Comentarios por favor

7 Jun

Un bloguero, que no sé si puede considerarse como tal por lo que vamos a discutir a continuación, escribe un comentario sobre los comentarios. Una propuesta estética, si se quiere evitar la palabra justificación. Pensar que la gente vive justificándose me parece exagerado, las frases se justifican -con una funcioncita de Word-, las personas tan solo piensan que lo hacen. No leo la mente, así que retiro mi argumento: No es una justificación.

La reflexión consistía en extraer la opción de recibir comentarios en un blog, en una entrada cualquiera. No cito su razonamiento -alcanzará usted uno propio, concuerde o no con la opinión-, mas me veo estimulado a pensar (acaso ya por esto el comentario es válido) y compartir con ustedes mis pensamientos.

Somos escritores de la época digital. Admito ser arcaizante en mis lecturas y que mi cotidiano se comparte con los siglos pasados. Convivo con pensadores medievales y otros románticos. No condono, sin embargo, evitar el innegable compromiso de escribir para la era en la que existo, en la cual internet es una penosa realidad. Yo sé, no es lo más romántico que puedo tirar de la vida, este intercambio de bytes en servidores, no se justifica para centrar mi interés en un solo objeto, artificial o dado. No me limitaré ahí, de la misma manera en que no puedo limitarme al pasado.

*- O algo más realista, el no tener que decir. El no manifestarse por planear en un desinterés acaso temporal que no amerite ni como respuesta el bostezo.

Nos ha pasado a todos los que clamamos el estigma de escritores, querer medirnos y actuar como los grandes de la historia. Quisiera ser Stendhal o Asturias, quisiera ser Arguedas o Chejov. Tan solo no lo somos, y estas pretenciones deben quedarse en ese nivel fantástico, como suelen ser las lujuriosas fantasías o los deseos asesinos, uno se reprime, no lo puede todo. Por esto mismo creo que es inevitable pensar en los comentarios, en aceptar que la esfera pública de la literatura siempre ha sido una donde se intercambian opiniones, y nuestro interés productor es multiplicarlas y darles fruto, hacer de nuestro lugar público -porque un sitio internet es más lugar, acaso, que un libro- un sitio de encuentro y reflexión. Un válido intercambio.

Ya he dicho antes que quiero comentarios, tal vez en mi inocente visión del lector que lo vuelve un agente de creación y reflexión superior a cualquier otro, tal vez en mi fe de que leer antecede y funda el pensamiento. Por supuesto, además del estigma silencioso del voyeurista, el miedo al error y la timidez casual de la web*, está la realidad de que no mucha gente se cita en mi blog. Francamente, rozamos en lo precario ¿qué importancia? No pienso que ser menos nos prohiba un intercambio animado, ni mucho menos. Hablo mucho tal vez, suprimo implicitamente al que me escucha por el volúmen total de material hablado que produzco, acaso estoy en un erro -no obstante, esperar un intercambio que puede no llegar, tampoco se me figura la solución inmediata-.

**- Y la reflexión.

El comentario es, pues, darle al lector su lugar. Internet tiene esto de que le permite al que no se cree un ermitaño que tan solo ha de velar por sí mismo, abrirse al mundo. En mis ventilaciones está comprendida esa imagen, estamos al aire libre, las portadas del libro no nos encierran. Acaso el pudor del estereotipo antisocial del escritor nos quiere aprisionar en nuestros propios textos concluyentes.

En todo caso, no me ha gustado. Sabrán que por mi formato y mis costumbres, este blog se permite sujetarse de la fuerza de la palabra** como principal atractivo. Predico cierta austeridad en imagen, texto y vínculos, en este sentido no me expreso “como se debería” en la era digital. Y es que no hay sino propuestas fundadoras de cómo debemos usar estos espacios virtuales, no hay una lógica que sea válida, cada arte debe encontrar en internet como servirse. Sin regresar claro, a fórmulas que extraigan los elementos escenciales de nuestro poderoso internet: La información masiva, la interacción instantánea, la comunicación y el cómo se siguen los sitios. Y el desorden.

En mi tiempo libre, yo también me paseo poniendo comentarios en otros blogs, me gusta interactuar y discutir, acercar propuestas a aquellos que están suficientemente abiertos a recibirlas. Por lo mismo, no repliqué al bloguero sobre su observación y sus comentarios, sobre su manera de cerrarse implícitamente a los demás. No puede forzarse a la gente a abrirse ni cambiar de opinión ¿verdad? Aunque les hicieras un favor. ¿Pero le haría un favor? No hay una solución para todo, y mis relativos pensamientos siguen siendo eso: Pensamientos, relativos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: