Hobbes contra Derrida

3 Jun

(¿Acaso podemos caracterizar la influencia literaria? No lo digo, ni lo excluyo. Para ser francos no me importa, pero sí quiero hablar de Derrida -y en este espacio, lo que quiero, lo hago-.

Les aseguro que la similitud entre mis practicas literarias que puedan remitir a los temas tratados son originales y sin plagio a lo que respecta al pensamiento del filósofo tratado. Me refiero naturalmente a lo que concierne a la escena del ****** en LMDA. Esta lectura fue inspirada en mi interés en el tema, no se trata pues, de una comodidad en el sentido contrario -siendo esta, la segunda vez que leo un texto de Derrida-.

Entonces esta entrada sirve como confirmación en caso de que mis acosadores necesiten aclaraciones de mis composiciones históricas. Por supuesto, pueden también no creerme, dado que el principio de este blog es que supongan que miento.)

No se debe, por cuestiones de decencia, suponer originalidad en lo que concierne a discusiones filosfóficas. El que cree hacer ideas del todo nuevas, puede tacharse de ignorante, salvo que sus analogías deriven de avances del pensamiento verdaderamente ausentes -pensemos en la ciencia moderna-. La reflexión consiguiente pues, empleada sobre un pensador archi-conocido como Derrida, no supone aportar nada. Nop, absolutamente nada.

Vamos al texto.

Estoy trabajando -jeje- sobre unos seminarios del profesor Derrida, títulados La bête et le souverain, particularmente el impartido el 12 de diciembre del 2001*. Más o menos estamos en un propósito equivalente a hablar de lo que se ha visto en la escuela justo después de haber llevado la clase. Francamente, me alegra no haber asistido a ver a Derrida en vivo, pues mi atención en los seminarios suele ser fragmentaria y confusa, lo que explica mi gusto por el texto pese a las críticas constantes que lanzo a su pedagogía. Parece que Derrida acostumbraba escribir todos sus seminarios antes de darlos, no improvisando estrictamente en el asunto. Supondré esto cierto y que no he perdido en escencia gran detalle.

Entonces, voy a completar mis impresiones sobre lo que leí de este seminario sin consultar los posteriores, para seguir la ilusión de originalidad, de primera impresión -en realidad, como la constitución general de este blog, lo que buscamos es la espontániedad, lo momentáneo, el balbuceo que brota en bruto. Así que ahorrenme el acuso de recibo si pasa que Derrida habla sobre lo que apunto en los siguientes seminarios, el que pierde su tiempo soy yo, no usted.

*- Lector arcaizante que soy, me resulta curioso encontrarme frente a un escrito que habla de cosas que viví como el 11 de septiembre, hallo esta idea -superficial- de vigencia en Derrida, en cierto modo sorpresiva. Señalo el detalle, simplemente.

Voy a abordar dos momentos: Derrida cita a Hobbes que dice como el padre es “un pequeño rey en su casa”, justo tras argumentar que para Hobbes el gobierno se construye en el artificio, que el estado es una bestia creada por el hombre -ya no se si estoy hablando de Jacques o de Thomas, o de Jacques hablando de Thomas-. Se dice entonces, que el padre, cuya paternidad no puede realmente remitirse a un conocimiento natural -porque no se garantiza, porque solo la madre tiene esta absoluta certeza de progenie-, se asocia con un medio artificial para ganar su calidad de soberano. Entonces cuando encontramos sociedades matriarcales en las bestias, tendríamos un régimen natural -hienas, y elefantes-, mientras que los patriarcados por cultura estarían en el artificio. Esto no tiene sentido.

Uno puede argumentar que por naturaleza la virtud natural de “ser hombre” o “ser mujer” no es una cosa que pueda implementarse a fuerza de sexos en cualquier raza. Desde que existe la diformidad sexual, desde que la leona tiene un cuerpo más esbelto para cazar y el león más fornido para luchar, discutimos las diferencias biológicas en un sentido que puede donar determinada supremacía a los elementos, todo si seguimos características estrictamente biológicas. La discusión sobre si el patriarcado humano depende de la capacidad humana de cazar o su podería físico, se mete en duda recordando los matriarcados que nuestra raza ha logrado dar. Debemos pensar entonces en lo post-natural.

Solo que mi propósito, como me parece, también el de Derrida, es derribar esta nobleza de lo natural que se distingue de lo social. Natural y social es lo mismo, el hombre es fundamentalmente animal y veremos animales cuyos comportamientos -dicho en una manera anticuada y pobre de hablar- son humanos. La distinción no es sino idea, una división sin valía funcional, algo que no sirve. Pero si referimos a la biología del hombre, y a esta cuestión del artificio que Hobbes avanza, la solución aparece sola.

Los machos humanos, tienen la tendencia a presumir. Es por eso que muchos medios artísticos son dominados por el hombre, porque el artificio en nuestra raza, es una manera privilegiada de exponerse y ponerse en relieve. El varón no se volvió gobernante por ser más fuerte, sino por ser más artista. No que su arte sea mejor, pero parte de un principio de obscenidad, que provee la consideración biológica que lo aparte de la hembra, y lo vuelva indirectamente rey. Como a paternidad es un medio más falso, más artificial, se presta a un gobierno más absurdo como Hobbes propone.

El gobierno del hombre macho pertenecería -sin desengaños ni competencias- al reino animal.

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