La ecología del sufrimiento

21 Jul

El pensamiento del hombre se ha ido volviendo abstracto con el paso del tiempo, no me refiero simplemente a una cuestión de pragmaterialismo, sino verdaderamente a las cuestiones de pensar y hablar. Estamos tan imbuídos en este negocio que probablemente concebimos lo abstracto como un análogo de la realidad, como si al discurso se le pudiera adherir una fidelidad de objeto que realmente afecte el mundo. En ciertos casos la diferencia es brutal y vale la pena señalarla, por ejemplo: La ecología es un discurso.

Hay muy poco o nada de concreto en lo que conocemos como ecología, incluso como muchas otras -ías (filosofía, geografía, biología), se tiene por un grupo de conceptos agrupados casi arbitrariamente, una suerte de cosmogonía del tamaño de un juego de gallina ciega. La ecología como muchas otras abstracciones, nos viene como de lo concreto, cual si respondiese a un fin común y exacto que cualquiera puede notar y practicar apenas con la menor predicación y una pizca de sentido común. Al aplicarse, la teoría queda corta y cierta actividad ecológica para determinados ortodoxos ecológicos, los que piensan que saben mejor y tienen razón, que a su vez serán criticados por tantos otros. La ecología si proviene de un punto de vista, y sí es parcial, no caigamos en desarraigos del siglo veinte dando a los discursos científicos u otros un valor de objetividad que simplemente no pueden tener.

Entonces, la ecología puede fácilmente clasificarse como una moda. Esto suena, me parece, despectivo. Yo discutiría que las modas se inclinan más al verdadero valor de la vida, su estado de volición y desaparición constante, por lo cual el término tiene un sentido halagador finalmente. Una moda posiblemente tenga más influencia en la vida promedio que una academia. El proceso no es individual: Sigue los caminos de nuestras más folclóricas tradiciones y ejemplifica una suerte de digestión que la totalidad de una sociedad intenta lograr por medio de la introducción de un discurso que se quiere nuevo, mas por su naturaleza -forzosamente convencional, al ser popular-, no se logra radicalizar y termina con la misma espontaneidad que empieza. Por supuesto, existen incontables ejemplos de “avances” sociales que han perdurado, en sí, la sociedad es demasiado perezosa para permanecer en un circuito de modas -que algunos llamarán revoluciones-, y consigue finalmente, una deformación causada por los impactos que le corresponden. Para decir que si la ecología es moda o no, lo importante es reconocer su carácter parcial, de nivel superficial en cuanto a argumentación verdadera y su adopción altamente sensible opuesta a una reflexión en sentido estricto.

Por supuesto, no vale la pena polemizar en si la ecología en sí es un esfuerzo inútil, francamente, al tan solo entrar en el circuito de la utilidad estamos de nuevo en un universo argumentado que ya se opone en un principio a la ecología. En mi opinión se puede extraer una útilidad de la ecología no por los méritos -especulativos- que conseguiremos a través de ella, sino por el camino recorrido para crearla. La ecología es un discurso que la sociedad intenta enunciar y que reside principalmente en los países industrializados, en ciertas capas intelectuales que dominan la argumentación y la razón, y que de algún modo han llegado a una conclusión vagamente popular. ¿Qué dicen ellos a través del discurso ecológico?

Lo que dicen es que extrañan el espacio físico, que la naturaleza probablemente no puede considerarse simplemente el escenario implícito de la actividad humana, vaya, que la existencia vital es fundamentalmente física y  que el circuito del racionalismo moderno ha en cierto modo, sacrificado el cuerpo en el mundo. La ecología va a exponer una vulnerabilidad que no es personal, ni siquiera experiencial, sino especulativa. Se presiente un malestar con respecto a esta existencia física denigrada y la sociedad en su conjunto trata de recuperar valores que refirieron a ella desde los tiempos inmemoriales.

Excepto, que la ecología es un formato imperfecto. Desde el punto de vista ecologista, la naturaleza es reducida a un espectro, a una simple víctima pasiva de los procesos humanos. Concebimos la naturaleza tan solo en su estado de sufrimiento, como triste receptor de sus castigos. No podemos darle un lugar en nuestros vidas de tal modo que actúe en nosotros; no es distinto a la manera en que tratamos a los animales y a los niños, con una condescendencia lingüística que los hace desvanecer de nuestro modo de pensar. Esto para decir, que en su proceso de tratar de recuperar la naturaleza, la ecología no hace sino perpetuar su desaparición. Es una constatación repetida de que matamos a la naturaleza y que nuestro cuerpo se ha perdido.

La ecología actual señala el sufrimiento, no lo repara.

La iniciativa es valiosa, revelando el malestar que la desaparición progresiva de nuestra corporalidad efectúa sobre la sique común de ciertas sociedades. Es un fenómeno aislado, si entiendo correctamente, las relaciones humanas con su cuerpo se ligan a cada cultura y nos sugieren otros discursos autoreflexivos, que parten de objetos igual de reales.

Siento que tal vez he cometido alguna injusticia contra la ecología, mas espero que algún lector interceda y corrija mis transgresiones, como un editor corregiría moralmente la estética de mis obras.

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