Sabor a vivo

8 Ago

Por falta de ingenio, fatiga o lo que se puede pensar como un vicio literario, pocos hombres faltamos en adjudicar una cierta universalidad a la naturaleza de nuestras vidas. Son los escritores quienes tienen el desatino de declararlo públicamente. No voy a depreciar esta calaña de la cual formo parte ni sustentar argumentalmente sus desvaríos, me baste decir que recrear un concepto a través de la vida tan sensible y tan pocas veces argumental suena al desafío de un loco. Mas hemos de señalar esta extraña característica para reencontrar en ella una situación no sin interés: La oposición.

Se pueden notar mis marcadas filiaciones con determinados temas relativamente mundanos. La periferia, el animal, la sensación -en fin, si han puesto atención los conocen-. No niego ni corrijo estos gustos generalizados, que me permiten participar de algún modo del banquete de los juiciosos. Entiendo que mi carácter me permite esta hazaña pública, no tanto por mi anonimidad -que es prominente-, sino por la misma teoría vital que sostengo hoy en día. No me sorprenderé en el momento en que mis gustos cambien y sostenga lecciones distintas radicalmente a las que hoy predico: Sería raro lo contrario.

Ahora pues, recuerdo haber leído en un blog compañero, que la gente suele fascinarse con aquellos autores que no se arrepienten, que siguen sus teorías de la vida por toda su existencia y hasta la última consecuencia. La masa lectora, somos aparentemente románticos. Queremos genios incorruptibles decididos y totales, cosa que se presta bien en la ficción, mas suele tener desastrozos resultados. Bolaño, que vamos a mencionar bastante en los proximos días, me parece construído como una de estas figuras mítico-públicas, más o menos a la suerte de su éxito y la vida que llevó. Si en su vida se transformó la manera de contemplar el mundo, por lo menos hoy, no nos interesa.

Pasando por Bolaño, creo que iré descubriendo en los meses siguientes, cuán fuertemente se opone a mi propia comprensión de la vida. Presento el fenómeno de antemano para luego justificarlo y desarrollarlo. Esto no quiere decir que el muerto o yo tengamos alguna primacía en lo que es verdad, creo con bastante convicción que por lo menos yo debo estar equivocado… El caso es que al mismo fenómeno le otorgamos diferentes valores, y esto, con la medidad de la vida de cada uno, no podría ser más común y corriente.

Lo interesante tal vez sea este estado de verdad que me parece, no puede ser sino evidente. Hablaremos de una forma u otra, del mismo hecho, sacando conclusiones distintas y contradictorias, pero el hecho está ahí. Si la sensibilidad es distinta es que la misma cosa siempre se vive en momentos y con razones distintas, no podemos situarnos en ella, cual si se tratase de un tiempo determinado. No, realmente, sería más raro estar tan de acuerdo, aunque el caso se dé.

La sensación de antagonismo no quiere decir que no valore ni aprecie la obra de Bolaño, cuyo interés no voy a negar, aunque admita que mucho viene de su reconocimiento. Me gusta pensar que si los autores hacen un buen trabajo saliendo al mundo, más lectores aprenderán a leer con ambición. Yo no pediría mucho más. Mi aprecio por dicha obra, menguante o difuso como puede ser, no contradirá de ningún modo mi desacuerdo con dicha visión. Ningún autor presupone que el amable lector estará de acuerdo con él, a menos de que se haga un poco el idiota. Tal vez Bolaño hable así, o exprese así esta visión del mundo con sinceridad y convicción, o tal vez es simple provocación. Hallo que la visión es consistente y que se expresa con maestría, ¿no sería esto ya un logro?

Para no romper la regla de la preterición, no entraré en detalles en que consiste nuestra oposición “ideológica”, básteme decir que soy un hombre jóven y Bolaño fue un novelista tardío, cuyas visiones tal vez son evidentes por cuestiones de edad que cualquier crítico relevaría. Quiero pensar, no obstante, que nunca llegaré a compartir dicha visión del mundo, aunque fuese por restar original. La originalidad es, en el caso de estos desatinos extenuantes, no una medida de novedad, sino de honestidad. Nadie es estrictamente original, mas se puede ser estrictamente humilde al respecto.

Estoy leyendo 2666 y me gustan las obras inconclusas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: