La edad de consumir

25 May

…tenemos que enfrentarnos al problema de contener en varios individuos el orden representado en el género adulto. Esto se ha hecho siempre, de cierta forma. Aunque durante todas las épocas han existido los solitarios, esta característica marginal nunca les ha granjeado el favor de la sociedad, un adulto socialmente apto, es un padre de familia. Aquí la identidad se confunde, el adulto es el representante de una comunidad, aunque sus funciones se vean más bien delegadas a distintos miembros de dicha comunidad. Solo para hablar del modelo patriarcal típico del “machismo”, tenemos que el orden en el hogar es prestado por la mujer, y el adulto social se supone ordenado -pues es capaz de comunicar una visión positiva de sí mismo al exterior, porque ha evolucionado “sexualmente”, para seducir-.

Poco a poco, caemos en la evidencia de que la edad adulta no solo refiere a una aceptación del discurso -aquel que constituye nuestra noción social de adulto-, sino a su vez un discurso que el individuo produce. Efectivamente, una sociedad no puede exigir que alguien tenga esencia adulta, mas le exigirá que obre como tal. Entendemos entonces en que consiste la domesticación que hemos mencionado: Se incita al ser humano a pretender buscar y desarrollar una concepción adulta de sí mismo, que a su vez será expresada en todos los niveles de comunicación interpersonal que al individuo se le exija. La adultez no es pues, solo un modelo social, sino también un género de discurso en el primer sentido -no es pues, un fenómeno que decidimos representar como un discurso, sino es también el discurso que lo representa-. Naturalmente, no podemos decir que se trata tan solo de un discurso porque es imposible negar que la domesticación existe, el hombre ha desarrollado efectivamente herramientas concretas para expresar su edad adulta, y como ya hemos mencionado, una de estas tecnologías existe en la complicidad social.

Siempre que remitimos a un discurso y a una realidad, tenemos el problema de la representación, entiéndase, de dividir formalmente el objeto representado y el lenguaje que lo toma. En este caso, por ejemplo, es muy sencillo reproducir un discurso social que nos coloque como adultos a los ojos del resto del mundo, lo que no quiere decir que hayamos verdaderamente alcanzado las espectativas fijadas por el grupo social que nos rige. El punto de las espectativas es que, al no regirse activamente, quedan suspendidas y sin evaluación, lo que permite cierta flexibilidad para el que las adopta. Esto es un fenómeno sensorial. Yo no necesito literalmente ver lo que está detrás de la puerta para saber de qué se trata, tengo esta información ya grabada en una parte de mi cerebro, si lo he visto antes, y si ninguno de mis sentidos me sugiere que al interior de la puerta las cosas han cambiado sustancialmente. Así es como funciona también nuestra evaluación del discurso adulto, solo requiere surgir en momentos sociales determinados, y puede funcionar precariamente el resto de la existencia cotidiana de los individuose. Más y mas, nos encontramos en el caso donde la existencia general y la expectativa adulta no coinciden.

Vale diferenciar la naturaleza “real” de las situaciones sociales que la sociedad enuncia para que el individuo -o los individuos- evolucionen. Por lo general, un cambio en el ambiente no genera piedad hacia los animales desdichados que lo sufre, sin embargo el cambio humano siempre tendrá cierta tolerancia hacia algunos hombres, pues solo puede existir en una interacción artificial. La sociedad humana pues, imita a la adaptación, y es incluso capaz de aplastar y matar a los individuos no adaptados, pero a su vez trata de deformarse para incluir a ciertas ovejas descarriadas en su seno y protegerlas, pues el instinto de la raza es proteger a sus individuos y luchas contra su propia precariedad. Entonces aunque la sociedad nos trate de obligar en comportarnos como adultos -comportamiento que como dije, se centra en el trabajo y la responsabilidad frente al discurso social, sea de frente a la ley o a la comunidad-, tolerará pasivamente nuestra falta de esta convicción, y aceptará incluso, las migajas de voluntad que pongamos en tomar este aspecto adulto al menos temporalmente. Pues si bien entiendo, en determinado momento la sociedad buscará que este nuevo “falso adulto”, sea su individuo predilecto, y se vuelva el canon de adulto. Podemos buscar esta contradicción en un cambio de paradigma donde giramos en torno al eje del consumo.

¿Qué tiene que ver el consumo con la fase adulta de la vida? Bastante, en realidad. Si uno considera que la adultez se centra en un fenómeno de discurso y en una variable fundamentalmente económica -el trabajo-, no podemos sino clamar que la relación es evidente. La sociedad de consumo, quiere que un hombre responsable sea el que consume, y contradictoriamente, dicha actividad puede llevarlo a la ruina. Podemos aclarar que multiples paradigmas antiguos nos revelan al adulto como el protector, como el que sugiere una herencia…

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