Dobleces

11 May

Una paradoja sobre que la sociedad considere a la lectura una buena costumbre, es que simplemente no es para todos. Estos juicios de valor generalizados apenas son aptos para referirse al arte como un objeto limitado, pues se sabe que las expresiones diversas por lo general no se consideran buenas en una sociedad. La música puede ser buena, y no por ello se pensarán buenos los narcocorridos.

Yo, pese a ser sin duda apologista de la lectura, soy de los que piensa que no es una actividad para todos. Empecemos admitiendo que el lector sufre una cierta enajenación al dedicar su tiempo a un pasatiempo solitario -ya desde este punto podemos interrogarnos si queremos de verdad, fomentar este tipo de individualismos en la columna vertebral de nuestros valores educativos-, no es sencillo volver la lectura una actividad compartida por la variedad de títulos que existen y el sinúmero de caminos que se pueden seguir para leer los mismos tomos. Existen intentos de socializar la práctica literaria -pienso en los talleres de lectura o de producción-, solo que si participan en ellos, notarán que la diferencia de ritmo entre los participantes suele enmáscarar la verdadera individualidad que esos círculos se fomentan. Pareciera que o se escoge lo social o se escoge lo literario.

Otra de las dificultades reside en la irrealidad realista del proceder educativo en la literatura. No se puede enseñar a escribir, pero se puede aprender a escribir. Entiendo que en cierto grado esta característica aplica a cualquier arte. Del mismo modo, se pueden enseñar maneras concretas de leer, mas no maneras nuevas de leer; lo que hace prácticamente inútil todo intento de traspasar la lectura como práctica, pues su gracia se encuentra en su innovación y multiplicidad. Leer está entre las prácticas que no se gozan por sí mismas, me temo que la música y la pintura aventajan grándemente ese poder seductor. Ante todo, uno debe interrogarse por qué la capacidad de leer es vista de manera buena, si todos los artes de algún modo superan su valor.

Luego recordamos que nuestra sociedad repudia el arte a menos de que este te permita ganar cómodamente la vida, somos de lo individual y lo pragmático. Me parece adivinar que la importancia de la lectura no viene de lo artístico, sino de la pura pragmaticidad de almacenar y distribuir correctamente gran cantidad de información para tratarla de manera más efectiva. Muy probablemente, cuando se nos dice que busca enseñársenos a leer, lo que se sugiere en realidad es la voluntad de estudiar. Lo que no evita que se enseñe literatura desde un punto de vista nacional en las escuelas.

Yo me pregunto si la escuela no comete un error metodológico en lo que concierne a enseñar a estudiar -suponiendo que este es el caso-. Elevar a la lectura como medio de aprendizaje, sugiere que nuestra experiencia debe fomentar la consulta de información escrita y catalogada, básicamente volvernos lectores de índices. Tal vez al limitar nuestra capacidad en este respecto, mínimizamos nuestras cualidades de absorber experiencia de otros tipos, como por ejemplo, la capacidad analítica de darse cuenta de un problema por medio de los síntomas prácticos que encontramos frente a él. Quiero decir, enseñar a estudiar textos y discursos, proviene de creer fundamentalmente en los textos y aplicarles un método de extracción de información, esto no solo no es artístico, sino que es ciencia bastante pobre. Al volver la lectura una tarea de simple estracción de información, estamos limitando la capacidad crítica de solucionar problemas de los individuos y comprometiendo su manera de interactuar con sus semejantes.

Hay, por supuesto, métodos de organizar la información, como hay bien maneras de escribir. Expliqué por anteriormente, el concepto detrás del resumen y la economía textual, mencionando que el resumen se sustenta en una lectura inocente, y procede de un tipo de escrito que busca tan solo proveer información. Estos abundan en nuestras vidas, y acaso internet los ha multiplicado. No sirven, por ejemplo, a resolver o interpretar los pasos de un problema, como habrán remarcado quienes traten de armar un mueble siguiendo una resumida manera de construirlo. Tome un ejemplo un poco más sano y sensorial, trate de ver un video que le muestre cómo construir una figura de origami, y en este movimiento, identifique cada uno de los pasos a seguir. No ejercita de este modo el mismo tipo de conocimiento, y tal vez por desuso, halle usted el propósito complicado.

Se me dirá que al utilizar métodos superficiales, se priva al estudiante en cuestión, de entender la complejidad técnica y conceptual de las ideas detrás del objeto que estudia. Yo le responderé sencillamente que esta ignorancia existe ya hoy día, que los alunmos son incapaces de decifrar los textos matemáticos y darles un valor conceptual, que el erudito es auto-didacta. Le aseguro que ahogar a los alumnos con metodologías no los volverá ni más sensibles ni más creativos para aprender mejor los conceptos.p

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