Menoscabos

15 May

El arte se define por sus limitantes y aunque suelo remitir a la literatura, poner esto en perspectiva es ciertamente una tarea que puede ayudar a expandir nuestra mente.

Tenemos ya, por fuerza, algún concepto de arte, pues en nuestra sociedad sobra. Voy a tratar de demostrar una cosa prácticamente falsa: que podemos inventar nuevos artes por sus limitaciones. Esto no es transformador, no es artístico, mas ilustra las direcciones reductoras de nuestro pensamiento, que pese a sus pobrezas, logran sin duda innovar con el tiempo.

Una división grosera del arte son los sentidos, tanto en cuanto a nuestras percepciones, como a nuestro entendimiento. Pienso en la comida por ejemplo, y su valor estético. El alimento es bello evidentemente por su sabor, pero podemos medirlo también por sus demás características -su olor y su imagen, que son convencionales, su tacto y sonido que rayan en lo absurdo-. Casi ningún otro arte remitirá al gusto, pues para saborear se consume el alimento en cuestión, lo que hace al arte gustativo una suerte de performance -que se disfruta mientras sucede y no se busca conservar, es en escencia puesta en escena-. En nuestra sociedad tan higiénica, probablemente no queremos un arte del sabor que dure largo tiempo, aunque la espera si exista en la estética del sabor -pienso en el queso francés, el cual gana un sabor más fuerte mientras se espera-, la interacción -gustar- resta performativa.

Nuestras sensaciones son limitadas, y nuestra razón también lo es. Las comidas de una cena pueden estar cargadas de significación, sin embargo su código siempre será tan abstracto y arbitrario como cualquier otro signo. Por esto mismo, pasar “ideas” a través de la comida, pasaría por la confección de un arte híbrido, por ejemplo, el cruce del texto y el sabor. Pienso en comer un arroz con leche y ligarlo a un aforismo, explotando lo sensorial y la memoria. Lo que es evidente es que incluso en lo que concierne al sabor, la estética no es universal, se aprende y se desarrolla, es como la música en este sentido, una música que se consume y es prácticamente irrepetible.

Otra variedad puede ser el sujeto de nuestro arte, ciertamente los actores son artistas y parte de la estética que gozan, es efectuar su actuación. No es como escribir. Escribir es bastante rastrero. Por otro lado, los artes performativos tienen eso, del gozo que lo ejecuta. ¿Acaso el cocinero aprovecha la belleza en la comida? No en una estética que se parezca, la parte performativa es alimentarse. Y mientras al actuar la ejecución no es todo lo importante, el modo de comer -opuesto a aprender el gusto a ciertos alimentos- no está en el centro de nuestra estética. Los valores son diferentes, las artes son diferentes.

El deporte también tiene un alto contenido estético, y al menos la danza puede asegurarse un lugar entre la consideración seriamente artística. En lo que ha bailar requiere, otra limitación dura se aproxima en una manera improbable: La necesidad de ser joven, de cómo en la vejez se pierde la capacidad física de bailar. Esto evidentemente no afecta a nuestros seniles escritores o al pintor cuya salud se guarda. Entonces tenemos estas diferencias complicadas, de destreza física y también edad. Y ciertamente el que las efectúa tiene un gozo distinto al que las mira.

Se nos aparece la noción de que el arte tiene que lograr un fin preciso, que el azar se escapa de su voluntad -un arte culinario, nos recuerda a las recetas, un libro a un producto terminado-, la multiplicidad y el azar en cierta manera se escapan. Tenemos la hibridación entre secuencia y azar, en la corrida de toros por ejemplo. Un elemento caótico -el toro, que ignora el plan, que ha nacido solo para su violencia-, desmenuza la competencia entre el resultado premeditado y la ejecución performativa del arte; es más contundente que la destreza exigida al equilibrista, si bien el viento tendrá su caos vital. El toro y el torero danzan, ahí se encuentra el juego de la belleza, en algo que puede arruinarse en un capricho de alguien que si puede, propiamente, ser caprichoso. Otro tipo de premeditación, no ya con un verdadero cáos, sino el propio al espectador, su confusión, como los videojuegos que proveen una aventura donde pueden diferirse las situaciones y se alterará el final, o como una imágen que solo comienza a verse desde un punto, y el que la ve aleatoriamente elige su camino a recorrer -que en cierta ejecución, lo llevará a un estado distinto-.

Y trato sin buscar ser exhaustivo, algunos ejemplos. Un trayecto que la literatura ha seguido, es intentar romper estas dimensiones, tratar que el lector escriba, que su lectura sea azarosa, que el libro que se enfrente se transforme ante sus decisiones, que la lectura -en voz alta, o sin guión- se vuelva performativa, pues, que no haya garantías en el tiempo ni en la forma. Dificilmente la competencia es justa, dificilmente todo llega al estado complejo del arte. Pero el avance está ahí, y la propuesta ha renovado, ya bastantes ocasiones, la producción de nuestros materiales.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: