Como el poeta en la fiesta

13 May

Comentaba atinadamente un compañero bloguero, que el poeta queda corto frente a los practicantes de las otras artes, si uno toma el punto de vista del agrado social. Tomaré prestados sus ejemplos, pues me parece, esclarecen naturalmente el tema, luego veremos a dónde nos lleva.

En una fiesta, llegan un poeta, un lanzador de cuchillos y un acróbata; el primero es naturalmente aquel que retiene menos la atención de los invitados. Cuando un escritor vende, se le paga por el papel en que su trabajo es impreso, mientras al pintor se le paga lo que pida -o lo que el cliente se disponga a pagar-. Siempre el literato, jugaría en desventaja, por más trabajo que imprimiese.

Voy a reflejar mis primeras impresiones superficiales de por qué es esto, lo que me vino a la mente de buenas a primeras. La literatura no sería una arte performativo, el poeta que recita su poeta, no lo inventa simultáneamente al enunciarlo; tampoco la enunciación es necesariamente, la culminación del poema, mas esto merece discutirse otro día. Los artes performativos citados, tienen la ventaja de ser casi arquetipos, parte del milagro de la acrobacia y el arrojar dardos viene de que cada ocasión es lo mismo, pero siempre se redefine y es diferente, de ahí viene la habilidad. En cambio, el poeta no es tal por una misma acción que se repite y renueva, sino por una vida que se tiene en la poesía, si no se sacrifica en lo cotidiano por su sensibilidad, pocamente será poeta. El poema leído pues, no prueba en nada su actividad ni su valía, es apenas un guiño de ojo, un ejercicio de palabra.

Por otro lado, el hombre que escribe debe hacer frente al hecho de que la palabra no es un objeto. O sea, su trabajo en realidad es una secuencia de ideas, de usos y signos, pero la tinta y el objeto del libro no son -salvo en objetuales tomos-, realmente de su hechura. No se puede poseer verdaderamente un libro, a lo mucho se le tiene prisionero. El dueño del libro no es el escritor, sino más bien, aquel que se adueña del libro identificándose con él, el lector verdaderamente sincero. Y comprar el libro no puede hacerte de esa posesión, ningún tipo de intercambio monetario te hace verdaderamente, ser dueño de la belleza que un libro contiene. Eso se gana en el alma. Entre tanto, tener una obra física no te dará su abstracción, pero te quedará esa parte física de la obra -la pintura, la escultura-, que es por fuerza también, la realidad de ese objeto -pues sin esa forma la obra de arte no existe-.

Tal vez la realidad viene del hecho de que escribir no requiere ningún talento en particular. Personalidades muy distintas logran funcionar en su producción escrita, muchas veces apoyándose en la sensibilidad o la inteligencia, pero sin fundamentar esta noción de talento que tal vez aparece en todas las demás artes. De hecho, si le exigimos al poeta vivir y sentir como poeta, es que su arte no nos demuestra necesariamente talento. No es bello sino como espectro. Y como la belleza en abundante, necesitamos un mínimo de fe para confiar en que un escritor es de veras, el competente artista que nos promete ser. Las otras artes tienen algo mucho más sensorial y agradable, todas son muestra de talento, todas vuelven a su creador -o creadores, siempre creadores, a saber siempre que incluso cuando un solo hombre escribe varios hombres escriben, no solo por la división de un hombre en su propia mente sino por la naturaleza múltiple y abundante del lenguaje, del lenguaje que nunca es de nosotros y a la vez lo es-, un verdadero transformador de objetos. En el caso del lenguaje, la transformación es una obra sintética que siempre se encuentra inscrita, como Blanchot decía, el lenguaje ya transforma, ya mata. Por esto a nadie le impresiona este decir, especialmente en un momento artificial como el que se crea en la declamación de una poesía.

Y es que en declamar una poesía hay una puesta en escena que me parece más teatral que poética, una cosa que sobrepasa la simple palabra -la palabra en sí y para sí-, volviéndola otra acción concreta que tenemos que evaluar por sí misma. Es posible que una puesta en escena de una declamación sea apasionante, mas es discutible hasta que punto el mérito se reduciría a un mérito poético y no podríamos adjudicarlo a otra manera de mirar y de creer, que no sea solo poesía. Esto podría también ser una ciencia de la palabra e interesarnos, aunque pongo en entredicho si pueda superar al riesgo real de la caída, el cuchillo o el cuerno del toro.

Hay una realidad del lenguaje que es el artificio y al dar algo sincero, real y contundente, por fuerza de ser lenguaje, también entregamos un truco. Por esta simple razón entiendo que pudiera resultar al menos un poco ofensivo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: