Tres breves historias de la literatura latinoamericana

20 Dic

Esta entrada es una introducción a las tres composiciones siguientes, que pueden ser interpretadas como un mismo texto o usadas para fines individuales a como le parezca mejor al lector. Trata, como el título lo dicta, de la literatura latinoamericana pero principalmente de tres nociones de historia que refieren a esta, cada una central en las ventilaciones subsecuentes. Naturalmente, esta introducción explica -no justifica- las opiniones expresadas a continuación, a suerte de prólogo o de prólogo de prólogos.

El tema: la literatura. El adjetivo: latinoamericano. El problema: la(s) historia(s). Y el disgusto que representa el discurso historiquero del académico, de antemano descartado como una genealogía ficticia entre elementos azarosos que no explican por sí mismos cosa alguna. Queremos tratar historias narradas, de las cuales podamos tirar una lección consistente. No queremos adornar la historia o empuñarla con un objetivo concreto, aunque este fuere la obsesión por la verdad. Por lo mismo, no pretendo la totalidad, sino todo lo contrario: acepto y espero que la parcialidad resulte más sugiriente. No hay pues Historia con mayúscula. Ese tipo de solemnidad no nos interesa.

Ahora, de las muchas historias parciales que podría tratar he decidido explicar y contraponer tres versiones. Mi estudio incluirá una suerte de enunciació de hechos y no ahondaré particularmente en cada uno, primeramente para terminar, luego porque si estoy mintiendo no importa. Esto es algo que quiero que tenga en mente: lo importante no es el estado de verdad de mi discurso, sino la posibilidad que a usted le preste de extraer alguna reflexión de valor. Acaso los textos parciales y contradictorios permiten una reflexió más profunda. Contradecir y reflejar, finalmente, guardan significados próximos. Las tres historias a las que remito tampoco se fundamentan en un concepto de historia literaria o historia a secas como uno puede encontrar en los libros de texto*, admitirán distintas relaciones que uno puede conferir al pasado y a su relación con futuro o presente, también admitirán de ser necesario, que el tiempo no existe.

Es necesario aclarar que antes de comenzar este blog, ya había concebido una de las reflexiones -la zocarronamente titulada “el fin de la literatura latinoamericana”-, pero no me había convencido a modo de ejemplo aislado, ni por el rigor que he empeñado en su reflexión. La segunda ha sido la que me convenció de avanzarme a este pequeño proyecto, pues se me ha figurado una lección urgente, una que pronto dejará de tener sentido si no la enuncio con la tonalidad correcta: remite a un universo cíclico donde el tiempo histórico tiende a repetirse, para ejemplificarlo no escatimo en emplear alguna experiencia personal. La tercera fase seguramente resultará cómoda para los que se han acostumbrado a mi modo de reflexión, no vale la pena anticiparla debido a esto: temo que resulte predicible.

*- Graciosa manera de llamar los libros escolares, pues finalmente un libro de texto puede estar constituído de esquemas y dibujos, como un libro de humor hecho de texto. La expresión “de texto” acaso sugiere un genitivo de orígen, como para hacernos pensar que es la capacidad de hacer textos la que nos ha condenado al aprendizaje textual. Degenerado el pensamiento por medio de la palabra.

Esta serie de ventilaciones persigue un objetivo muy sencillo pero también insensato: busca agotar todo lo que tengo que decir sobre la literatura latinoamericana como tal. No me parece que un tema de esta magnitud, tan falsificable y redundante pueda reducirse a poco más de dos mil palabras. Espero lograr por lo menos que las entradas que siguen expliquen mi reticencia a lanzarme de nuevo en este tema como si pudiera hacer sentido de él.

La pregunta que espero lograr evocar dentro del lector que se acerque a estos textos es ¿qué queda después de la literatura latinoamericana? De cierto modo, este es el eje de mi discusión y mi interés. ¿Por qué hablamos de un después? ¿se trata de una superación o simplemente de un fatídico movimiento histórico?

Son preguntas mal hechas, que contienen su respuesta. Intentemos el ejercicio inverso: voy a proponerles tres respuestas y veamos a qué pregunta podemos aludir.

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