Rigor mortis

6 May

Voy a salir un poco de mi canon establecido y abordar algo que se refiere de una manera más directa a los géneros populares. Hasta ahora, si bien entiendo, he caído poco en este tipo de discusión, y me la permito aunque no sea por otra cosa que la variedad.

Entonces, decía, los zombis. Debo empezar por decir que no me gusta la palabra zombi, creo simplemente que suena demasiado africana para mis costumbres del lenguaje, o que visualmente la combinación de las palabras me parece desdichada de antemano y perteneciente a lo popular. Zombi suena un poco chistoso, en el peor de los casos esas designaciones cariñosas que le damos a la muerte y a las maldiciones para tenerlas más cerca de nosotros y que sus nombres no lleguen a intimidarnos. Es pues, una palabra no muy dichosa. Tiene nombre de juego, podríamos decir.

En toco caso, nunca he sido un asiduo seguidor de la moda zombi. Me refiero por moda no al hecho de vestirse o disfrazarse como un cadaver putrefacto -que podría ser un tema de día de brujas, muy lejos de mi intención actual para ser francos-, sino sencillamente a la más o menos constante producción de ficciones populares que se refieren al género zombi. Porque sigo franquicias directas que podemos atribuir a las poplumas, es realidad una ventaja de lo popular es esa capacidad de reproducirse y reintroducirse a muchas maneras en la vida intelectual de una sociedad. Ser seguidor de la alta literatura no es seguir una producción constante, los temas por otro lado se prestan a estas manías coleccionistas.

Zombis. No me agradan. Son, para no ir muy lejos, insalvables. Pertenecen al inúmerable método que nos permite atravesar y reinventar la muerte en nuestras ficciones, los muertos vivientes que existen por lo menos en la memoria. El muerto vivo es un tema extremadamente intenso en el ámbito literario, así bien en todas las ficciones humanas de una forma u otra. Es tan amplio que no hay pena -ni gracia- en invocar este tema a cualquier nivel de la ficción. El zombie no es una redención, ni una transformación, ni un regreso, ni un recuerdo, ni un viaje en el tiempo, es sencillamente insalvable.

Ahora otras modas como los vampiros también me dejan indiferente, pero el vampiro representa la marginalidad de una manera casi del todo contraria. El marginal es absurdamente poderoso y ralla en la invencibilidad, es frecuetemente presentado como nocivo, pero sus efectos son ambiguos debido a que se le reconoce ampliamente superior. Se le teme, por supuesto, en realidad al zombi también se le teme, pero el vampiro permanece minoritario y hostil, dominado por sus propias monomanías y limitado a multiplicarse solo en la medida que su consumo de sangre -y el sol- se lo permite. Es muy parecido al zombi en muchos aspectos, mas al no ser masivo representa toda otra cosa.

De cierta forma el zombi es conservador cuando el vampiro es liberal. O mejor dicho sus materiales simbólicos parecen afines a este respecto. El Vampiro es groseramente un parásito, a veces tiene la capacidad de dedicarse al bien ¿no? existe el mito moderno del vampiro que busca redimirse (no es insalvable, como el zombi), lo que refleja de un modo un poco caricatural, pero que aceptaremos por el momento, el hombre rico que decide ser benévolo con el pueblo. En realidad el vampiro no puede integrarse a la sociedad por cosas que corresponden a su naturaleza, hay un conflicto sugerido cuando no se representa al nosferatu como un simple representante del mal. En fin, ese es otro mito, estábamos en el zombi.

Yo no entiendo por qué hay gente que es asidua al zombi. Entiendo lo lúdico, lo divertido y hasta incluso lo animal. Sin embargo el tema del zombi es grosero. ¿Quién es la multitud muda, sucia y enferma que busca devorar a los verdaderos hombres? Los pobres. Hace poco Joss Whedon, que es él mismo un popluma prominente que se desempeña en varios medios, retoma este mito y su transparente analogía. Casi como decir que la maldición/enfermedad zombi es la pobreza. Y tal vez lo providencial es el hecho en el que insisto: es insalvable. Nada en el universo zombi reivindica a estos seres muertos como verdaderos hombres que tienen un lugar en el mundo, no hay nada que se sobre entienda como medio salvador. Toman literalmente el sentido muerto del muerto viviente: no podemos hacer nada por ellos.

Claro, además de esta declarada impotencia está el tema del Reality Show que también es grosero y un poco torpe: el individualismo y el comunitarismo, otro par de mensajes sociales que se hacen pasar un poco a fuerza en los protagonistas de estas ficciones zombis. Y suelen incurrir en una buena cantidad de pathos para no fallar, en como algunos “de los buenos” terminan por volverse zombis y hay que liquidarlos, si no…

No sé, no me llama la atención, tal vez el tema de la masa impersonal no es mi estilo, o sencillamente el enunciado se abandona a favor de usar buenos efectos de gore, suspenso y maquillaje. Si, puede que sea eso, el género zombi es demasiado intelectual, demasiado enganchado en sus proezas técnicas para que un simplón como yo pueda entenderlo. A veces pasa.

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