La belleza del luchador de sumo

18 Jun

Hace poco Al se opuso a una reinterpretación controversial propuesta por mí, de un personaje icónico del comic moderno. Mi crítica, natural y sensible, se refería tanto al plan ético como estético de los superhéroes gringos, particularmente -o en el caso que nos concierne-, criticaba su canon de belleza.

Se sabe que el superhéroe arquetípico viene a ser la perfección humana tanto en un sentido físico como moral, a imitación de las estatuas griegas presenta un cuerpo determinado como eje de la construcción de cada personaje, sépase de antemano: Hombres obscenamente fornidos y mujeres con físicos cuasi-pornográficos. También está el detalle de que los uniformes de dichos personajes hacen todo lo posible por exhibir sus formas, solo que nuestro afán no es tanto hacer crítica de género sino ilustrar esta divergencia que tuve con Al hace algunos días. Venga, más o menos quiero decir que yo tenía razón.

El personaje en cuestión, femenino, estaba construído sobre una base en todo ajena a la construcción popular de la heroína: Insensible, físicamente imponente. Para no volverla simplemente un hombre jugué algún valor matriarcal o autocomplaciente en la persona designada. Luego, para responder a esta presencia corporal en la que basaba mi concepto de personaje, decidí hacerla de una obesidad peculiar. He aquí el asunto: Era una gorda bella, no sentía precisamente estar tratando negar el sentido estético sino desafiarlo.

Aquí la discusión que tuvimos, Al -que tiene algún prejuicio contra el peso-, decía que una persona obesa, por definición no puede ser hermosa. Yo por mi parte aseveré que si bien la oposición al canon occidental de dicho volúmen era evidente, los conceptos de belleza fuera del canon son completamente aceptables. Yo pienso que se construye una hermosura que no es tan convencional.

*- El ejemplo de Mario Bellatín como autor que reivindica la presencia del cuerpo en la sociedad es bastante interesante, se opone, como hemos hablado en otra ocasión, al cuerpo-objeto que existe solo al momento de ser-visto y carece de función e interioridad.

La materia de discusión no es del todo sensible, vamos, el pudor no es bueno para discutir, nos pusimos a medir “qué tan gordo”. Al reivindicaba un tipo de cuerpo “llenito” -su palabra- que francamente era poco más que una mujer con curvas. El vientre, ausente o disimulado, fomentaba atributos estéticos que si bien no guardaban la proporción de la pornstar, seguían respondiendo a la misma voluntad curvilínea. Gordo, yo no quiero algo realmente gordo, donde el cuerpo realmente luzca pesado y tenga cierta cualidad redonda. Esto no le pareció. Hasta aquí la anécdota.

He tratado en varias ocasiones de definir algún tipo de belleza “personal” con ciertos aires de phisiognomía balzaciana, un cierto modo de expresión de la corporalidad en un sentido ético/estécito. Son propósitos inciertos y pre-modernos, mas remiten a una experiencia real que imagino, sigue siendo reproducida en muchos textos más “sicologistas”. La presencia del cuerpo que comunica por su exterioridad es un fenómeno válido, hay que prestarle un mínimo de atención si uno se cree realista. Ahora, no es del todo mi caso, pero la corporalidad es una de esas partes de la pre-modernidad que hoy me parece justificada*.

En fin, entre mis divagaciones carnales, llegué a la idea de que la gordura y la flaqueza pueden justificarse como instancias estéticas solo dentro de un rasgo biológico particular, y no como entidades generalizadas. O sea, un peso le va bien a alguien y a otro no. Si regresamos a nuestra idea de una estética “natural” -cuyas funciones son la estructura y la unidad-, podemos reconocer en cierto modo el valor estructural de la proporción. Una persona gorda llegaría a ser bella guardando una determinada razón entre las partes de su cuerpo, y una suficiente geometría de sus partes. Pienso inmediatamente en el sumo, en la extraña inmensidad y exposición de carnes que no puede reducirse a un conflicto entre “hombres feos” o “masas de carne”. Hay una estética bastante marcada en el sumo a la que sin duda se puede remitir sin temer invenciones.

¿Existe una atracción en el sentido sexual a estos elementos estéticos? Puede haberlo, mas es facultativo. La dimensión de la sexualidad no está ligada a nuestra primera vanguardia de valores estéticos, sino que construye su propio sistema de caractéres idiomáticos -si el cuerpo en un lenguaje- aparte, uno que por supuesto, puede coincidir con la estética general, pero que tiene repercusiones mucho más propias del subconsiente. No me siento del todo justificado en este respecto, aunque entiendo que cierta parte del erotismo consiste en ocultar y por lo mismo se asemeja a nuestras reacciones inconscientes, no deja de hacerme algo de ruido. Lo que sí creo, es que suponer todas las estéticas hermanadas es un error de control de registro en nuestros juicios de valor, y en cierto modo, un menoscabo de la parte del observador. Es mas sano admitir otras bellezas.

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