El argumento teológico

19 Ago

Ahora les voy a presentar un fragmento de la entrevista que el señor Laroche me hizo para un magazine literario de por acá, para mi fue una sorpresa por varias razones, primeramente porque no veo a quién le pueda importar mi opinión en cualesquier cosa, siendo yo una entidad menor en el panteón de los desdichados escritores novicios; la segunda siendo la autoconfesión del señor Laroche -muy ameno por cierto-, sobre que probablemente no sería publicada proximamente, o tal vez nunca, pues su iniciativa de verme era más para tener “un respaldo”, en caso de que faltasen escritores para futuras publicaciones. Ignoraba que se practicaran entrevistas por la nada de este estilo, y aunque no tenía por qué rehusarme, pedí como condición que me facilitase una copia de la misma porque soy un poco maniático de ese modo con mis presentaciones públicas.

Luego, teniendo la entrevista en mano, fui a descubrir que su publicación integral era impracticable –Lire apenas dedica a este tipo de entrevistas unas seis hojas-, especialmente por el modo divagatorio que empleamos durante esta sesión, hablando con bastante libertad y de todo un poco. Acaso por esto me pidieron también la posibilidad de parafrasear ciertos comentarios para ajustar las respuestas a una longitud más cohesiva y cortar aquí o allá, el trabajo de un escritor pues. Y es también por estas posibles correcciones que decidí a avanzar esta pregunta y esta respuesta, que no pienso que sean publicadas en su integralidad por cuestiones de longitud que resultarán evidentes. Aunque cabe mencionar que tuve que seccionarla también porque en cierto momento me pongo a hablar sobre un poema de Maiakovski donde se habla de la invención del pavorreal, lo cual me recordó místicamente a mi blog y partí hacia muchas direcciones que para variar no vienen ni al caso.

Aquí vamos:

“Laroche: ¿Cuáles es son sus poetas predilectos?

Yo: Vaya pregunta, es un argumento un poco metafísico. Un buen enciclopedista haría la lista, muy probablemente, de criterios geográficos, alfabéticos u otros para que sus elecciones fueran coherentes. ¿Puedo responder por un modelo teológico?

Laroche: Adelante. ¿Cuál es su modelo teológico?*

Yo: Verá, existe este personaje más o menos filósofo, creo que estoy tomando prestado de algún escritor pero no conozco la referencia -si se enteran háganme saber-, pero el hombre en cuestión se halla respondiendo una pregunta igual de inverosímil que la que usted me plantea: ¿a quién prefiere usted? ¿a Yavhé, a Cristo o a Alláh?

Laroche: ¿Así es mi pregunta?

Yo: Un poco, sí. Obviamente es un contexto un poco extraño porque el personaje vacila entre estas religiones por que tiene un fondo diverso o ajeno a ellas, pero ha vivido expuesto a las tres durante su vida -me acordé de un personaje de Daniel Katz que habla con un padre y un rabino para tratar de elegir su religión mientras estaba completamente borracho-. En fin, decía que en estas circunstancias, él no tenía una respuesta evidente pero tampoco le molestaba ninguna, hay que entender, la pregunta era injusta y la respuesta tenía que ser injusta. […]

Laroche: ¿Entonces mi pregunta es injusta?

Yo: Déjeme explicar. El filósofo improvisado responde “creo en el que existe”, y bajo la misma lógica contundente, formulo la misma respuesta respecto a mis poetas favoritos: creo en los que existen.

Laroche: ¿Cuál sería la teología del argumento?

Yo: Aquel que tiene fe, experimenta a Dios sin tener que asignarle un nombre, la teología y la religión que se alínean a esa fuerza sobrenatural son aparte, como sería la crítica literaria o el órden poético que uno puede proferir. Las religiones se prestan pues, a dar mayor conocimiento respecto a Dios de aquel que el creyente tiene desde el principio, y por lo tanto una religión que aleja a la persona de Dios, no es una verdadera religión. Un poeta verdadero es aquel que nos acerca a la poesía.

Laroche: ¿Y todas las religiones tienen que ver con Dios?

Yo: Bueno, ahí estamos jugando otra vez con la terminología, porque si Dios o la poesía existen como tales en realidad no cambia nada en nuestro argumento, la cosa que existe es el sentir lo espiritual y lo que uno hace con eso -como por ejemplo volverse loco y renegar a Dios, matárlo-, eso ya es el asunto de uno. Es enteramente válido hacer con ese sentir una cosa que no se vive como un teísmo, como podemos hacer pintura o jogging usando nuestro sentimiento estético que va de la poesía. Ese es precisamente el asunto, hay poesía pero no hay reglas para la poesía.

Laroche: ¿Finalmente quiénes son estos poetas que usted admira?

Yo: Ya lo dejé tan claro como puede ser, son los que existen, ¿qué es más fácil que separar una cosa que existe de otra que no es nada? Estoy seguro que para usted salta a la evidencia cuando lee algo -aunque sea un panfleto o una revista en el baño- y se puede decir con seguridad “esto es poesía”. ¿Para que ir a buscar en los otros algo que uno encuentra tan al alcance en uno?”

Luego de un par de réplicas creo que abandonó la pregunta, mas he de admitir desde el principio que todo mi juego era bastante deshonesto.

*- Los franceses tienen una relación curiosa con la religión y la fe, es como tener una metralleta y haber leído el manual, pero nunca haberlo disparado, por eso es un poco desleal de mi parte abordar cualquier idea teológica de este estilo. No sé por qué lo hice, un reflejo de niño malo, una rebeldía menor.

 

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