Leve pausa

30 May

Estamos de vuelta en nuestra serie de ventilaciones, precisamente tras abandonar una serie casi-ensayística acerca de la adultez, que finalmente terminaremos en otra ocasión -si usted prestó atención (me permito dudarlo), notará que cubrí tan solo el principio de mi plan general en cuatro pasos-. Piense en esta entrada como un momento transitorio entre mi savantismo declarado y cualquier otro tema relevante para la escritura que podamos tratar. Levedad. Dígamos que mantengo la levedad.

Vale aprovechar esta pausa para explorar metatextualmente el por qué he decidido interrumpir mi discurso sobre la adultez. No, no se debe a la futilidad y falta de interés en el tema, pero gracias por considerarlo. Hallé simplemente que la secuencia ordenada de ideas que mi construcción proponía estaba realizandose en contra de las motivaciones y el goce original que escribir este blog me da. Entonces corté -temporalmente, presumo- por la paz.

Ahora bien, parte del problema fue también la manera en que decidí abordar el tema en cuestión, quise ser fortuito como de costumbre, mas también estaba en mi mente sentar el precedente de discutir largamente un solo tema en vista de mi discursión a los seminarios de Derrida. El problema era que enfilar en dos largos temas estáticos solo empeoró la situación, parte del gusto de lo escrito aquí es el experimento, el ejercicio mental, la crónica.

Porque como tal vez no mencioné antes, algo relevante en este blog es la crónica, la actualidad y la inmediatez que supone internet. No estoy precisamente dando alardes de estar improvisando todo, sin embargo si garantiizo que no me avoco a la preparación. Siendo francos, esto casi deriva del disgusto personal que siento hacia un cierto academismo escolar  que busca construir un ensayo por medio de la acumulación aglutinante de citas y referencias a otros textos. Yo sé que se supone que discutimos sobre textos, pero esas maneras fatigantes no tienen lugar -a mi parecer-, en un sitio personal de un autor que respete la levedad del lenguaje.

Claro, los amantes de la precisión y el historicismo en los ensayos han de hallar mis vagas improvisaciones harto fatigante. Si se requiere acumular notas sobre mis comentarios, estoy seguro que algún incauto puede darse el lujo de buscar cada referencia y probablemente hacerse pagar por ello ¿no? Generoso de mi parte proveer de empleos a la futura economía, venga, me río con el muchacho de antemano. No estoy precisamente prestando servicio comunitario a los estudiosos, creo que si alguien prefiere muestras de erudición, puede buscarlas en sí mismo, yo no pretendo erudiciones -las tenga o no-.

Ahora bien, esto puede considerarse como una elección personal, sin embargo el caracter cronístico de mi tarea no lo es. Me han recomendado, ha modo accesorio, incluir en una tésis posible de maestría, los libros sin relacion a mi tema, que haya leído durante la confección de mi estudio. Partiendo de la idea de que la configuración mental y lectora de un individuo se construye y conserva dentro de un tiempo determinado, podemos concluir que esta documentación sirve para crear un “mapa” intelectual del conocimiento que el redactor ha tratado configurando su texto. O sea, supongo que si quisieran comparar el contenido de mi blog con los temas tratados en mis libros -los cuales están sin editar-, habría referencia válida. Claro, deben adivinar en qué textos estoy trabajando, pues francamente, no es como si les fuera a decir, ¿tengo cara de enciclopedia?

Por supuesto, para que las comparaciones y la calidad artística de la crónica tenga sentido, un elemento importante es la variedad. Creo en sí que, si tratamos este tipo de argumentación como algo distinto al ensayo -o por lo menos, como un tipo de ensayo que responda a reglas más precisas-, necesitamos considerar esta visión de varias cosas en un tiempo determinado. La variable del tiempo permite dar cierta relevancia a esta variedad de temas, pues se asemeja a un hombre tratando de malabarear un montón de ideas simultáneamente, sin un plan determinado, sin una red que lo proteja de la caída. La mente en riesgo, si se quiere. Lo que no tiene gracia sin la simultaniédad, entonces no hay equilibrio por guardar, solo juego de pelota.

Lo que no quiere decir que el ensayo sea monotemático, en realidad, si lo tomamos en el término empleado por Montaigne, el ensayo es la fórmula literaria más libre que uno pueda imaginar, se puede incluso decir -siendo un purista de hueso colorado-, que desde entonces el género solo se ha deteriorado. Yo diría que un ensayo debería siempre tratar de varias cosas, ahí yace parte de su ingenio. Por supuesto, algo del mérito sería también tratar dignamente los objetos enunciados, aunque fuese por gusto a la reflexión y a la estética. Si menciono esto es porque me parece, permite una distancia ante el género misceláneo de internet que antes hemos discutido.

Sin la comodidad de tecnologías tales como la imagen o el microdiscurso estilo twitter para causar un shock al espectador, remito a la fuerza pura del ejercicio de la palabra, de la palabra que ejercita. Esto me mantiene en sana condición intelectual, y la variedad, implica más músculos que se flexionan.

Y esa sería mi analogía.

 

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