Del soñar

3 Jul

Sin siquiera trabajar la etimología y los mitos, los sueños se absoben nuestro interés. Pocas experiencias vitales, me parece, han causado tantas impresiones encontradas y obstinado tantas metafísicas. También los pragmáticos han tratado de encontrar un sentido en estas ilusiones y con ello basta decir que causan nuestras primeras lecturas.

La primera sospecha que tenemos, es que el sueño de algún modo, puede llegar a volverse realidad. No nos extrañe hallar un sistema simétricamente análogo a aquel de la poesía religiosa, a la llamada profecía. La razón detrás de este proceder debería ser obvia: En la vida cotidiana solo el sueño se nos presenta como una genuina experiencia de ficción, como una dósis de visión exterior del propio ser.

En esta categoría el arte no puede sino interrogarse sobre la propia capacidad de generar experiencias, pues existe algo verdadero y tangible en el sueño, tanto que el incluso el más empírico de los científicos no osaría cuestionar su obviedad. La ciencia podría interrogarse precisamente si el sueño acaso existe. Seguramente de un modo empírico, lo hace, aunque se trate de una batalla redundante y perdida de antemano. Es ya sospechoso creer probar si algo que el hombre ha creado existe, aunque la creación del objeto no conscienta nuestros gustos argumentativos en su constitución. El objeto indudable que es el sueño, acaso sirve de constatación de que estamos más allá de la palabra en cuanto entender y pensar refiere, que la existencia de la metafísica nos viene antes que los desbordes escolásticos y el arte, que su naturaleza nos fue dada.

El sueño ejemplifica tal vez mejor que cualquier otra producción, la naturaleza múltiple de la creación y la inteligencia. Creamos el sueño en dos momentos: Al sentirlo difuso en nuestro descanso y al descubirlo francamente en nuestra vigilia. El sueño existe como la experiencia y como la mirada que se posa en ella, una mirada por fuerza transformadora y maciza. Nos se captura al redescubrir el sueño su inmensa vaguedad, su diformidad. Un invento se hace dos veces, en esa forma inexplicable que los predice y en aquella concreta que pretende conocerla, ninguna de las dos es menos invento y una no puede describirse sin la otra.

El sueño además desafía nuestra concepción de la experiencia viva, no es, como el resto de la ficción, un carácter hipotético o especulativo, ni tampoco deriva de cierto modo en la predictibilidad en que reposa nuestra confianza en lo real. Imita la experiencia real, por supuesto, mas no por eso se aleja de ser en sí mismo un objeto absolutamente real. Creo que cualquier ficción puede defenderse del mismo modo, pero la ocurrencia del sueño aún antes de la interacción social -o al mismo nivel de esta, anclada precisamente en la vida misma- nos granjea a todos, tal vez a algunos animales, el poder certero de crear y de mirar lo creado. (Los dos procesos son el mismo)

Podemos concebir que el sueño mismo es una rudimentaria demostración del caracter de cualquier hombre como artista. Todo se encuentra ahí, la estética, la subjetividad, la experiencia, la transformación de lo real… Y entonces de cierta forma el arte ya forma parte del mundo desde antes que el ser humano lo produzca. La cuestión es la herramienta material con la que el sueño compone su obra, este objeto privilegiado que no puede ser compartido sin ser transformado el mismo por la mediación de otro arte. Nos demuestra esta función particular, que si no se halla del todo en la naturaleza, la adaptación/traducción de un objeto artístico es más bien una tarea esperada. ¿Podrían legítimamente existir los sueños y que cada hombre se los guardara para sí mismo? ¿no es ya en si misma la ilusión una especie de idioma en que hombres enteramente distintos logran comprenderse?

En el ánimo de pronunciar una de esas frases generales que buscan conciliar las formas del universo con más elegancia que verdad, me atrevo a decir que el sueño es la única conversación verdadera que uno puede tener consigo mismo. No se constituye de palabras, como suele ser el caso de cualquier verdadera conversación.

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