Nada nuevo

10 Jun

Voy a hablar de un género televisivo que refiere a otro género televisivo aunque sea tan solo para ejemplificar la especialización de ambos. Ya deben conocer la televisión, no debo hacer mayor presentaciones sobre sus formatos, si puedo definir un poco los conceptos empleados tan solo para aclarar nuestra discusión y el problema que sugiere.

Ya he hablado del noticiero y dos de sus cualidades características: La actualidad y el lenguaje declarativo. No soy audiencia frecuente de estas emisiones, mas las conozco suficiente para asegurar que poseen un lenguaje bastante preciso detrás del cual se esconde un concepto de comunicación. Un estudiante de periodismo podrá confirmar mi argumentación: hay una idea de síntesis y un lenguaje plano.

La idea de la actualidad no nos resulta tan fundamental para el análisis que quiero anunciar, pero vale tomar en cuenta la falsa “inmediatez” de la información tratada. Salvo las emisiones “en directo” -y aún estas suelen seguir un guión o un patrón básico- toda información está procesada, por lo que se puede decir sin miedo a atentar a la verdad, que no hay tal cosa como una noticia subjetiva. Se pueden tener noticias que suenen subjetivas, y ese es precisamente el uso del lenguaje empleado por el noticiero.

Ahora, el problema de las fuentes propone por sí mismo una discusión importante que debemos abordar en otro momento, lo que nos interesa es la dirección contraria, el elemento que se encuentra después del hecho periodístico y que paradójicamente se ha vuelto un formato televisivo por merito propio: La digestión de la información.

No soy un seguidor ferviente de canal alguno, no digamos de aquellos correspondientes a las naciones de cada lector presente, sin embargo he confirmado personalmente, que por lo menos dos países tienen bastante éxito en este tipo de emisiones misceláneas que disecan la información noticiosa. Usaré mis dos ejemplos como ejemplo: Le petit journal en Francia y 678 en Argentina.

El género consiste en transformar el formato del noticiero en un mensaje más adecuado para el entretenimiento. La selección de información, el recorte de videos y la edición por encima de estos suele formar parte de sus estrategias. Existe también una tradición que releva del teatro de variedades, que es la parodia por medio de la música y el empleo de un lenguaje más sencillo. El comentarista du petit journal tiene un tono de animador, se entiende por su discurso que la seriedad pretendida de un noticiero debe perderse. Vale, los noticieros tienen también sus partes cuyo fin es entretener, mas el género al que me refiero los aborda en la seriedad con el fin de parodiar dicha seriedad. Debe entenderse que obra un análisis de discurso que releva la absurdidad de la palabra como se trata en un noticiera y muestra los vicios sociales que los mismos medios fomentan. Se entiende pues, que el medio periodístico debe mirarse a sí mismo para relevar su absurdidad, hablamos entonces de un formato esencialmente crítico.

Lo curioso, o lo que a mí me parece curioso, es el éxito que estas emisiones pueden llegar a tener, pues tranquilamente pueden rivalizar con la propia audiencia del verdadero noticiero. Funcionan ambos discursos como complemento uno del otro, pero la comunicación que logran toca niveles discursivos diferentes. La obra que critica al noticiero termina por lograr verse más veráz, y meter en entredicho la noticia original, pues tiene una última palabra en el discurso. El noticiero regular no puede, naturalmente, dirigir una crítica a la emisión que lo discute, pues a su vez esa discusión lo legítimiza -como presencia en la audiencia, como referencia cultural- y la respuesta en cuestión no corresponde al formato periodístico. El noticiero está subjugado en manejar la novedad y no puede responder a un discurso que lo critica, pues no es un formato de debate, ya esto por sí mismo muestra los límites del mismo noticiero para discutir la realidad y precisamente la artificialidad de su formato.

Un ejemplo paródico se concibe cuando un grupo de periodistas espera la salidad de un acusado para ir a su juicio durante horas y horas consecutivas desde la madrugada -para estar en directo-, ¿se debería pagar a la gente por estas actitudes? ¿exactamente cómo importa esta noticia y a qué responde esta presencia física en un lugar sin relevancia? Sin quererlo rozamos también el problema de las fuentes, pues a la evidencia se remite que el discurso periodístico no puede fabricarse a sí mismo, pero que constantemente lo intenta.

El ejemplo de 678 no puede separarse de un panorama político, la crítica en evidencia responde a una agenda bien presente en la mente de sus auditores. No nos interesa sino relevar que pese a ello, la visión crítica sigue multiplicando la presunta objetividad del noticiero y poniendo su juego en entredicho. Esta acción, aunque se oponga directamente a la institución periodística en cuestión, legitimiza y a la vez desarrolla -generando cierta originalidad- la información que ataca. Un grupo de poder elige de que hablar, y en eso se mantiene el discurso.

Esta tecnología de información tiene buena aceptación, introduce al discurso crítico y como mencioné, no es por naturaleza hostil a los grupos de poder. No me sorprenderá para nada que se multiplique.

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