Lógica positiva

26 May

…tanto en el sentido material como en el espiritual; vamos a presuponer que la experiencia del hombre -aquella de su actividad, vital, laboral y discursiva, la cual asemejamos frecuentemente a la duración de la vida, mas no es tanto así- se figura como una riqueza que caracteriza al adulto. El adulto debe poseer experiencia para abordar sus responsabilidades sociales, suponiendo esta capacidad, la sociedad lo asumirá capaz de encarar los problemas individuales que su exigencia personal le exija. Este rol de ser capaz de dar herencia, es también una espectativa típica que se tiene del adulto y la asimilamos con la noción de padre. Si el adulto no tiene experiencia, es la falta de la-sociedad/los-padres, lo que ciertamnete sitúa la incapacidad de ser adulto, fuera de un valor individual. Entonces no se juzga a nadie personalmente por ser incapaz de desarrollarse como un adulto, pues se asume -desde la era de la sicología-, que el error fundamental viene de afuera. Por lo tanto, si una persona se arruina por consumir, no es su culpa.

¿Cómo puede coincidir esta idea de dejar herencia y proteger con la naturaleza fugaz del consumo*? Se deberá probablemente, a la relación que la sociedad tiene con los objetos materiales, la implicación seudo-lógica que al consumir, se obtiene un bien duradero, que la misma acción de gastar dinero sirve para enriquecerse. El consumismo va a partir de la ilusión de que el dinero es para intercambiarse por bienes, como el trabajo es para ganar plata. Desde la sociedad consumista, el trabajo es visto como una carga y el dinero en sí solo vale en la medida que pueda comprar lujos. Note que hablamos de un nivel de discurso que arteramente ignora las nociones económicas de inversión y acumulación en favor de los gestos exigidos a los “simples mortales”. El dinero es para hacer la vida fácil, el trabajo hace la vida difícil, luego el trabajo hace la vida fácil (con dinero). Nos encontramos en un sistema de paradigmas discursivos que responden a la sensación y no ha la razón, a principios del siglo pasado sería llamado la lógica de las masas.

Lo que hay que entender de estos sistemas discursivos es que trabajan con generalizaciones. Toda la teoría que he enunciado -al remitir a la explicación de qué es un adulto, de qué espera la sociedad de un adulto-, no consiste en una verdadera aplicación práctica en lo cotidiano, sino que se implica por unas reglas que nadie conoce y que se asumen. Ya expliqué alguna vez que el discurso social no es un verdadero discurso -nadie nos lo dice, literalmente-, sino la transformación de una sensación de experiencia a la forma de un discurso. Y entonces estas generalizaciones no puedes obtenerse directamente del individuo, ciudadano, adulto, pues se trata de un género de no-dicho. Esto quiere decir que el adulto no puede comunicar con su sociedad, que el adulto, dentro de la definición social que le corresponde, no posee, como exigencia, la capacidad de efectuar un discurso. El adulto sigue el ejemplo del plebeyo, y se asume sumiso.

*- Digo bien la palabra fugaz, refiriendo al orígen del fuego, pues consumir es precisamente la acción efectuada por las flamas. Entiéndase que consumir se adscribe a la imagen de “quemar dinero”, viniéndo implícita por ella la noción de pérdida.

Naturalmente, cabe interrogarse si la sumision por parte del adulto no es, por sí mismo, un problema de discurso. Expliqué previamente que la sociedad no comprueba sus sensaciones generales activamente, de cierta forma, tiene dos tolerancias hacia el error: 1) Cuando no lo ve, 2) cuando abiertamente lo niega. El funcionamiento de la sociedad es declarativo, necesita de cierta forma, comenzar una declaración hacia un individuo para verificar si su respuesta es en sí, una respuesta adulta. Recordemos que un adulto es un ente ideal, y que su respuesta se supone óptima, pienso por ejemplo en su existencia como “trabajador”, si la sociedad lo mira “desempleado”, porque la sociedad misma ha devaluado el trabajo local o ha sacrificado puestos de empleo u oficios en favor de otras variables económicas, seguirá teniendo al desempleado como “no adulto” aunque no considere inicialmente que es culpable. La sociedad solo puede reconocer al individuo no adulto como un culpable o una víctima -aunque fuese potencial-, pero si tan solo asume al individuo, siempre asumirá que es un adulto. Se trata de un discurso que debe afirmar, que debe calificar al individuo más de descalificarlo.

Luego, podemos nosotros efectuar una lectura desde la sociedad -calificadora, mas no crítica-, o una desde el individuo como productor de discurso -y entre estas, avanzo yo alguna para inspirarlos-. Los prejuicios, suelen responder al primer grupo de opiniones, con gusto las tendremos por precarias.

Quiero regresar brevemente a una noción que ya toqué…

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