Color según Ponge

9 Jul

(La iniciativa poética difícilmente intenta tener la razón, tal vez discutiría que quiere “una razón”, mas incluso entonces se siente superpuesta, como las calcamonias encima de la ropa. Lo que no vuelve a la poesía un sinsentido, ni tampoco la vuelve falsa. El poema entiende que su origen está en la realidad, mas no pretende acercarse a ella para ser real. Ello, entiende Ponge, sería un método contraproducente.

Entre muchos de los poetas a los que podemos referir, es Francis Ponge el que decide abordar sin pena la poesía de los objetos. Digo bien poesía de objetos, entiéndase, una que busca pertenecerles. El propósito es fundamental porque los objetos son más que los hombres y la exigencia cuantitativa los haría presentes siempre en la palabra. Para el hombre, cualquier palabra es del hombre ya Ponge lo interrogaron confusos de esa aparente ausencia.

Leo las conferencias de Ponge y descubro un discurso que me sorprende por su modo de reflexionar, no por tratar de un pensamiento intrincado, sino precisamente por la elegancia en el mejor sentido: En hacer parecer natural la actividad de pensar -nuestra sociedad quiere que el pensamiento sea valioso por cuan intrincado pueda ser-. La reflexión de Ponge no es poética, pero es de poeta. Llena de pequeñas alegrías, de invitaciones a pasear sus jardines libremente.

Siento pues, que los menoscabos y logros que salen a reducir en el seminario de Ponge, provienen precisamente de su carácter de poeta. Es confuso, pues siento que he leído pocas reflexiones de verdaderos poetas. No puedo explicar prosaicamente lo que quiero decir, es una suerte de convicción que me dice que la acción poética es fundamentalmente una fórmula de sentir más que de expresar. La buena poesía se situaría pues, antes de la buena literatura. Y si tengo esta convicción es por la lectura de prosas como esa de Michaux y ahora, de Ponge. No comento seguido en ello, pues es difícil de describir esta prosa que viene de poeta -que no hay que confundir con prosa poética-.

Es de mencionar que el propósito de Ponge se inscribe en una lucha mas o menos reciente que la literatura ha embarcado para recuperar una cosa que la sociedad moderna ha ido perdiendo: El espacio físico. Aunque a esta misión se suscriben Bellatín, Simon y otros, la tarea ha probado ser enorme y diversa. Se trata de varias maneras de enfrentar al universo, que se opone a una exclusiva que se limita a la abstracción platónica. Entonces recordamos que pese a todo, el arte literario es el reino de la abstracción, que dominar los objetos y los cuerpos que carecen de un lenguaje como el nuestro, suele ser violento.

El poeta que escribe ante todo no busca la forma retórica del ensayo, en cierto modo no dice sino lo que le parece y se guía por la construcción de esta intuición que lo guía. No seremos convencidos de que el autor piensa o sabe algo concreto, mas veremos en su texto que como nosotros sospecha una realidad, y acaso la intuímos en sus palabras. Creo que precisamente en la prosa de este estilo descubrimos con facilidad imágenes que no parecen ser perseguidas con la insistencia del artífice, sino producidas espontáneamente por un hombre cuya manera de ver el mundo permite coloridas analogías.

Precisamente hace una que quiero compartir, con respecto al color. Ponge dice que el color viene de algo que el objeto excluye, lo verde por ejemplo, tiene su tono por rechazar la luz verde, por reflejarla en vez de absorberla. A esto lo llama una imperfección, mas sería genuino preguntarse qué es imperfecto: El objeto, o la percepción que impone una propiedad a un objeto que rechaza la misma. Esta especie de mirada transformada hacia el color me parece una intuición legítima sobre el lenguaje. Al hablar, damos los objetos a quien no pertenecen. Ponge no hace énfasis en dicha analogía, acaso no planeándola como tal, sino incluyéndola intuitivamente en su método de poesía. Un positivo haría un esfuerzo para dar evidencia de cualquier imagen que trata, proponiéndola como no arbitraria. Si Ponge no hace esto, es porque su propósito reivindica el objeto y no el símbolo, la palabra en tanto que cosa y no como significado.

Creo que dicha inocencia o malicia extrema, es también del poeta.)

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