Otras nuevas inquisiciones

27 Jun

Podemos sentarnos aquí todo el día pretendiendo que mi blog no toma mucha de su inspiración en Borges, pero estaríamos haciéndonos -perdonarán la palabrota, pues sencillamente creo en la justeza de determinadas palabras en determinados momentos, sean estas tan antisonantes como sean, existen ya por la misma inercia para determinados casos, y la digo sin afán de herir sensibilidades:- pendejos. Por lo general evito mencionarlo porque determinados temas que me parecen tan groseros y evidentes tienden a causarme cierto desasosiego a la hora de hablar: cuando uno gira sobre una evidencia no puede evitar parecer un imbécil -y sin embargo muchos libros de detectives funcionan así ¿no? la evidencia está por lo general en el final-. Y no hablemos del asunto de los plagios y las inspiraciones con la que luego lo fastidian algunos por admitir,cualesquierinspiración.

Pour le reste, je m’en tape. Se me figura un momento propicio para abordar el tema. Seguídme que hay que decir.

Borges no es el escritor que más he disfrutado, y ni siquiera es el argentino que ha escrito en mi opinión, la obra más conmovedora. Supongo que hablar de Borges y de emoción puede parecer a muchos eruditos una injusticia, pero se quiera o no, la literatura de Borges es bella tanto más por sus momentos patéticos y sinceros que proceden de la lucidez del autor, que por cualquier barullo teóriquero que se quiera mostrar. Es una bella obra, y cualquiera que busque valorar su sentido sin su forma, es un reverendo imbécil que ofendería al mismo autor. Pero bueno, sobran y sobramos obtusos en esta vida, no le puedo dar gusto a todos. Valga decir que son acaso estas emociones proporcionadas por la obra del argentino que me permitieron descubrir cuanto aprovaba la sensibilidad del poeta, y cómo coincidía con los planteamientos de sus proposiciones como pensador. Borges escribió una carta de amor hacia la lectura con una sinceridad que acaso yo no podría reproducir. Mas el asunto en cuestión nos une: la lectura. La diferencia entre el hombre y Dios, si se quiere.

Los temas que usted habrá tenido la paciencia de leer en este blog, son una emulación o una reformulación de las muchas cosas que Borges dijo. Más turbias o más claras, no me parece que propongan mayor novedad. Dicen que ya todo está hecho. Mi primer enfrentamiento al discutir sobre los temas que Borges trató era de no ser un copión, un borgiano. Y no que me moleste el plagio, simplemente creo que no le haría un favor al maestro superándolo en todo nivel y haciendo redundante su obra. Además realmente yo no escribo como Borges, y la forma tiene tanto más de importancia que la reflexión. En un conjunto de ideas no creo que pueda disociarme del maestro, tan benéfico o perjudicial que esto sea, al tiempo presente. Abogado de la defensa del lector, desertor del valor del texto escrito por sí mismo, soy de los que trata de demístificar el “decir lo imposible”. Y si quiero hablar de esto, ¿debería hacerme el adolescente y pretender ser y decir todo lo contrario a mí (y a Borges por extensión) por el simple motivo de la novedad? Soluciones insatisfactorias. Si hay una vigencia en las ideas su resurrección presente no debe resultar atróz. De haber un órden en el universo, no hay que temer, y si no lo hay, un buen lector lo inventará.

Para los marginales que descartan de antemano una obra por el simple hecho que tome inspiración de otro hombre, les recomiendo la lectura de Alan Moore. Hay pocos autores de fama que tengan una inspiración tan borgiana dentro de sus deconstrucciones, y aunque se trate prominentemente de otro género -la historieta-, su impacto e influencia se mantienen hasta nuestros días, y definitivamente es un maestro de la narración a su propia manera. Moore tampoco me gusta tanto como Borges, aunque los artistas que colaboran con él han logrado hacer más de una obra maestra, ventaja que Jorgito no tuvo -qué sería mejor que un ciego evaluando dibujos de historietas ¿no?-. Pero el tema es el mismo y la sensibilidad es muy similar, aunque Moore y yo tengamos un gusto mayor por la violencia y a Jorge le gustara la limpieza. No creo que mi obra gane favores  metódicamente sobre algunos de ellos, pero acepto la inevitable comparación.

Si por algún motivo a usted le gusta lo que lee en mi blog, lea a Borges, lea a Macedonio, a Alan Moore; no puedo donar recomendaciones tan sinceras como mi práctica misma. Acaso un día yo mismo dejaré de gravitar en estos temas y me inclinaré por asimilarme a otros grupos y maneras. Pero son personas y textos completamente diferentes, creo que hasta su misma similitud, algunos le serán menos atractivos que los otros. No lo piense cronológicamente, invéntenos precursores. Es usted el lector, más poder a usted, genio.

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