No me gusta la adolescencia

22 Abr

Porque en serio ¿de qué adolece? O sea, ya de por sí la idea de una etapa intermedia bien definida entre la edad adulta y la infancia es una novedad indeseable y rastrera, pero además estamos tratando con una palabra peyorativa desde el origen. Mis masoquistas, ¿cuándo adolecer se considera algo bueno? Según entiendo, sugerir que uno va a ser un adolescente por diez años -o piadoseamente morir-, me parece una grosería no muy sutil.

Tal vez es una analogía política. Vamos a referirnos a un grupo de seudo-ciudadanos que sufrirán prejuicios laborales y serán vistos como inferiores intelectuales por años a venir. Aunque en ese caso los obreros deberían llamarse también adolescentes. Mi opinion personal es que si por lo menos adolescente tuviera el sentido de “trabajador” estaríamos en la analogía directa y la palabra amortiguaría su miseria. No obstante, aún sin pensar en el desatino del concepto, también la palabra misma es una merma.

Adolescencia. Como adosar, pegar algo encima de otra cosa, como una sugerencia tardía en una carpeta, una olvido, algo de segunda mano.  No tiene la levedad de “dolencia”, sino que en esencia, se nos estira grosera. Tiene una s seguida de una c como si el tipografo no se hubiera decidido a poner una sola letra y hubiera rellenado. Sce paresce a las haches de Cortáar, pero sin chiste -algo de adolescente tenía Cortázar ¿no?-. La persona que la tiene se reduce a un adolorido, pues sea varón o hembra lo hacemos simplemente adolescente. Que nos valga la distancia infinita entre sexos esos años ¿no? Francamente, esta idea de la carne que duele se me figura una intervención dental, a lo mejor por la salida de las vestigiales -y también desatinadamente nombradas- muelas del juicio. No por desviarnos del triste tema, pero no veo cómo esos dientes remiten al juicio, porque parece ser que la edad esta, se define por el dolor. El adolescente parece que desciende, que es less, que está ausente. Que es pues, tan solo gente.

Mas corta es la pubertad, y atinadamente por recorrer solo hasta la parte púbica del organismo. Es la libertad del púbis, o por lo menos, del pelo que a este corresponde. La edad en que se abre la puerta del pub. Al puberto se le salen los ojos del pubis, quiere anclarse en algún puerto. Lo voyeurista le llega así que el puber va a poder ver. La pubescencia es básicamente con lo que se forman los pub, nos recuerda tal vez al pus, y francamente no es bella palabra, parece que obligamos a pub y a escencia a pegarse contra su voluntad -perdimos la libertad que nos daba pubertad-. Otros vocablos, como núbil, nos recuerdan que el gesto no es vil, o que generamos bilis nueva, o que como las nubes vamos a cambiar de forma y parecernos a las fantasías de la gente. La nubilidad sería la habilidad de nublarse pensando en otra cosa. No se confunda con la vileza ni la novedad, el tipo ya estuvo con nosotros unos buenos diez años.

Luego está la mocedad y ser un mozo. Contrario al adolescente, el mozo se parece al gozo, y jugando con esta edad de amores quiere encontrar una her que lo encuentre hermoso, y la chica reconocerse toda su femineidad y volverse hermosa. Ha ganado efectivamente, mas edad. La dulzura como da ceda, la generosidad de aquel “dad”, hallo a esta palabra más bien buena. Ayuda también que las mocedades -gracias música-, se puedan hacer objetos de “cosas juveniles”, mientras que las adolescencias son muchos auch, las nubilidades parecen catálogo y las pubertades, son peludas. Para colmo de dicha, si uno se porta bien, el buen mozo es guapo.

Otra opción se nos presenta en juventud. Sin duda venturosa, jubilosa y llena de rectitud. El joven es jovial, dice ven a la risa, con ese sonidito gutural del cambio de voz. No es tan feliz juvenil, que nos dice que de jubilo nil, y parece como redil de chicos, o una invitación de que vengas menos agraciada. Malo que insista en que el joven y la joven sean iguales, quieren mezclarse pero no se parecen. El jovencito invita a salir a la jovencita.

El inglés, que a veces posee inspiraciones en geniales onomatopeyas y monosílabos estrictos, procede con la nada inspirada palabra compuesta teenager. Supongo que cualquier truco funciona para evitar adolescent, que el francés al menos disimula con jeunes que suena vagamente a juego y se asemeja -aunque ya de lejos-, a jaune, amarillo que nos recuerda a pollo. En efecto, las lenguas no tratan con cariño a esta edad compuesta que parece haber sido inventada literalmente para adolecer, triste destino.

Recomiendo pues, mantenerse alejado lo más posible de este penoso término despectivo y que se incline por el trato con mozos y se hable de juventud, no tanto de dolores internos y juiciosas muelas.

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