Hay un par de maneras bastante…

28 Abr

¿Quién fue el último genio de la literatura?

Hay un par de maneras bastante pedantes de tomar mal esto pregunta (sin cambiar fundamentalmente la pregunta, quiero decir), y pueden ilustrar que nos molesta en el asunto. La primera se ofende por el “fue”, más o menos supone que descreemos, o no nos importa, la vigencia del genio literario que “es”. De alguna manera juega con la noción de que “nadie es profeta en su tierra” (ni en su tiempo), mientras más reciente es un personaje, más difícil es juzgar su genio ¿no?

La segunda pregunta naturalmente juega con esa misma noción atróz que liga al genio con el tiempo, ¿quién fue el último genio? No en el sentido del más reciente, sino el de finalidad, presentando la convicción de que el genio literario es algo pasado y sin vigencia. Pese a que evidentemente me encuentro jugando con los términos, no tiene nada de osado argumentar que el genio literario ya no existe: Acaso nunca existió.

Porque de hecho, pese a vivir en un estado de individualismo rampante, la noción de un hombre genial que nos supere, parece no ser más la moda de nuestro siglo. La corporación de algún modo lo ha borrado,  y el poder -creativo e intelectual- se queda sin rostro.  No es tampoco como si por método ligaramos a cada artista competente a cierta ideología, multinacional o concepto político, pero no negaremos que el concepto tiene alguna vigengia. Puede que desconozcamos el sponsor de tal o cual creador simplemente porque en el fondo desconocemos también al artista.

Tomemos nuestra pregunta con un valor algo más propio, ¿cuándo consideramos a alguien un genio verdadero? Yo por ejemplo, no estoy seguro de que podamos decir que Pigila, sea a valor propio, un genio. Naturalmente no lo excluyo de un circulo de escritores inteligentes y trabajadores -aunque sobre todo, exigentes-, solo que al hablar de genios tratamos con un elemento que se supone excluyente. Ni siquiera entre los grandes literatos de toda la historia podríamos considerar a todos genios.

El argumento puede sonar arbitrario y malicioso, pues claro, si hay un valor mayor que historicismos o mitos personales, las obras parece ser un buen candidato. Y concuerdo con el razonamiento aunque cuestiono la conclusión. Si bien solo a través la obra podemos comentar un éxito literario, no es el éxito de esta, que conlleva la genialidad de su respectivo creador. Porque la obra es un producto autónomo y terminado, mientras que el individuo es infinito tanto en su multiplicidad como en su limitación. Quiero decir que adscribo a la teoría de que no se puede juzgar a un hombre por sus obras pues pueden ser peores o mejores. No voy a citar hoy varios casos para seguir discutiendo sobre el genio, voy a más bien concentrarme en uno que puede validar mis argumentaciones.

Uno de los genios literarios cuya obra no ha sido agraciada con la posteridad, es Edgar Allan Poe. Por supuesto, lanzando improperios me corregirán diciendo que la obra de Poe es inmortal, a lo que yo asentiré con una sonrisa y no poco desdén. No es la permanencia de Poe que discuto, sino que la noción de que la obra de Poe es meritoria de elogios encima de tantas otras. En realidad si uno la recorre, carece algo de chispa y es bastante seca. Lo que no evita que su influencia haya sido importante ni que se le considere padre de dos géneros literarios modernos.

Entonces me dirán que reivindico criterios historicistas, lo que no es cierto, solo señalo que vista desde dentro, la obra de Poe no se sostiene frente a “los grandes”. Se sostiene en una medida aceptable para nuestra estética, pero sería falso decir que esta calidad que lo inmortaliza. Si me hago el ingenuo y pretendo que no sé, lo único que me atrae de este gringo es que hace cuentos de miedo, menos malos que la mayoría de los recientes. Hay economía y dirección en Poe, que son dos de las razones menos estéticas del arte literario.

Ahora, quiero reivindicar realmente la figura del genio. Aunque requiere creatividad, fundar dos géneros (terror y detectives), no es muestra necesaria de lo que yo llamaría un genio. Es un comienzo excelente, pero es mejor crear y a la vez dominar los géneros propuestos. Recordemos finalmente que un texto solo “prueba” que uno ha sido el primero que ha escrito una idea, no el primero que la formuló, por lo tanto, la novedad como fórmula historicista del talento es engañosa. Podemos enunciar la grandeza de Poe en relación a estas dos creaciones, mas no en términos de su novedad. Nuestro gringo no creó dos géneros cualesquieras, ambos, por su estructura, son evidencia de la manera de pensar del tiempo en que Poe logró vivir. Los detectives y el terror, nos hablan de la sociedad alienada donde cualquier vecino se convierte en un criminal potencial, en un miedo que nos asecha. Poe utilizó su sensibilidad para trasponer las ideas de su tiempo en su obra, y este es el valor histórico (no la novedad), que podemos reivindicar.

Poe y su influencia son acaso más grandes que el contenido de su obra, lo que por sí mismo, lo acerca de manera peligrosa a la estatura de genio.

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