Sin título

13 Sep

Hoy me propongo continuar con las analogías de ciencia ficción y literatura.

Escribir el futuro en el presente es un lugar típico de la ciencia ficción, especialmente tratandose de los futuros galácticos e interdimensionales. Si uno remite a nuestro concepto de realidad, podemos adjudicar esta mirada en el porvenir a la naturaleza indecifrable de la invención y el descubrimiento. La ciencia es uno de los portadores de cambio mayores que concibe nuestra sociedad, por ella hemos renegado el legado de tiempo circular que los antiguos sostuvieron miles de años.

Por supuesto, el género no excluye la constitución de un mundo temporal, conjugado por paradojas temporales o eventos de creación predestinados, porque al hablar de futuro o de desarrollo científico, no podemos limitarnos a tratar con una simple variable temporal: por fuerza un cambio cognitivo cualesquiera altera nuestra manera de ver al mundo. Estas historias que tratan de mitificar el universo por medio de orígenes posibles -pero improbables- no hacen otra cosa que leer nuestra existencia bajo una óptica generadora que difiere de la convencional. El objetivo no es tanto describir un mundo futuro como un mundo otro, estamos dentro del caracter especulativo/ficticio de la literatura, no dentro de una concepción de tiempo lineal.

La ciencia ficción propone pues, un elemento de otredad que por fuerza es definido en torno de la realidad en la que la ficción se crea. No tratamos de ciencia ficción si el universo persigue un realismo, aunque el realismo en ficción sea también una forma de otredad, pues tal paso es inevitable en los artificios. Este género rompe la ilusión dejada por otras literaturas, siempre estamos en el otro, en el devenir, como dice Deleuze, en el que la literatura busca transformar. Los futuros y alteridades de la ciencia ficción son abundantes en anacronismos. Lo que hace que su estética sea interesantísima.

Anteriormente declaré que la ciencia ficción más que ser un género literario, se presta al cine y a la historieta. No creo que este menoscabo se encuentre en el uso problemático de la descripción para expresar la otredad, sino más bien en los implícitos que la vista comunica. Si uno lee algo de ciencia ficción -digamos l984-, dentro del texto busca encontrar lo universal de algo que viene de una época y sangra elementos de su tiempo histórico. Podemos analizar un texto por su tiempo de producción, mas tratamos de valores extratextuales que a primera instancia no se encuentran a nuestro alcance. Cuando la otredad de la ciencia ficción toma forma, toda su figura nos comunica el tiempo en que se concibe con una efectividad magnífica y emotiva. Esta estética, tan inesperada como genial, ya ha tenido éxito en desarrollar algunos estilos nuevos -el steam punk sería uno de ellos-. Que la estética de Star Trek sea setentera es absolutamente coincidental, pero le da a la franquicia una visibilidad particular que la vuelve facilmente identificable. Una estética visual resalta más que el uso de tal o cual palabra.

Debemos entender pues, que la ciencia ficción es un género rico en expresividad, uno que crece en magnitud cuando extendemos sus símbolos a todas las dimensiones sensibles. Tengo la impresión de que la ciencia ficción es un género demasiado bello para la literatura, que intenta debatirse entre lo sutil y lo duramente emotivo. La ciencia ficción tiene la predisposición inevitable de ser feliz, pues se encuentra claramente en el espacio otro, cuya inexistencia justifica cualquiera de nuestros secretos goces. Es además, producto del genio creativo, y no del rigor de la palabra. El espacio de libre creación de un autor, es también para el lector, permiso de ser un creador desgarrado. La alta literatura, por su lado, se justifica por la imposibilidad del lector de reproducir sus logros, es un elitismo glorificado.

Pero esta aparente diferencia no es sino otro engaño que los artífices de la palabra han elaborado. Toda la literatura es libre y puro ingenio creativo, las vidas y el sufrimiento de sus creadores, al igual que los menoscabos que pasaron por escribirlas, no son sino el momento histórico en que se escribe, son objetos que incrementan la belleza del objeto y que no deben volverla distante en nosotros. La belleza de que los lectores hacemos la literatura sobre pasa el extraño valor de creerla improbable. La improbabilidad de la ciencia ficción es lo que menos importa para su goce.

Que haya varias ciencia ficción no imita a la especulación o a la hipótesis, sino a la multiplicidad misma de nuestro presente y de nuestra visión del pasado. La palabra es siempre especulativa, pero al expresar la ciencia de una manera evidente, la ciencia ficción logra el proceso estético privilegiado de toda arte: recuperar el valor sensorial. Por ese mismo medio, nos enteramos de la gran satisfacción que puede venir de encontrar la otredad.

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