El lector sabe

19 May

Suelo reconocer que la lengua se encuentra impotente a abordar verdaderamente muchos temas, pues por el simple hecho de ser un lenguaje se encuentra limitada por varias razones y formas, que el literato debe conocer. Entiendo en realidad, que las limitaciones en sí no basten para tener una comprensión de las lecciones que se pueden tirar del lenguaje. Y es que parte de nuestros problemas girará precisamente alrededor de la comprensión: Es complicado.

Uno de los siete -¿u ocho?- principios literarios que hemos trabajado es la economía, sin duda mencioné al abordarla, como toma en cuenta la comprensión. Debemos decir poco pero sin que el sentido se pierda. El lector sabe entonces, una noción muy superficial de la economía, carente de sutileza y también clara, este tipo de definición, propia del resumen o el diccionario, no enseña nada, pues no reflexiona ni se asimila. Tenemos entonces, la problemática de comprender, el lenguaje como herramienta de comunicación sugiere prestarse al intercambio de ideas. Solo que en este intercambio hay cambio, el lenguaje no mueve ideas, tan solo palabras -frases, sintagmas-, tan solo objetos de lenguaje que por ellos mismos son vacíos o arbitrarios. Además, el idioma es solo una de muchas maneras de intercambiar ideas.

La lección al escribir es mantener una relación positiva con el lenguaje, tratar de entender no solo cómo funcionan las cosas, sino más importante, por qué no funcionan. He de entender que la mayoría de los discursos son engañosos, tal evidencia nos remite a los componentes del lenguaje mismo. Muchos conceptos del lenguaje remiten a la economía, por ejemplo, la idea de hablar claramente. Hablar claramente es rasurar los significados superfluos o las complicaciones de un sistema y reducirlo a sus simples términos más funcionales. El cambio, se puede percibir de inmediato, estamos desvirtuando nuestro objeto para facilitar su comunicación o reducir el volúmen general de información por comunicar, y por ello mismo, la posibilidad de error, ¿no? -mientras más palabras se digan, más fácil es enviarlas más-.

Error. El silencio es un elemento expresivo por excelencia, él mismo no suprime, sino permite multiples interpetaciones y convenciones de las cosas, el silencio mismo, se nos personifica como la duda general que el hombre entiende para su entorno. Ante lo desconocido, no nos quedamos impávidos -finalmente nada conocemos-, en vez de esto imaginamos y teorizamos cómo las cosas podrían ser. Entonces una frase que dice poco, es una que permite mayores detalles y referencias que todas las demás. Esclapez dice que desde la primer frase de un libro, se limita el significado de todos sus elementos posteriores, lo que también implica, es que las frases y sentidos consiguientes solo limitarán aún más, este sentido potencial. Y sin embargo, al terminar la obra los sentidos no han muerto todos, pues finalmente el principio es mucho más real que el arbitrario final (otro día trataremos esto).

Hablar claramente, es pues, hablar de manera superficial, no comprometerse con un tema y sus sutilezas, considerar tan solo lo sencillo de describir. Esto no es una manera de pensar, sino de hablar; varias veces el hombre las ha confundido en su historia, porque solo puede referir a las ideas y al pensamiento por medio de la palabra, lo que no quiere decir que se trate de dos actividades adjuntas. El pensamiento genera la palabra ¿no? Esto no quiere decir que tenga sus mismas limitaciones, la verdad es que el discurso, literalmente, ha limitado mucho la manera de pensar de nuestros intelectuales, al no poder mirar más allá de ciertas ilusiones que la palabra envía. Como el hombre cotidiano no puede sino pensar que su artificiosa realidad remite a verdades universales que pueden constatarse pues un sistema argumentativo se encuentra detrás de él. Es por eso que ciertos pensamientos discursivos -como la democracia, o la política en general-, llegan a ciertos niveles de absurdidad que hay que destruir sin tener mucho cuidado en los detalles del discurso (de un lado, puede haber manipulación voluntaria, del otro, no cualquiera puede ser consciente de las limitaciones propias del lenguaje).

Voy a empezar describiendo dos procesos de discurso que no, deben confundirse con procesos de pensamiento, esto no es la misma cosa. El pensamiento es fluído y variable, puede sin duda ajustarse a nuestros modelos dialéctico-discursivos con un mínimo entrenamiento, pero el lenguaje es un objeto fijo, una lógica rígida que persiste pese a sus variantes inconsistencias. Quiero decir de nuevo, que el pensamiento puede parecer idiomático pero no está obligado a serlo. Estos dos procesos, que ni siquiera son opuestos, trazan su muy natural orígen en dos relaciones que estoy seguro, han sido evocadas por muchos filósofos a finales del siglo pasado -no nos importa, para este fin-: La noción de unir y desunir.

¿Cuál de estas dos nociones se emplea al “hablar claramente”?

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