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17 May

Ya he mencionado previamente que el blog actual no fue mi incursión primera al mundo de la producción textual por internet. No he detallado los otros ejercicios, francamente ni vienen al caso, pero vislumbro una oportunidad de ilustrarlos ahora que reflexiono un poco al método que en estas semanas he pensado usar.

No soy precisamente un productor ordenado, tengo mis vicios y mis gustos notorios que salen a relucir en los estilos que asumo. Vuelvo de cierto modo a determinadas propuestas o presentaciones que nunca realicé completamente, me parecen llenas en su fragmentación y su inexistencia parece necesaria. Así muchos proyectos míos terminaron, fueron olvidados y dejaron de ser. Ni en nostalgia penan.

Me gustan las categorías, esto de hacer reseñas, historias y comentarios misceláneos, abordar aparentemente problemas estrictamente prácticos así como los distantes y borrosos, mi primer género en este tipo de entretenimiento es la variedad, y es variada precisamente por entretener. Para que entiendan que he corroborado en mí, cierto discurso público -entendiendo que internet solo puede comprenderse como un sitio público- que trata de diversíficarse. Esto es un género de internet, el misceláneo, creo precisamente que muchos blogs parten en estas búsquedas, de la creación artificial de secciones y subgéneros, cosas que pueden hilarse de una fecha a otra, y de una continuidad interna que podemos remitir a cualquier saga o temporada de serie televisiva. Voy a suponer esta alternancia de diversidades como una característica para la que se presta internet por ser, privilegiadamente, un lugar de informaciones informes y variadas. Yo sé que no era asiduo a páginas de variedades cuando desarrollaba por mí mismo este tipo de discurso. Entiendo entonces, una inconsciente voluntad en mi actuar.

Internet es bastantes contradicciones tomando forma -o no tomándola-, que yo viví como buen joven creciendo en su primera generación. Recuerdo las pláticas en los chats con desconocidos, y también los foros de discusión, recuerdo particularmente una cosa que no ha muerto del todo: La idea del diario personal por internet. La introducción hará claro que mi primer sitio internet era mi diario. Un diario personal enteramente exhibicionista, pues se trata de algo cuyo principio era tener espectadores -en principio desconocidos-, en un lugar primeramente públic. Armé un juego en este pretexto, y solo años después sabría que es también juego propio de internet.

Lo importante de un diario personal que es público, de una intimidad que es prestada, se funda en la lectura que efectúan un montón de desconocidos sobre este texto. Nótese que aquí seguimos sin nada nuevo, cualquier escritor es leído por un montón de desconocidos. Este género personal, cronístico, presumiblemente honesto; persigue conmover en tiempo real, quiero decir, involucrar a los lectores de tal manera de que su interés por la persona en cuestión se logre en un momento determinado. Es una explosión de amor propio, de nuevo, como la literatura. Excepto que la vida no se juego para conmover, el conmover es una ejecución fiel que los escritores en masa ya dominan, y no es encantadora. Conmover por la verdad, tiene un aspecto mucho mayor de seducción, busca encantar por quién se es. El género de diario íntimo-público, surge de esta honestidad, de que la escritura, desde que existe, pertenece a un cierto dominio público. Internet alza las apuestas al volver esta exposición prácticamente anónima, porque a un internauta no le interesa otro, estamos en la(s) gran(des) ciudad(es) del mundo, nadie mira al otro.

Excepto que sí, porque internet también es una colección privilegiada de voyeurs. Tenemos este reflejo de que internet es un lugar también para ver, una esfera pública, acá hay tanta información que no dudamos en avanzarla. Por supuesto, lo que está escrito en internet no vale nada, pero si logra granjearnos un gozo -la risa, el asco, la pena- más allá de la indiferencia, entonces habrá hecho bastante por nuestra aburrida vida de internauta. Lo que da más gusto al espectador neutral es involucrarse, fascinarse con cierto objeto, como hemos dicho antes que al curioso le gusta sorprenderse. Hay una cultura de internet -no la despreciemos usando el seudo-término subcultura-, que logra entrar en estas mecánicas del discurso, interesarse en internet, conseguir una actitud virtual hacia lo que uno encuentra. Todo esto es efecto del caracter masivo de la web, de producir sinúmero de artículos -demasiados para leerse- y su velóz capacidad de respuesta -interesarse en tiempo real, no depender de cadenas de distribución de un libro, responder improvisando-.

Se sobre entiende que por fuerza un diario hecho para ser leído no puede remitirse a una verdadera cotidianeidad, pues en ello se juega su atractivo. El mío era poco recurrente, el ritmo más veloz de producción en internet que he tenido es el actual, mi diario tenía poco de diario. Y eso que rara vez hablaba de mí.

Ahora que reflexiono al respecto, nunca se habían reunido en un mismo sitio, lectores y productores tan improbables como internet. Entiendo que en aquellos días que contaba de mi vida, estaba lejos de entender todas las implicaciones de este diálogo particular de esta persona. Nunca preguntándome tal vez que podíamos darnos el uno al otro, protegidos en cierta anonimidad fantasma que acaso aún hoy no comprendo.

¿Aracely estás ahí?

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