Suicidio artístico entre amigos

11 Nov

Arto Paasilinna -cuya doble n en su nombre suelo olvidar- es probablemente el más célebre de los autores finlandeses contemporaneos. Entiendo que esto no se traduzca en su inmediata fama para el lector casual, que tal vez, se mantenga en el círculo de los dichos clásicos, o simplemente tiene poco que hacer del país nórdico en cuestión. O podría tal vez ser, que su sentido del humor lo mantenga fuera de los respetados círculos literarios, aunque no sabría decirlo. Es en todo caso una suerte de best-seller, muy traducido.

(Si usted ha llegado a mi blog enterado de mis anuncios en el que se menciona mi inclinación al humor, tal vez se ha encontrado constantemente decepcionado por mis extensos e intelectualosos análisis. Bien, si ese es el caso, mal por usted)

¿Donde empieza lo popular y termina lo literatoso en Paasilinna? He visto con buenos ojos el tratamiento de un tema medio espinoso en su libro Hurmaava joukkoitsemurha, cuyo nombre viene a ser algo así como “suicidio colectivo encantador”, y en francés “Petit suicide entre amis”. También podemos enunciar la cuestión del ritmo, pues Arto publica a ritmo constante un libro anual, por lo general entrando en lo correspondiente a la sátira, al humor y a la crítica social. El autor sabe que se le ha dado alguna fama y trata de lidiar con ello. Se mantiene sin duda en un ámbito de la lectura abordable, que podría darse por formulaica si uno se atiene a los temas típicos de lo popular. Es válido preguntarse hasta cuando caduca el uso de dichas fórmulas.

(Ahora, sí, en serio, dedicaremos su tiempo al humor; es algo que desgraciadamente me va mejor con un hacer las cosas “por si ningún lado”, y por lo pronto he tratado futilmente de organizar este blog. ¿Han visto algo que sea organizado y no sea decadente?)

Ahora, uno puede preciosamente olvidar que para la sátira se requiere una sensibilidad algo trabajada, y tratar de reducir a cualquier humorista popular al espacio de lo ininteligente. Pavadas. ¿Qué requiere más habilidad entenderse a sí mismo o a los demás? Dirán atinadamente: ambas cosas son imposibles. ¿Pero qué es más imposible? Pues será la tarea en la que podemos ser corregidos, en la que no nos limitamos por nuestra resignación y falta personal de creatividad. El arte popular perdona mucho, pero al ser genuino genera exigencias bastante particulares, sensibles y engañosas. El entretenimiento es una fuente de censura gigantesca. Se puede decir cualquier cosa, todo, imaginar excelentes transgresiones, si uno genera una lectura a bostezar. La buena literatura debe ser buena, y en ciertos casos entretenimiento. Este truísmo no podría ser mayor para las lecturas masivas.

Todo para decir que la reducción de Arto a un simple payaso (opuesto a un gran y genial payaso), caería en el error de su estilo, de su firma en este género que a fuerza de tanto practicarlo ha llegado a reinventar. En parte, podemos ligar este potencial cumplido a su prolífica producción, al truísmo conocido de que la práctica hace al maestro. Y admito que en la sociedad actual y en los círculos intelectuales muchas veces se menosprecia un poco la cantidad en favor de la calidad, un poeta con un verso válido es mejor que uno con centenas mediocres. Pero se sabe que la ausencia total de genialidad, a cierto grado, es ardua, pues la belleza es abundante. Paasilinna, como un río montañoso, va filtrando las asperezas de su estilo y produciendo un género de novela popular que sobrevive al examen del análisis. Me permito señalar un detalle notorio del estilo que ha forjado.

Uno muy elegante es el uso de los aforismos. El autor no titubea al decir frases como “lo más grave de la vida es la muerte, e igual no es tan grave”, en una variante bastante peculiar del tema del humor frente al miedo, en vez de que el humor busque ocultar el horror, trata simplemente de formar parte de su conciencia. En determinado momento de Hurmaava joukkoitsemurha, el autor tiene uno de esos momentos de sinceridad y detiene la acción suicidaria de sus personajes en un estrambótico climax, para devolverlos a su viaje, agitados como bien lo puede estar el lector. “Se puede jugar con la muerte, no con la vida” explica, y es que en la sátira existe una mediación de moral, si no el punto de crítica se debilita, se pudre y parece absurdo. A la suerte de un educar y entretener, Paasilinna muestra que comprende que por su medio, su libro se vuelve una terapia contra el suicido en lugar de ser una fantasía mórbida. Ahí está la lucidez en la que el arte popular se encuentra entre la gente y no a pesar de la gente.

Creo que tiene algo de ejemplar, el tipo de texto que le permite a uno asentir y decir “las cosas son así”, en el gozo del absurdo, lejos de la toxicidad mundana que ha llenado el cínismo artístico. Especialmente si usted ama la literatura le recomiendo un libro así. Para que no se lo tome usted tan en serio.

(O si no, lease unos comics de superhéroes, Morrison o Gaiman, he oído, son lecturas agradables)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: