Mitología crítica

20 May

A veces uno debe entrar en el pantano lodoso que es la crítica de los artes populares. Algo que se practica muchísimo por internet, pero que no reconoce de cierto modo, los valores ciertos del academismo. El arte popular, decimos, se sostiene precisamente por un caracter de entretenimiento, que no solo le requiere una decente difusión sino que además apela a un sistema de diálogo común que podemos asimilar -por qué no-, a los arquetipos jungianos. Porque a final de cuentas las grandes historias, las que todo el mundo conoce, se cuentan gracias a ciertos arquetipos “universales”, lo que podemos llamar personajes, cuando el término es pertinente, y que no pocas veces ha guiado los estilos narrativos que han existido en las más remotas partes del mundo.

Ya podríamos emplear una crítica vanguardista para repudiar a los arquetipos como una repetición constante de los mismos métodos y fórmulas. Este es solo uno de los primeros tipos de crítica que descartará cualquier arte popular por razones fundamentales. En sí, casi he sentido la tentación de argumentar que el arte popular no es otra cosa que el arte que no se sostiene frente a la crítica. Dirán: una crítica enteramente voráz corroe hasta las mejores expresiones del género humano, pero toda crítica es también una expresión humana y es falible. La crítica es tanto un discurso hipotético como uno factual, pues al suponer que la expresión popular no se sostiene ante la crítica, estoy implicando que conozco de cierto modo todas las críticas existentes, y por ende, todas las que pueden existir. La crítica es un elemento de lenguaje y es convencional, sin embargo, intenta por medio de esta herramienta -la palabra-, borrar lo previsible de su mirada, ponerse antes del lenguaje y variar.

Si pudieramos retroceder en el tiempo para fundar un mito de la crítica, y vale decir, un mito de la crítica no tiene sentido porque su trabajo primero consiste en la desmitificación, por lo cual repudiaría de antemano estas metáforas antes de volver apenada a recuperarlas; en fin, decíamos que si pudiésemos concebir un mito de la crítica, muy probablemente ella hubiera nacido para atacar al género popular. La crítica no sería sino una herramienta de pensamiento que descartaría todos los artes posibles que se diésen por populares y permitiera establecer “otra cosa”. El arte que conocemos, nuestra noción de arte, sería una de las múltiples hijas de una crítica que ha fracturado por medio de la reflexión, la columna vertebral de la cultura, que consiste en mitos, y por ello engendrado los sistemas “de pensamiento” y ya no “de narración”, que toman el lugar de una manera de relacionarse con el mundo que bien podría ser esa que Vitto Giambattista inventa en su Scienza Nouva, y que no sería equivoco llamar el “mito de la razón”, en una época donde el pensamiento medieval ya nos dejaba de parecer nítido.

Mas cometo ya el pecado de ser exageradamente verboso y meterme a una crítica de la crítica que no requiere tanto nuestra atención, y que francamente me recuerda el gesto natural de tratar he mirar en el interior del propio ombligo. Creo que el arte popular, ya va dicho en su nombre, no es menos indigno por sus fórmulas y sus teorías que por la carencia de privilegios de clase que conlleva. El arte popular toca a un grupo más abierto y no es elitista, hiere de cierto modo al intelectual que por sentirse abandonado e incomprendido pretende fundar naciones imaginarias donde su intelectualismo sea ley. Estamos aquí en el límite en que los gozos más intelectuales de la literatura se encuentran con Godzilla, James Bond y el señor Barriga. Porque tras haber efectuado un proceso de individualización, ya no estamos en un constante careo con los arquetipos a los cuales tenemos que criticar y borrar para poder lidear con ellos, atravesando ese corto umbral entre lo cerebral y lo que entretiene, llegamos a un cierto punto de reinvención. Cuando el creador deja de ser el arquetipo del creador y se vuelve simplemente un tipo.

El chiste sería tragarse todos los siglos de crítica, digerirlos, dejarlos y encontrar la lucidez total que la crítica nos provee a cuenta gotas: lo que está más allá del análisis. Es probable que entonces la palabra sobre el arte popular recobre en todo su sentido y nos presente sus verdaderas dimensiones, no excluyo cierta reconciliación con el cuerpo bruto de la raza humana, que pasa cuando el hombre iluminado se abandona a sus congéneres en vez de al onanismo. Entretanto, la lección extraña se halla en ese no-sostenerse-ante-la-crítica, el otro, el arte popular que se define en la constante decepción de nuestras espectativas divisorias y que se redefine constantemente como un solo objeto, el mismo objeto en una transformación estética permanete. Como diría otro, el sol dando vueltas alrededor de la tierra.

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