Los últimos años

29 May

de una serie que vamos a presumir, constituye la edad adulta -no tengo la voluntad de ser exhaustivo, mi propósito ha resultado largo ya como es-: El adulto como actor. Asumí tranquilamente dos ideas que van a problematizar esta noción del adulto como centro movilizador del universo social, y sobre las que vale discutir: 1) El discurso es una acción, 2) el adulto es mudo (enajenado, limitado a responder ante la sociedad). Dijimos también que el adulto no produce sino reproduce discursos, y además que reproduce discursos por medio del ejemplo.

La sociedad también quiere que el adulto, mudo e irracional, haga todas las cosas posibles.

En realidad esta volición del adulto por el movimiento está presupuesto en lo que ya hemos discutido: Trabajar presupone una acción, responder por sus propios actos presupone una acción, la permanencia del discurso social es una imitación. Quiero que tengan en mente las nociones de anonimato y enajenación que igualmente hemos mencionado. La sociedad exige al adulto -y solo al adulto-, una responsabilidad sobre todo el universo, un deber realizar que arregle todas las cosas que “están mal”. Por supuesto, no está en la competencia de un adulto anónimo arreglar todo. Se le presentan dos caminos para sugerir esta salvación* implicita del medio social: La ejemplaridad y la novedad. La novedad es un elemento puramente moderno que se asume en el adulto, y es un resultado de varias acciones tomadas más o menos al azar por el total de los individuos, como una suerte de selección natural de las ideas. Al igual que la adaptación del adulto particular, la acción novedosa sobrevive en la medida que está ambientada en su medio, y precisamente en este género debe de tratarse una idea que corresponda a un discurso adulto -recordemos que lo adulto es un género literario-. Adulto aquí funcionaría en el sentido de “convencional”, o “aceptable”, si bien no se trata del único atributo de la novedad.

Ahora bien, todo nivel de exigencia sobre actuar, funciona en un nivel puramente sensorial. No tiene sentido para el hombre enajenado y anónimo cargar sobre su espalda el destino del universo, y es que no tiene por qué ser razonable, ya que el discurso social no es un verdadero discurso, es una intuición. Incluso el estado imperfecto de la sociedad, *- este paraíso perdido que trata de recuperarse, no responde a un estado de verdad, sino a una suposición de un estado posible y mejor. El hombre adulto no siente verdaderas necesidades ante su estado, sino que responde a un modelo de ficciones discursivas implícitas en el discurso social que se presenta ante él. Una suerte de moral del bien y el mal que asume, y lo moviliza -o no-, a generar acciones de cambio. Digo bien acciones pues nos encontramos fuera de un modelo discursivo, el adulto se sabe mudo y entiende que no puede sino generar acciones concretas para enfrentarse a la sociedad -o no lo entiende y lo hace de todos modos-. Las acciones, digeridas por adultos medio-cocidos que no tienen capacidad de discurso crítico, responden a nociones de beneficio arbitrarias, y se reproducen como si se tratase de entidades orgánicas, ¿por qué no? una suerte de pequeño leviathan que brilla dentro de las acciones de uno, y se supone prótesis de las acciones “buenas”.

El adulto actúa sin pensar, o por lo menos, su pensamiento es vano. Por la acción trata de perder la anonimidad y en esta ilusión se enajena. Las acciones individualizantes de cada adulto, borran su concretud social, y lo ponen a distancia de las puras convenciones. Solo su anonimidad lo salva de ser agredido por el discurso social que quiere hacer de él un individuo “adaptado”, léase, inerte ante el movimiento de los tiempos. Porque en estos términos, la acción entra en conflicto directo con la reproducción del discurso, con la resignación social a ser adulto. El adulto siempre supone una autodestrucción voluntaria: Borrar la existencia anterior a la etapa adulta -negando la experiencia pasada, devaluándola ante la propuesta por el discurso social-, o destruir la visión misma que se tiene del adulto para entrar a una etapa de individuación. Excepto que a individuación por la acción esta comprendida dentro del modelo adulto, se requiere aparte de esta una individuación desde el discurso, lo que Hobbes consideraría volverse un criminal por querer “un contrato con Dios” -“a covenant with God”-, o sea, criticar discursivamente.

Por definición el discurso crítico no es considerado útil, pues los adultos no lo poseen. Sin embargo, es el paso necesario para superar el proceso “animalizador” que se impone por la adaptación del adulto. Esto es apenas el primer paso. Para cambiar el objeto real por medio del discurso, se debe utilizar la palabra como manera distinta de abordar los objetos y luego forzosamente pasar a la acción. Al menos por mi parte solo pienso proponer un paso que apela a nuestra razón para contemplar una liberación posible del fenómeno que presento.

Deducimos finalmente, que ser adulto es un modelo ideal, irreal, que no permite la satisfacción individual, pues reprime dimensiones humanas que inclinan al hombre a la felicidad (lo espiritual, lo creador, lo comunitario). Se entiende que desde ahí se tienda a una auto-de(con)strucción.

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