Unos cuantos hechos por demás…

23 Abr

Una de las típicas cuestiones de la literatura son los géneros literarios, que por tradición de la crítica se me figura obligatorio dedicarle algunas líneas a esta infructífera discusión.

Como suele ser con prácticamente todos los objetos de la realidad -y la ficción-, los géneros son cosas más fáciles de comprender que de explicar. La mayoría de las definiciones que se respeten van a sacar a la luz unos cuantos hechos por demás evidentes: Se trata de una herramienta de juicio convencional, entiéndase, no hay género si la gente no se pone de acuerdo en que puede haber género; podemos considerarlo un concepto que busca organizar y -por supuesto- dividir la literatura (dar cuenta de la útilidad de esta disección es cosa aparte); se acepta que los géneros no constituyen toda la práctica artística, más o menos por lo ya enunciado.

Usando solo esta información los géneros pueden construirse como una gráfica, en la cual se divide el total de la literatura y se le marca bajo distintos nombres, habrá sitios sin nombre o con varios nombres porque los géneros, según algunos, pueden cruzarse. Los apologistas de los géneros consideran que todo escrito es genérico, haciendo de cualquier experimentación un objeto nada menos que mal definido y borroso, pero delimitado de facto por esta división teórica que se quiere total. Lamento confesar que por su naturaleza convencional, el alcance de los géneros no puede ser universal, simplemente porque todos los textos no pertenecen al canon convencional. Se me discutirá entonces que el género es un valor intrínsico de cada obra y la convención viene después, yo me permito disentir de la manera siguiente:

¿Es válido hablar de género policial, de novela o comedia romántica? ¿Lírica o ensayo? Notará sin duda, mi ágil lector, la distinta esencia de los ejemplos que se tratan, no solo hablamos de forma sino también contenido e intención. La biografía sería un género y de algún modo, la autobiografía sería otro. Se me criticará tal vez, la aceptación de un criterio muy abierto en lo que al género refiere. Yo señalaré por mi parte que estoy fundamentalmente en contra de las divisiones gratuitas y sin útilidad, por lo menos hablar de comedia romántica esclarece puntos en una discusión con economía de lenguaje y ejemplos concretos. Si existieran géneros universales, no tendrían sentido ni utilidad, lo que sería, en todo lo que respecta a la práctica literaria, sinónimo de no existir.

Se me puede críticar de todos modos aceptar rápidamente el modo de género que la comunicación masiva nos ha avanzado. Los géneros clásicos del teatro y la poesía (pienso en la epopeya, el drama o la comedia), siguen siendo referentes literarios sin que su utilidad práctica pueda señalarse en la esfera de la lectura. Decir drama quiere decir mucho o muy poco. No quiere decir esta falta, que los géneros clásicos no remitieran a una verdadera práctica literaria de cierto tiempo, simplemente que remitir a esa práctica ha perdido su actualidad en lo útil. Entonces, si aceptamos que los géneros son convencionales, habría que imaginarlos convencionales en el tiempo. Los prácticas de géneros antiguos existirían solo como referencia a una época pasada y el estudio histórico, lo que les daría validez en cuanto a la historia literaria.

Otra interrogante legítima sería cuestionar si hay verdadera útilidad en los géneros que nos propone, por ejemplo, la crítica de cine. Las dichas películas de acción, las comedias románticas, los thrillers o los films de terror me parecen todas realidades legítimas de una práctica de producción y escritura concreta a la que puede remitirse. Pertenecen también a la manera más comercial y sobre expuesta del cine. Guardo la interrogante sobre sí hablar de cine comercial es idéntico a refererse a cine popular, pregunta análoga en la literatura y digna de reflexión.

Decía: Nos acercamos al cine de autor -y admitimos este término como un género-, cuando perseguimos la estimulación espiritual o cinéfila que nos puede proponer el séptimo arte. Y no obstante, el cine de cinéfilo podría ser otro género que no sería necesariamente el cine de autor, como la buena literatura no es necesariamente literatura para literatos.  A la vez entendemos que difícilmente este tipo de cine producirá fielmente una comedia romántica o una película de acción estilo hollywood. Por otro lado, es válido reconocer que el cine de terror contiene su versión comercial y desechable, como también la búsqueda de una verdadera estética.

Solo que el cine, al ser una industria millonaria, dictarse en salas y formatos predeterminados, tiene una facilidad para definir cuándo algo ya comienza a ser cine. Por supuesto, existen los cortosmetrajes, la documentación en video o el último éxito de youtube, existe análogamente la publicidad y la televisión que reconocen influencias del cine y a su vez actúan sobre este. La literatura de cierta manera no limita así su producción, tenemos libros de cocina y de horóscopos. Estos no son géneros literarios, también por convención, porque el género de cierta manera se hace con el libro y acompaña el sentido que habemos de darle.

Que estas dudas sirvan a comenzar a calentar motores para interrogarse que creemos de los géneros y si los géneros creen en nosotros.

https://otrasbentilaciones.wordpress.com/2011/04/16/alistarse/

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