Deslizamientos seudo-históricos

23 Nov

Hace poco al referir a la cocina mencioné cómo esta se trastornó con el paso del tiempo y los movimientos culturales, sin mencionar que la observación era dolorosamente obvia. Los grandes cambios sociales son también del modo de vida y afectan de maniera particular a toda actividad notoria. Aunque sigo sosteniendo que la cocina tiene un vínculo tan cercano a nuestra biología que es difícil de entender: se parecerá a casi todas nuestras actividades y se distinguirá fundamentalmente de ellas. Y no trato de abordar una semántica “de diccionario”, simplemente constato que la cocina nos llega a profundidad. Otras actividades humanas siguen el fenómeno de la resignificación.

El profesor Panesi -mencionado antes en pos a un error que pronto corrijo- usó una definición de literatura que remite a esto que discuto, durante el tiempo que estudié bajo su tutela, hace más de un año. Básicamente la literatura sería un producto del capitalismo, una novedad tanto técnica como cultural. Estrictamente hablando, Dante y Homero no serían literatura. Por supuesto, el ejercicio del mercado y de la difusión que si es parte de dicha actividad los hubiera propuesto como objetos contundentemente similares. Un texto no necesita ser una creación literaria para que el mercado editorial la venda.

Aunque suene aberrante, la noción no es falsa en esencia. Las condiciones de la burguesía para comenzar con los valores personales y sociales de la literatura solo se lograron tardíamente, tal vez en el siglo XIX. Sabemos que los niveles de analfabetismo reducían de manera radical el circuito lector, y en pos de ese sistema cerrado se fue construyendo la minoría precaria que aún hoy representa los intereses literarios. Por supuesto, un origen masivo y popular no habría garantizado tampoco la difusión de los escritos, pues lo que estamos discutiendo es precisamente que las prácticas se alteran en el tiempo. Ya lo argumenté antes al hablar del deporte.

El asunto no es, por supuesto, tratar de aislar los objetos en categorías insensibles hasta que no podamos tirarles ningún sentido. Hoy día la noción de deporte y de literatura nos envían a objetos bien definidos y que tienen sentido, la división que aleja a Dante del arte escrito, por su lado, es todo menos intuitiva. Y es que el valor semántico de los objetos reales varía en el tiempo, como el lenguaje mismo que no es capaz de permanecer largo tiempo sin sufrir alteraciones. Pero en otras formas la transformación es semánticamente estable, aunque profundamente falsa. Lo que me recuerda precisamente a Panesi y su argumento usado antes, ¿de qué adolece un adolescente? Pues bien, la palabra adolescente no proviene de la palabra dolor como bien me señaló algún lector aguzado. Y sin embargo podemos entender la voluntad que mezcla los dos conceptos, primeramente porque nacimos en una sociedad donde los adolescentes existen (donde hay una diferencia social entre edades biológicas, cosa que no es de todas las épocas), y además porque nuestro inconsciente colectivo asimila esta edad a los cambios corporales que nos recuerdan el dolor. A fuerza de querer que las cosas tengan un sentido, podemos brindarselo (como a Dante el caracter literario, existiese o no durante su vida).

Un argumento podría hacerse de que el deporte ha remplazado de cierta forma la actividad física que era la guerra o la caza (incluso para los animales existe la distinción notoria entre guerra y caza, entre presa y rival), si bien no se puede decir que la guerra ha sido reemplazada porque existe, así que podríamos asimilarlo a la caza. Los juegos en equipo podrían recordarnos a la organización de los predadores, la competencia individual al enfrentamiento que busca conseguir pareja sexual. Y de lejos, sabiendo que la cacería definitivamente es más antigua que la escritura, podemos contemplar su continuidad en nuestros gestos deportivos. Lo cierto es que genealógicamente la unión no es tan clara, el deporte va a pasear entre espectáculo religioso, entretenimiento noble y diversión circense para “estabilizarse” en lo que es hoy día. No se ha tratado de una cosa del mismo modo en que no se puede aceptar literalmente que descendemos de los simios. Casi seguramente, podemos unir nuestras actividades a un remoto pasado, sin que sea verdad. No es la novedad del salto tecnológico el único factor de esta diferencia, pero es uno de los grandes elementos a considerar. Todo esto para decir que la literatura puede desaparecer, y seguramente va a desaparecer. Como también seguramente existe tan solo, desde la revolución industrial.

¿Y cómo podría importarnos  la inminente realidad de las cosas de este estilo si no será en nuestra vida? Cuando la literatura no sea más nada es que será un sinsentido, o mejor dicho un sentido innecesario. Entonces nos quitaremos un peso (o estaremos muertos pues, la tecnología también cambia las apuestas en cosas así).

Aunque la perspectiva de que paremos de escribir del todo me parece un poco más tétrica, tal vez porque la siento aproximarse.

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