Stendhal y Derrida

6 Jun

Por mas que sé perfectamente que en vez de Stendhal esta entrada pretende tratar a Maquiavelo, mi cerebro fue tantas veces a Beyle que resolví colocarlo acá en este título, y es que no me sorprende esta relación con Italia, tan superficial como evidente que me lleva a pensar a estos dos -no hablo de Derrida-, donde mismo.

Y bueno, el seminario: Señalo de antemano que en este tercer seminario detendré mis atenciones inmediatas por mi reciente descubrimiento -tan afortunado como fortuito-, de que vence al propósito de mi blog extender demasiado un solo tema. Esto justificado, por supuesto, con que tuve que devolver a Derrida a la biblioteca. Dejemos esto último entre nosotros ¿quiere?

Trataré de un párrafo del tercer seminario sobre la bestia y el soberano, donde precisamente, Derrida no se equivoca confundiendo a Maquiavelo con Stendhal. El soberano, debe poder actuar como el león defenderse del lobo, pero debe también debe poder ser el zorro. La discusión, tan zoológica como se presta, se resume -en el contexto del príncipe-, a una medida de las fuerzas y la sutileza, de un punto medio entre la total bestialidad y la total humanidad -ese zorro, en una comparación con el hombre que se encuentra asuente, donde el homínido se sobre entiende pues siempre, en cualquiera de nuestros discursos, está sobre entendido-. Derrida va a analizar este estatuto particular que se sugiere para el zorro -léalo-, yo no iré por esa dirección.

Antes ya dijimos que el propósito de Derrida es construir una especie de zoantroteología, es decir, establecer la relación entre el sistema poder -dado por lo divino-, hombre y bestia. Aquí hemos jugado conceptos como la ley y el crímen, especialmente en lo referente al discurso. Derrida no analiza, o se abstiene por la duración del tercer seminario, una referencia que podemos entrar en el discurso mítico, que ya contiene a la bestia, al hombre y al Dios, más presentes acaso que la fabulación que el buen francés señala varias veces (la raison de plus fort est toujours la meilleure). La fábula sugiere una ley moral, una normativa social; el mito analógicamente la personifica.

La omisión es comprensible, Derrida habrá sencillamente supuesto que las sociedades precartesianas no asumen una división concreta entre soberanía y religión, y que en esta dualidad funcional no hay verdadero problema a develar. La sugerencia de Jacques es remitir a la actualidad de la soberanía, para lo cual no valdría la pena regresar a un pasado mitológico. ¿De donde supongo yo todas estas referencias al mito? Precisamente a lo que se obra en el párrafo de Maquiavelo: La transformación. No hablo de una Metamorfósis en el sentido de Ovidio, como una especie de momento mítico en sí, sino este cambio violento casi-mágico que es propio del sistema fantástico y dentro del cual no tiene ninguna especificidad sorprendente. La transformación obrada por Maquiavelo -por medio de la palabra, de la imagen-, se asemeja a la figura del trickster, de la figura malévola que tiene la capacidad de tomar formas animales alternativamente. El principe maquiavélico obra de la misma manera que esta figura del malévolo clásico, del que engaña, porque transformarse es en sí mismo una manera de engañar, de asumir esta identidad de anansi, que hace medianamente el bien y trae muchas veces el mal.

Maquiavelo pues, con su ejemplo, arrastra al soberano a la figura de lo sobrenatural, pues no es una bestia, pero se vuelve una. En el folclor, esta característica acompaña frecuentemente a la divinidad, y a su vez, como sugiere Derrida, dicha transformación permite que el soberano asuma esta forma excepcional, que supera todas las leyes que regirían su forma humana. Este proceso mágico, mas sobre todo de lenguaje, se contiene en toda la figuración fraguada por la palabra, en una lógica que viene de un discurso y en el cual la bestia es objeto siempre del discurso y se objetifica. Vico Gambatista dice que cuando el hombre genera la ciencia racional, gana un conocimiento de lenguaje del objeto tratado, mas cuando carece de este, construye al objeto tratado en sí mismo y de este modo, perceptiblemente, se acerca más a él. El soberano reproduce pues, a la bestia -y al criminal- en un concepto de figura como lenguaje, solo que al aproximarse a ellos racionalmente -por un proceso de lenguaje, una secuencia de definiciones-, no se transforma verdaderamente en ellos, sino dice transformarse; suprimiendo con ello, la verdad de la bestia por la que es representado.

Solo un hombre puede volverse zorro para volverse dios, el lenguaje y nuestra literatura lo confirma y lo sugiere. Construir sobre el lenguaje -evaluar por el lenguaje- ya suprime, tan solo por ser a aquellos que carecen de razón -palabra-, a fuerza de no ser fuerza -transporte real- la razón. Si un lado literalmente no puede tener razón, ¿cómo se le defiende?

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