Rulfo llano

6 Ene

Si mi confesor me dijese que debo rezar seis padres nuestros, y durante esta penitencia me inspiro en la oración para escribir el texto más genial de todos los tiempos, esto no hará que el padre nuestro sea un excelente texto literario. Tampoco implica que sea un texto deplorable, pero mi ejemplo solo señala la insensatez de cierta recrudecencia entre la genealogía literaria que busca establecer poderosos precursores para justificar una literatura más joven que ha crecido admirándolo. Todo para decir que la obra de Juan Rulfo está destinada al seguro olvido, salvo por sus legiones obstinadas que la exhumen como un objeto de estudio academicista.

Podemos tal vez culpar al duro paso de la historia. Imagino que el adolecente mexicano, más versado en el manga, la ropa de marca y los celulares, no responde ni puede identificarse a la realidad escrita por este autor. Probablemente ni siquiera sepan lo que las palabras páramo o llano significan. Y mis desertores arguyirán que esta penosa ausencia de cultura es una decadencia y no implica de modo alguno que la obra de Rulfo adolezca. Ahora, incluso en la época de Rulfo la sociedad era iletrada y la ausencia de cultura moneda de intercambio, pero otro tipo de distancia se ha establecido. Pocos pueden nombrar diez pueblos de menos de 2000 habitantes -sin que sea una cartografía imaginariad de puros nombres-, y que sería más fácil hallar en muchos casos, el nombre de diez actrices pornográficas. Este argumento que nos puede parecer pobre, mas marca ya una distancia real entre la supuesta inmortalidad del prócer y las lecturas que se harán sobre él.

Igualmente podríamos interrogarnos sobre las presuntas cualidades que enviarían a Rulfo a la permanencia de ser un clásico. Una significativa es que la generación del Boom lo ha evocado como una de sus inspiraciones sin jamás implicar una dependencia completa en su obra, y alejándose de sus conceptos y estilos con toda libertad. Ha sido un modelo que han evitado como una plaga, acaso porque a ellos tampoco lograron inspirarse en él del todo. Incluso el mexicano citadino no puede leer el Llano en Llamas sin transportarse a otro sitio por un arte fantástica, le es ajeno y extraño, más que las tragedias de apartamento y los cuentos folclóricos cocidos que novelistas posteriores publicaron. Y esta identificación poco importaría si no se tratase de una obra fundamentalmente vivida. Rulfo no es de ninguna manera un prosista mediocre, pero los hay muchos iguales o mejores con quienes el tiempo ha sido menos piadoso. El gesto es político. Otros escritores latinoamericanos de la marginalidad ya han sufrido el desengaño de los tiempos después de haber sido aplaudidos en Europa, Asturias y Arguedas fueron devaluados hasta lo fundamental, y gracias a ello recobraron la dimensión original que sus obras -imperfectas como son- alcanzan por mérito propio. Para justipreciar a Rulfo se requiere que su obra caiga de gracia de una manera total y deje de pretenderse que es bastión de los prosistas que han de producirse en el siglo actual. Esto no es así, tanto es evidente.

Pensando esta entrada me interrogué sobre quién podría haber denunciado ya la fantasmagoría sobre Rulfo entre los escritores actuales. De inmediato supuse (haga el ejercicio usted mismo y su conclusión probablemente sea la mía) que Cesar Aira sería de dicha opinion. Dicho y hecho: Aira no titubea en juzgar a Rulfo de mediocre. No desarrolla más este argumento, argumentando que es una opinión personal, mas probablemente tenga que ver más con una lucidez de su parte, de saber que justificar un ataque es injustificable y que al final del día el autor debe ensalsar a otros autores y abstenerse de derribarlos. En fin, nada nos impide usarlo como material de reflexión.

Algunos méritos que favorecen la permanencia de Rulfo: su obra es de formato corto y los lectores modernos son impacientes. Para su desgracia el estilo innecesariamente oscuro de Pedro Páramo, así como la impopularidad genérica de las antologías de cuentos trabajan en su contra. Como material histórico-pedagógico este libro continuará una larga serie de lecturas obligadas, pues la genealogía quiere que no haya espacio sin su respectivo autor, y a Rulfo se le tiene por una época. El texto no suscitará las relecturas necesarias que hacen la devoción de esos libros considerados verdaderamente clásicos, sino que será visto como un mero trámite, acaso porque la fama de gran autor continuará buen tiempo después de que la obra haya perdido su importancia -acaso ya está perdida-.

En fin, podría ser peor. Rulfo podría haber escrito siete libros más y terminar por ahogarse con la misma recrudecencia en el olvido, sin el favor piadoso que tienen los devotos lectores por las obras fugaces y apantallantes. En el contexto, un libro más o menos válido no está mal.

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