Los picotazos de Hobbes

23 Ago

No soy de la poesía abstracta.

Como siempre en este blog, ustedes pueden estar en desacuerdo conmigo, no espero ni deseo tener un remedo de autoridad en sus lecturas ni el manejo de su tiempo libre -sugerirles la asiduidad a este blog me parece ya presunción-. Ahora, de cierto modo se podría pretender como falsa humildad, quiero decir, cualquier escritor que se pretenda elegido entre la masa infinita de textos de nuestros tiempos, no puede sino tener un oculto deseo de atención, una inflación egocéntrica de dimensiones ridículas. Me encantaría que la lectura le fuera útil, pero presumir dicha utilidad es innecesariamente fatigante y no es la tarea del autor. En fin, decía que es un disgusto personal y que puede leerse así en todo lo largo.

Yo asumo estas preferencias -transitorias o no-, y no las considero particularmente trascendentes. Me han gustado las muchachas de pelo negro y luego, de cierto modo, se me ha pasado. No supongo metódicamente que a esto corresponde un problema inherente en dicha distribución de melanina. La poesía abstracta nunca me ha gustado, mas no es imposible que algún día pudiera gustarme. En fin, no son aspectos problemáticos de una personalidad que salten a relucir, simplemente son, y ya está. Solo que conocerse a sí mismo puede ser útil, en esa óptica me gustaría saber qué es tan desagradable de esta poesía abstracta.

Primeramente tenemos el dilema terminológico, ¿a qué me refiero con poesía abstracta? No me refiero ciertamente a la confusión causada por poemas voluntariamente difusos como podría ser el caso del adjetivo usado en términos de la “pintura abstracta”. Ese tipo de abstracción me divierte, precisamente porque flexiona la rígida materia de los géneros y permite (re)descubrir ingenios y figuras nuevas. Lo que yo deploraría sería casi opuesto: El uso de la abstracción en sentido propio dentro de un poema, un juego de definiciones.

Vamos a intentar unos desatinados versos:

 

Después de picotearnos varios besos

comenzamos el leviatán de Hobbes

 

Ahora, en caso que lo pregunten, la atrocidad del poema es voluntaria (faltaba más). Obviamente la referencia a los picotazos -clarísima referencia a la animalidad-, debe recordarnos los libros de filosofía política de Hobbes y ponernos frente a su concepto de Leviatán, explicado en el libro del mismo nombre. Traducción del poema: Primero los besitos y luego el yugo mutuo.

El concepto de un poema que requiera y que tenga una traducción, ya nos habla de una cierta pobreza estética, pero aquí ni siquiera es lo más grave. Es algo malo privar del goze de un escrito a la gente que no haya leído a Hobbes. No presumo conocer todos los proyectos de lectura, pero pensaré que no se requiere a los filósofos ingleses para ser o sentirse poeta. Si uno reflexiona un poco, la referencia ni siquiera depende de una lectura profunda de la obra filosófica, simplemente evoca -y medio mal- un concepto central, como si por analogía entendiésemos que Hobbes refiere a un solo objeto, y que es aquel que se lleva en el poema. Esto presenta incluso un problema de comprensión, pues podría referirse a otra cosa que aquella que el problema “necesita traducir” y esas interpretaciones no tienen sentido. Las referencias literarias de este estilo me parecen igual de malas.

Esto no quiere decir que no participe de cierta estética escritural que expresa cierto romantismo por medio de los títulos o nombres de autores, Neruda, Borges y otros tantos han enunciado  algunos versos válidos por este medio. Solo que existen maneras academistas, referenciadoras, bibliotecólogas y notapiedepagínicas que fallan en lograr cualquier emotividad, y fruncen más bien el ceño. Y no dejan por eso de ser, goces de iniciado, como una especie de guiño de ojo ñoño que busca la complicidad de otros lisiados de la lírica. ¡Funciona!

No es -obviamente- la falta de conocimiento que me molesta en esta actitud, sino simplemente la relación indirecta que esta referencialidad tiene con el lenguaje poético. Una poesía es aquello donde el lenguaje sirve por sí mismo, la referencialidad externa de nivel puramente conceptual es fatigante y contraria a ese propósito. Además, no deja de tratarse de una suerte de historicismo. Los conceptos de Hobbes no son únicos de la mente del filósofo, sino que él ha sido aquel que los ha expresado y dejado una huella cultural. No creo que volver a Hobbes un concepto se aproxime siquiera el propósito de la poesía.

He descubierto recientemente que tengo poca paciencia a esta poesía, tal vez en parte porque se toma en serio. He visto poemas platónicos que me han parecido ciertamente interesantes, aunque por regla general, la necesidad de nombrar a Platón en ellos pase desapercibida.

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