Novelist

20 Ago

Debo admitir que no soy un lector aficionado a las novelas gringas, al menos en lo que refiere al placer generado e interés duradero que a esta literatura puede referirse. Hay grandes cuentistas y poetas en Estados Unidos que a mi parecer se sostienen contra todo tipo de literaturas, hay críticos e intelectuales que hacen buenos trabajos y publican ensayos que no resultan redundantes y a los que se puede adjudicar interés. Pero las novelas suelen adolescer de un no-sé-qué que no termina de convencerme, que me hace agradecer cuando hallo alguna que me agrada de veras.

Ahora, hay que reivindicar un poco mi propósito y explicar que la literatura gringa es un hecho reciente. Tal como no se puede hallar una marea de escritores de primera línea en un país latamericano cualquiera, no debería esperarse que EUA estuviera revestido de genios durante el transcurso de dos siglos. Por supuesto que poseen una tradición literaria robusta y medios de distribución que han dado fama a muchos creadores al rededor del mundo. Sin embargo, la fama no se traduce en calidad y por sí misma esta riqueza no garantiza genialidad alguna. Genios en EUA no ha habido en cantidad, y no podía esperarse otra cosa.

Ya he citado mucho a Piglia -debo estar sufriendo una regresión a mi tiempo en Buenos Aires-, pero esta ocasión me parece que su observación es la más adecuada: No se puede esperar que haya un Borges cada generación. Cortázar no fue un Borges, ni Vargas Llosa, ni Bolaño, ni Asturias, ni Arguedas. En efecto, esta óptica transforma a Borges en el campeón máximo de las letras hispanas, mas dicha predilección no nos interesa en su primer sentido, sino como molde. Uno puede querer siempre hacer una selección de los más grandes, mas no todos son igual de grandes, e incluso se puede decir que unos no pueden ser grandes si se toman los criterios que engrandecen a otros.

Todo para decir que entre las obras gringas de gran prestigio, no todas habrían de tocar nuestra sensibilidad, ni alcanzar estándares de calidad casi incontrovertibles. Algunos autores han sido elevados por la necesidad de que se erija un panteón literario nacional, que parezca viña productora de grandos hombres y creadores. Siendo francos, una lista de dos tipos no bastaría para el país más poderoso del mundo.

Faulkner por su parte, es grande a mérito propio. Solo otro novelista -¿novela?- que he leído me ha parecido igual de grande, y se trata de Herman Meville. Los estilos entre ambos no podrías ser más diferentes: Faulkner desafía la narración convencional en tiempo, lenguaje y ritmo, esto último permite que Abaslom! abaslom! sea constantemente tensa e intensa. Viajando de los personajes desde el exterior, marcando esta suerte de juego de visiones que caracterizará al Nouveau Roman -y que se ha inspirado precisamente en Faulkner, que es un autor anterior-, logra establecer un velo entre los personajes y sus intenciones, sus vidas internas tan torturadas al grado de ser indecibles, al grado de ser dichas por sus acciones. Estas fórmulas efectuadas con maestría hacen que Abaslom! sea una novela hermosa,

En esta obra se transmite una suerte de fatalismo, que funciona a través de esta abolición del tiempo que parece real dentro de lo que sucede en la historia. El tiempo de lo narrado y el narrador se mezclan y se multiplican, hay varios narradores y discursos que les fueron transmitidos indirectamente, de suerte que la atmósfera toma una irrealidad -no solo lo narrado, sino el ambiente que rodea al narrador, y todo-. Ahora, según entiendo estos juegos temporales pueden parecer una novela complicada, yo respondería simplemente que no se trata de un texto fácil. No es que sea un texto críptico ni mucho menos, sino que tiene que ver con el ritmo de lectura -que es a la vez lo más logrado y más particular del texto, en cierta forma-, con el hecho de que se debe leer como se piensa. Por esto quiero decir que imita a cierto desorden del pensamiento, a desvíos, a consideraciones adjuntas y aparentemente no secuenciales que responden a una respuesta, o si se quiere a un tema común. De nuevo vemos que esto inspiró al Nouveau Roman, pienso en uno de los más logrados, que es Claude Simon.

No pienso que mis observaciones lleguen a profundisar en sí la obra que es Abaslom en lo que a crítica se refiere. Ensayos que no he leído deben desarrollar sus aspectos con mayor detalle y extensión, solo que me pareció que no referir un mínimo a la obra sería incurrir en un error grave.

Lo que puedo añadir, y que mi propia posición como creador me permite o acaso me obliga a hacer, es expresar con sinceridad  que Faulkner es muy probablemente el mejor novelista gringo del siglo XX. Entiendo que quienes deploren una obra poco convencional podrán tratar de restarle este mérito. Esto le pasa en parte a Borges también. Debo tal vez explayarme respecto a este tipo de juicios, pero por el momento quedará para otra ocasión.

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