarias conocidas*, las cuales no necesitan tanta promoción pues se enriquecen de manera demesurada con sus diversas publicaciones, cada una potencialmente mejor que la anterior. Respetar el tema principal de la telerealidad nos sugeriría tener escritores más o menos desconocidos en la competencia, a lo mejor uno que solo haya escrito una novela y esté trabajando en la segunda o algo así.

Y podríamos hacerlo con pequeñas misiones estilo taller de escritura, les dejan de tarea a los estimados autores de escribir un tema, un soneto, una novela histórica, un libro de vampiros, y luego se leen públicamente sus obras, para lo cual los televidentes hablan por teléfono**, y elígen quién tiene derecho a continuar su carrera literaria. No puedo imaginar un solo defecto a este sistema, me parece que podemos fundar los cimientos de una Era de Oro literaria que finalmente abandone las pretensiones anticuadas de que el arte elevado y la ganancia son cosas que deben separarse. Ya no es así, ahora lo que necesitamos es que cada autor que se respete aparezca en una publicidad probando el excelente sabor de los yogur light de Danone y agradeciendo conmovido a los televidentes que le permitan acercarse a su sueño de ganar finalmente el Nobel.

**- Llamada a 50 centavos de euro el minuto.

Como soy un hombre infinitamente generoso, acepto que esta idea sea explotada sin remoneración económica para su servidor, pues el bienestar de mi arte querido es prioritario para mí, aunque me cueste la oportunidad de una vida opulenta y llena de comodidades. No rechazaría, una invitación a participar a tan ilustre evento cultural cuyo cáracter revolucionario es innegable, pero si esto falla, me conformaré con sintonizar asiduamente las emisiones para educarme sobre la literatura moderna, con el gusto honesto de un couch potato.

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