Hay muchos dilemas literarios…

11 Abr

Hay muchos dilemas literarios que pueden ignorarse voluntariamente pues se inscriben en una tradición del lenguaje y no en una realidad. Parte del ingenio de un autor consiste en doblar las tradiciones sin romper el lenguaje, para ese fin debe tener un buen conocimiento de la palabra y usarla con habilidad. Nunca se ha exigido que los escritores rompan reglas, aunque se aprecie las novedades que introducen hábilmente.

Mas nadie, por poco experimental que sea, puede evitar lo real del lenguaje. Una de esas realidades evidentemente, es lo que se llama idioma.

Es legítimo interrogarse de vez en cuando sobre si el lenguaje es una verdadera elección. Definitivamente hay una realidad que repercute cuando escribimos en un idioma particular, entre la difusión y la calidad de las traducciones que circularán de cierto trabajo -note usted mi inevitable optimismo sobre el éxito del texto, que será traducido y recibirá difusión-. Los idiomas poseen reglas diferentes y permiten efectos distintos, diferentes economías del lenguaje. Parte del ingenio de un autor consiste en un buen conocimiento de la palabra, diferentes lenguas son diferentes conocimientos. Y el escritor no es ningún hechicero, estas cosas aunque son intangibles, son aprendidas.

Convencionalmente se escribe en su lengua materna, la primera que se aprende y se desarrolla. Se puede que varias lenguas compitan, o compartan por un mejor dominio a la hora de escribir, mas no se trata de una decisión posterior al deseo literario. Conocemos la lengua antes que a la literatura, por fortuna. Ante tal evidencia la elección de nuestro idioma queda arrojado al portentoso azar, erigiéndose como una barrera que definirá nuestro porvenir literario.

No es incorrecto reconocer que hay una política de la literatura. Los idiomas, por su historia y su abundancia poseen verdaderas jerarquías. Es legítimo notar la precedencia del idioma inglés en los panteones literarios, especialmente en lo que refiere a la influencia de Inglaterra. En el siglo XIX el privilegio de lectura se debatía entre el francés y el alemán, idiomas que nos trajeron grandes pensadores. Hay una relación entre la literatura y la coincidencia de su espacio con otras obras de calidad. Aqui interviene la tradición. En Estados Unidos existe una literatura afroaméricana con una identidad y tradición definida, a su vez el sistema de influencias entre este país e Inglaterra no puede transformarse directamente. Canada es un país dotado del inglés, mas su literatura no predomina en la política de difusión. Al referirnos al canon literario, también veremos grandes desigualdades de la representación -aunque se admitan arbitrarias-. La elección de un idioma envía a muchas realidades exteriores a la lengua misma y su manejo, sobre las cuales se puede reflexionar.

Tanto más grosera debe parecer esta evidencia, cuando se considera internet como un medio de comunicación masivo. Un número relevante de sitios se difunde en inglés bajo el simple principio de que alcanza un mayor público. Esto nos interpela de nuevo al interrogarnos sobre la idea de una producción fuera de la lengua materna, algo que seguramente suele encontrarse en medios creativos como la publicidad y el cine. No se puede mirar a la literatura con los mismos ojos que se hacía el siglo pasado. Lo que no quiere decir que las lenguas maternas tienen razón de temer.

Es muy distinto desarrollar un idioma al nivel de la comprensión que a su cima para la producción literaria. Algunos autores, como Rilke, han efectuado trabajos en más de una lengua sin que el uso sea realmente indistinto. La opción de producir en varios idiomas se presenta aunque no se trate de un método irreflexivo. No hay reglas fijas en la literatura y difícilmente las habrá en temas que realmente comprometen la calidad o por lo menos el estilo del escrito en cuestión. Porque aunque un autor dominase perfectamente dos idiomas -pienso en verdaderos bilingües como pueden encontrarse en regiones como Cataluña-, la producción original se ejecuta solo una ocasión. La traducción es un objeto distinto que el original, incluso si es mejor.

La incapacidad de usarse en cualquier situación suele ser característica de todos los trucos literarios. Para escribir en dos idiomas debe tenerse algún dominio de ambos. No se espera que un autor escriba en una lengua “que no le corresponde”, como cualquier otra función de estilo, no produce ningún efecto por sí sola. Sin embargo por sí misma cambia bastantes valores, desde la gramática misma hasta la pertenencia a una tradición literaria. O tal vez no lo hace ¿verdad? Porque la asociación geográfica de una tradición literaria no va de la mano con una simple transformación de idiomas. Este elemento vacío, esta escritura que no responde a un objeto particular de la realidad, es un símbolo bastante rico que aunque no se practique realmente, nos debe poner a pensar. Cortazar vivió y escribió en Paris al grado de poner en duda la validez de su posición como autor realmente argentino. No obstante conservó su idioma.

La relación de un autor y la lengua en la que escribe es acaso, tan importante como el espacio donde ha vivido. Y si puede separarse del puro azar, es un elemento bastante fuerte que podemos tener a la mano.

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