Alistarse

16 Abr

Hacer listas es una gran diversión de los que se quieren lectores, porque las listas han de saber, también son género literario. Y es que en colecciones de palabras y secuencias, objetos y discretos, de veras que no hay nada que se muestre más y que demuestre menos que una lista. Siempre habremos quienes tratemos de hacer que el género persista, y no me refiero en modo alguno, a ser sexista, sino el tema en cuestión, de notas en secuencia, ordenadas de vez en cuando.

En fin, me suponía pues, que así como hay preguntas fatigadas y sin sentido las cuales cada teórico literario renueva para matarlas otra vez, debe así mismo haber listas prodigosamente literarias que se repitan mucho entre las discusiones de sobre mesa intelectualillas. Así que guardando el tema de reflexión metatextual que caracteriza a la modernidad -y supongo, también a la post-modernidad, que es lo mismo-, voy a tratar de meditar en esta lista de listas.

Un primer elemento clásico para lectores y autores por igual es la ya mencionada lista de “mejores libros”, admitamos que está poco definida, pero siempre viene precisamente cuando se trata de hablar de “los clásicos”. Una lista igual de fundadora sería la análoga pero bien distinta “lista de tus libros favoritos”, que viene a ser lo mismo adaptado a la gente sensible que se siente intimidada por la “universalidad” de los clásicos, o apabullada por no haber leído “suficiente”. Odio la modestia, la repudio; encabeza la lista de los valores sociales que deploro.

Vamos pues, otro grupo de elementos ordenados, que contrario a los anteriores empieza a proponer algo de interés es un “grupo de autores sobre valorados”, esto posee una simplicidad genial. Hay personas -odiosas-, que dicen no poder explicar porque admiran o detestan un objeto, y aunque es una posición completamente válida desde el punto de vista humano, no es este tipo de personas con quien quieres entablar discusiones literarias. Es el equivalente de decir “no me gusta el deporte”, simplemente debe entenderse como algo que invalida el punto de la fantasía de hacer listas. Sobre la lista de autores sobre valorados, es importante porque dice más muchas veces el por qué algo no funciona que el por qué funciona, en realidad, el arte suele construir la ilusión de un todo y una armonía lo que logra hacer que no solo un objeto sea importante en el éxito. Tomemos al que dice amar la historia de un filme, sin tener que explicitar, sabemos que disfrutó también la manera en que la historia fue contada -que es lo mismo-. En fin, la lista de defectos es genial porque además habla perfectamente de la persona interpelada. Si tu me dices que amas puros libros bueno, al pedir razones, en realidad puedes decir cualquier cosa. Cuando atacas lo establecido las razones pueden ser más interesantes, o mostrar excusas y prejuicios.

Otra lista literaria que ha de rondar por ahí, son la lista de “Temas más tratados por la literatura”. No es tan enigmática y sorprendente porque de algún modo es una lista semi-objetiva, propone el problema insoluble de responder “qué es la literatura”, mas fuera de eso es un sencillo arte de contar. Lo que tal vez vuelva a esta lista interesante, es que los temas contenidos -entre los que supongo se hallan el amor, la muerte, la búsqueda de la identidad y el crimen-, de cierta manera van a ser la espectativa de cualquier libro. Es fácil listar sin desatino, los temas tratados por la literatura “literaria” y la popular, pues difieren en tal punto de modo grosero.

Las listas imposibles también son ejercicios alegres, tengo en buena estima aquella que parte de un principio paradoxal como “lista de los libros más olvidables que has leído”, ¿cómo hacer una lista de algo que has olvidado? Supongo que con mucho órden e irreflexivamente, no obstante, cuando sabes cuál libro olvidas más, ¿no terminas por recordarlo por ese mérito? Voy a asumir que la lista se admite inválida si tan solo has leído un libro, o la construyes en casos similares que quitan el vértigo y encanto a su principio.

Queremos usar de vez en cuando un análisis con listas. Basta dividir tal o cual objeto en sus valores importantes, y listarlos como si la lista misma fuera un elemento constitutivo de nuestro asunto. Diríamos: Historia relatada, estilo y personajes, es lo que constituye a una narración. Haríamos lo mismo con todos los valores que hacen a un texto literario y nos justificaríamos colocando cada excepción en el lugar que mejor quede de la lista. El riesgo es conocido: Crear divisiones inexistentes o irrelevantes por afán de simetría. La lista es así, uno de sus valores estéticos es el número, la proporción entre el eje vertical y horizontal de su texto. No sería extraño elegir la lista de los “10 mejores libros de todos los tiempos”, aunque sea posible el caso de que solo haya 5 tomos merecedores de esa gracia.

Nos gustan las listas por ser bellas, son discursos que perseguimos con admiración y repetimos como una memotecnia feliz. Una cosa dicha en lista, parece importar más. No es vano que ciertos poemas tomen la forma de lista.

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