Suyo

30 Jun

**- La teología va a sugerir que Dios siempre rebasa cualquier criterio lingüistico, expresar sus características por el lenguaje es no referirse verdaderamente a Dios.

Si uno es responsable de un objeto, ¿qué es lo que se admite realmente? Vamos a pensar en este valor de titular, de dar un nombre, de definir por un sustantivo argumento la relación que tenemos con algo. Es una idea artificial, bastante metafísica y muy complicada, entonces…

¿Entonces por qué nuestro idioma -digamos el español- expresa de manera tan sencilla -un pronombre posesivo, un artículo- esta visión contextual tan impresionante y apabullante que un jurista tardaría algunas sesiones en poder explicar “brevemente”?

Cuando digo tranquilamente “mío”, entiendo no una noción concreta, sino una relación contextual. Mi relación con mi padre, no es aquella con mi coche o mi oreja. Se sostiene sobre el objeto apropriado, cierta forma de título, cierto trabajo. Tampoco suponemos la exclusividad, mi escuela puede ser tu escuela, mi dia de nacimiento, el tuyo. En ciertos casos -mi alma, mi memoria-, se entiende una esencialidad personal. Habría que interrogarse de antemano la presencia del “yo” en el “mi”, provenimos de cierto modo en nuestra madre y actuamos de algún modo en nuestro oficio. Pasar de actor a objeto -aunque sea objeto de un objeto-, es bastante drástico en el diálogo. La idea de posesión, el título, es una variable lingüistica que permite confusas interpretaciones.

Aunque redujiesemos la noción del posesivo simplemente a la posesión, esto no es sencillo. La pregunta de “qué es lo propio de mí”, es ya una imposibilidad pues postula la pregunta de la identidad -¿qué es la identidad?-. Explicamos previamente* que el ejercicio es arbitrario o al menos engañoso. Será acaso por esto que la propiedad y el pronombre son problemas. Aunque bueno, el dilema incluiría cualquier tipo de pronombre, cualquier sustitución o analogía -un problema sencillamente de lenguaje-. Y tal vez es el caso, podría tratarse de una imposibilidad discursiva -hay montones-, aunque por el momento no identifico con intuición a cual se refiere. Será acaso que el sujeto es arbitrario y la propiedad, no puede ser menos.

De un modo u otro, el posesivo no indica tan solo la posesión, indica verdaderamente la cosmogonía del yo. A nivel del lenguaje, todo lo que corresponde a la identidad, parece expresarse por el posesivo, habría que buscar alguna excepción**. Voy a relacionar esta extraña característica con el principio del lenguaje de la auto-referencia, de la idea que un lenguaje puede razonar en cierto modo dentro de sí mismo logrando un ciclo infinito de descripción dentro de sí mismo, probando que no puede describirse justamente.

Más interesante que buscar agujeros en un montón de conceptos, podria ser interrogarse precisamente por qué una noción tan estirada y difícil nos resulta muy natural y sobre todo, útil. Quiero decir, el lenguaje evoluciona por sus formas utilitarias, y en su mismo oficio, permite emplear conceptos fácil y rápidamente, es una economía pedagógica enorme. Tomemos las matemáticas por ejemplo: Es mucho más difícil inventar las matemáticas que comprender los conceptos que contienen, esta facilidad viene el aprovechamiento correcto de nuestro material semántico, el hombre está programado para ser gramático, una puesta en lenguaje facilita en nosotros un montón de abstracciones -como la dificultad de poseer o la identidad o la auto-referencia-.

Las concepciones contenidas en esta facilidad de ser “mío”, son cosas que se encuentran en la sociedad humana, es una economía que sirve a la función. Entiendo que podemos remitir por ella a la propiedad privada, al matrimonio o a la tribu. Creo que al paso del tiempo en el posesivo se ha acumulado la vida social del individuo, se es hijo de alguien, padre de alguien, usuario de algo, total de algos. Contemplamos en un vocablo muy sencillo, para una relación que es complicada pero eminentemente casual. La posesión como la identidad presuponen una función social, una necesidad para la interacción humana en su forma más básica. Al tratarse de un concepto tan amplio, encontraremos frecuentemente contradicciones, hablar de mi comunidad es algo que de cierto modo borra la posesión y la identidad, muchos ejemplos inclinarían a los otro.

Lo que no podemos suponer es que sea sencillo por ser casual, es, me parece, ejemplo perfecto de los abusos y arbitrarios del lenguaje.

Porque si digo que este es mi blog, ¿no lo podrán poseer mis lectores?

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